La madrugada en Fisherton, un barrio de la zona oeste de Rosario, dejó una escena tan inesperada como inquietante: cinco caballos utilizados para equinoterapia desaparecieron del predio de RaÃces Ecuestres, un centro que trabaja a diario con personas con discapacidad y otras dificultades motoras o neurológicas. El susto fue enorme, porque esos animales no son simples equinos, sino una parte esencial del tratamiento de decenas de familias.
Tras varias horas de angustia, la historia dio un giro más amable. Gracias a la rápida reacción del equipo profesional, la difusión en redes sociales y un operativo conjunto de la Brigada Ecológica, la Agrupación PUMA y la subcomisarÃa 22ª, los caballos aparecieron atados y en relativo buen estado a unas 20 cuadras del lugar. Aun asÃ, el golpe para el proyecto fue fuerte: el material de trabajo especializado, como monturas adaptadas y elementos didácticos, prácticamente desapareció.
Un robo de madrugada que paralizó la equinoterapia
El hecho se produjo cerca de las 4.30 de la madrugada, cuando los ladrones destrabaron la tranquera del predio ubicado en Amuchastegui al 1300, en la conocida Estancia o Club de Campo MarÃa Antonia, en Fisherton. Según el relato del equipo de RaÃces Ecuestres, tres delincuentes montaron a parte de los caballos y escaparon, mientras que otros animales, muy mansos por su entrenamiento terapéutico, los siguieron sin resistencia.
El robo se descubrió alrededor de las 7.30, cuando el peticero llegó para alimentar a los animales y encontró los corrales abiertos, los boxes vacÃos y el monturero saqueado. El aviso al resto del equipo fue inmediato y, en cuestión de minutos, se dio intervención a la PolicÃa, que acudió al lugar y comenzó el rastreo de huellas y pisadas en los alrededores.
La descripción de una de las yeguas, conocida como Rubia, de pelaje blanco y ojos muy llamativos, resultó determinante. Un vecino la reconoció en la zona cercana al Jockey Club de Rosario, detrás del barrio Gráfico, y dio aviso a las fuerzas de seguridad, lo que permitió acotar de forma rápida el área de búsqueda.

Mientras tanto, desde el primer momento la comunidad de RaÃces Ecuestres se movilizó. Familias, profesionales y vecinos difundieron la desaparición de los caballos por redes sociales y grupos de mensajerÃa, lo que multiplicó los ojos atentos en la zona. Esa alerta ciudadana, sumada a la actuación policial, fue clave para que los animales no llegaran más lejos ni sufrieran otro tipo de destino, como la faena.
En paralelo al rastreo fÃsico, los responsables del predio ya empezaban a asumir que el material de trabajo especializado –monturas, cabezadas, riendas y juguetes terapéuticos– podÃa no reaparecer con la misma suerte que los caballos, dado su valor económico y la facilidad para revender parte de ese equipamiento.
Asà encontraron a los caballos robados

Una vez recibida la alerta sobre la presencia de Rubia en las cercanÃas del Jockey Club, la Brigada Ecológica, la Agrupación PUMA y la subcomisarÃa 22ª organizaron un operativo conjunto. Siguiendo las huellas que, en un primer momento, parecÃan dirigirse incluso hacia otros municipios como Funes, los efectivos y miembros de la asociación fueron rastreando paso a paso el recorrido de los animales.
Finalmente, los caballos –entre ellos Matilda, Rubia, Longo, Mary Jane y Batata– fueron localizados a unas 20 cuadras del lugar de origen, en la zona de barrio Gráfico y junto a unos campos cercanos a Barrio Tango. Algunos estaban atados y otros sueltos en un descampado, visiblemente asustados pero sin signos de golpes ni heridas graves.
Los profesionales reconocieron que el traslado de regreso no fue sencillo. Los animales estaban nerviosos, en claro estado de estrés tras varias horas fuera de su entorno habitual y rodeados de desconocidos. Sin embargo, gracias a su docilidad y al vÃnculo que mantienen con el personal de RaÃces Ecuestres, pudieron ser guiados de vuelta al predio sin mayores complicaciones.
La alegrÃa en el momento del reencuentro fue evidente: muchos de los integrantes de la asociación, asà como familias usuarias, se acercaron al lugar para ver llegar a los caballos. El alivio fue doble: por un lado, se evitó la pérdida irreparable de animales con años de entrenamiento; por otro, se protegió el corazón de un proyecto terapéutico que sostiene a decenas de pacientes.
La hipótesis policial apunta a que, además de abrir corrales y tranqueras, los delincuentes utilizaron un vehÃculo para trasladar parte del material robado, dado el volumen y el peso de las monturas y otros elementos. En el caso de los caballos, todo indica que pretendÃan sacarlos progresivamente o encontrar una salida segura hacia rutas o caminos rurales, operación que no llegó a completarse gracias al rápido despliegue de búsqueda.
Un centro de equinoterapia clave para personas con discapacidad

RaÃces Ecuestres funciona en Fisherton, en un predio de la Estancia MarÃa Antonia, y se ha consolidado como un referente en equinoterapia y salud integral, recreación y deporte inclusivo en la zona. Allà trabajan alrededor de 20 profesionales de la salud, la educación y el ámbito