Robaron cinco caballos de polo en Yanda y los rescataron tras una larga búsqueda

  • Delincuentes sustrajeron cinco caballos de polo de una finca en Yanda, en el barrio privado Santa Celestina (km 1119), en Santiago del Estero.
  • Propietarios y peones siguieron las huellas de las herraduras durante más de ocho kilómetros hasta el barrio Belén, detrás del cementerio La Piedad.
  • Los animales fueron hallados ocultos en una vivienda, uno de ellos camuflado bajo el plástico de una vieja pileta, y se sospecha que iban a ser faenados.
  • La causa por abigeato quedó en manos de la fiscalía, con un sospechoso identificado que tendría antecedentes por robo de equinos.

Robo de caballos de polo

El robo de cinco caballos de polo de alto valor desató una intensa búsqueda que mantuvo en vilo a propietarios, peones y fuerzas de seguridad en la ciudad de Santiago del Estero. Lo que empezó como una sospecha a primera hora de la mañana en una finca de Yanda terminó horas después en el barrio Belén, donde los animales fueron localizados en una vivienda particular.

Lejos de tratarse de un simple hurto, el caso destapó indicios de faena clandestina y abigeato organizado, casos que suelen terminar en la venta ilegal de caballos, con un recorrido que unió el sur y el norte de la capital santiagueña y puso de manifiesto la vulnerabilidad de los criadores de caballos deportivos de alto rendimiento.

El robo en la finca Santa María: cinco yeguas de polo desaparecen

Todo se inició poco antes de las 8 de la mañana en la finca Santa María, en la localidad de Yanda, donde el propietario, un hombre de 41 años, advirtió que faltaban cinco caballos de polo de sus corrales. El predio está situado en el kilómetro 1119, dentro del barrio privado Santa Celestina, una zona dedicada en gran parte a la cría de equinos deportivos.

Según la denuncia presentada en la Comisaría Comunitaria N.º 61, personas desconocidas habrían ingresado al establecimiento durante la noche o de madrugada y sustraído los animales sin dejar señales evidentes de violencia en las instalaciones, lo que hace pensar en un accionar rápido y planificado.

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Los caballos sustraídos eran cinco yeguas de polo de pelajes variados: tres tostadas, una negra con la cara blanca y otra de color colorado oscuro. Además de su valor afectivo y deportivo, las primeras estimaciones económicas situaron el perjuicio en una cifra cercana a los 30.000 dólares.

El dueño detalló ante la policía que las yeguas estaban identificadas mediante tecnología de rastreo por chip satelital, lo que permitía conocer en tiempo real la ubicación aproximada de los animales. Esa información, sumada a las huellas físicas en los caminos rurales, resultó clave para orientar la búsqueda.

La causa fue caratulada como supuesto delito de abigeato, con intervención del Ministerio Público Fiscal, y se dio aviso al fiscal de turno para coordinar las primeras medidas de investigación.

Operativo por robo de caballos de polo

Ocho kilómetros de rastreo siguiendo huellas y datos vecinales

Lejos de quedarse de brazos cruzados, los propietarios y trabajadores rurales decidieron salir de inmediato en busca de los animales, guiándose por las huellas de las herraduras marcadas en los caminos, tal como muestran otros caballos rescatados en operativos de rehabilitación y apoyo ciudadano. Formaron un grupo de rastreo que comenzó a caminar desde Yanda hacia la zona norte de la ciudad.

Durante cerca de dos horas recorrieron diferentes tramos: atravesaron sectores próximos a una chimenea muy conocida en la zona, bordearon la Avenida de Circunvalación y se internaron por caminos vecinales, siempre siguiendo las marcas dejadas por los cascos de los caballos y las indicaciones que iban recibiendo por el camino.

En ese trayecto, los damnificados se apoyaron también en “dateros” y vecinos que aportaron información sobre movimientos sospechosos, incluso señalando áreas consideradas peligrosas por la presencia de grupos dedicados a la faena y venta ilegal de carne. La caminata superó los ocho kilómetros hasta enlazar el sur y el norte de la capital.

El rastro terminó llevando a los buscadores hasta la zona posterior al cementerio La Piedad, en el barrio Belén, un área urbana donde convergen viviendas particulares y descampados utilizados en ocasiones para actividades clandestinas. Para este punto del recorrido, ya se contaba con la compañía de efectivos policiales que se sumaron al operativo.

Durante la búsqueda, en un sector de monte, el grupo se topó con vísceras y huesos de otros animales, presuntamente restos de faena. Ese hallazgo encendió las alarmas y reforzó el temor de que las yeguas de polo estuvieran destinadas al sacrificio para su posterior comercialización como carne por kilo.

El hallazgo en barrio Belén: caballos ocultos bajo un plástico

Con la pista cada vez más precisa, los damnificados y la policía llegaron hasta una vivienda del barrio Belén señalada por distintos testimonios como posible lugar donde habrían llevado a los caballos robados. Al golpear la puerta, fueron recibidos por una mujer que intentó desviar la atención con respuestas evasivas.

Entre frases como “aquí no hay nada”, “pregunten en otro lado” o “mi marido no está”, la dueña de casa trató de negar cualquier relación con el hecho. Sin embargo, los presentes no bajaron la guardia y comenzaron a observar con detenimiento el patio y los alrededores de la vivienda.

Fue entonces cuando uno de los visitantes reparó en un detalle que lo cambió todo: bajo el plástico de una vieja pileta de lona, algo se movía de manera extraña. Al fijarse mejor, pudo ver la cola de una yegua asomando por debajo de la cobertura improvisada, lo que confirmaba que los animales estaban allí, escondidos para evitar que fueran vistos desde el exterior.

Ante ese hallazgo contundente, se dio aviso inmediato al fiscal de turno, Miguel Ángel Torresi, quien ordenó asegurar el lugar y dispuso la presencia de más patrulleros, dado el clima tenso que se vivía en el barrio y la posibilidad de que se generaran incidentes.

Con la llegada de más efectivos, se procedió a verificar el interior de la propiedad, donde se constató que los cinco caballos de polo robados se encontraban en el predio. Algunos estaban en el patio, mientras que otros habían sido ocultados entre objetos y coberturas plásticas para complicar su detección.

Operativo de rescate y sospechas de faena clandestina

Una vez confirmada la presencia de los animales, la policía gestionó en cuestión de minutos un tráiler para el traslado de los caballos. Según fuentes del operativo, en menos de media hora se consiguió el vehículo y se organizaron las tareas para cargar a los equinos de la forma más rápida y segura posible.

Entre policías, propietarios y baqueanos con experiencia en manejo de caballos, el grupo logró subir a los cinco ejemplares al tráiler en unos diez minutos. Se reforzaron las medidas de seguridad durante el transporte, con el objetivo de evitar cualquier intento de fuga o interferencia mientras los animales eran llevados de regreso a la finca Santa María.

El alivio por recuperar a los caballos vino acompañado de una preocupación evidente: los restos de vísceras y huesos hallados previamente en el monte, junto con el modo en que fueron ocultadas las yeguas, alimentaron la hipótesis de que el destino final de los animales era la faena clandestina y la posterior venta de carne, posiblemente mezclada con otras especies para eludir controles.

Los investigadores no descartan que la vivienda de Belén forme parte de una red dedicada al abigeato y sacrificio ilegal de animales, especialmente equinos de alto valor que pueden ser robados en fincas rurales y trasladados rápidamente a la ciudad para su despiece y comercialización en circuitos informales.

Tras la recuperación de los caballos, representantes legales de los damnificados habrían iniciado acciones contra el propietario de la vivienda donde se encontraron los animales. De acuerdo con los datos recabados, el sospechoso tendría antecedentes y experiencia en el llamado “bajo mundo” de los cuatreros, con especial predilección por el robo de caballos.

Investigación en marcha y preocupación entre criadores

La causa quedó en manos del Ministerio Público Fiscal, con la intervención del fiscal Miguel Ángel Torresi, quien ordenó distintas diligencias destinadas a esclarecer el rol de cada uno de los implicados y a determinar si se trató de un hecho aislado o de una organización con estructura estable.

Desde el ámbito judicial se deslizó que podrían llevarse a cabo allanamientos en el barrio Belén y en otros puntos vinculados al sospechoso principal, en busca de elementos que confirmen la existencia de un circuito de robo y faena de animales de alto valor económico, como ya ocurrió en casos de rescate durante un allanamiento.

La investigación también tendrá en cuenta los datos del sistema de geolocalización integrado en los chips de las yeguas, lo que podría aportar un registro detallado de los movimientos de los caballos desde el momento del robo hasta su localización, ayudando a reconstruir el recorrido y a identificar posibles cómplices.

El episodio generó inquietud entre criadores y propietarios de caballos deportivos de la región, que ven en este caso una señal de alarma sobre la inseguridad en zonas rurales y periurbanas. Muchos de ellos han comenzado a plantearse refuerzos en sus sistemas de vigilancia, cerramientos y controles de acceso, así como una mayor coordinación con las fuerzas de seguridad.

Más allá de que en esta ocasión los cinco caballos de polo pudieron ser rescatados sanos y salvos, el caso dejó al descubierto la vulnerabilidad de animales de alto valor frente a bandas especializadas en abigeato, y abrió el debate sobre la necesidad de políticas más firmes de control, trazabilidad y castigo efectivo para quienes participan en este tipo de delitos.

Lo ocurrido entre Yanda y el barrio Belén, con una caminata de más de ocho kilómetros siguiendo huellas, datos de vecinos y señales tecnológicas hasta dar con los caballos ocultos, se ha convertido en un ejemplo claro de cómo la combinación de reacción rápida de los dueños, colaboración ciudadana e intervención policial y judicial puede evitar que animales de gran valor terminen en mataderos clandestinos, aunque también evidencia que el problema del robo de equinos sigue muy presente en la región.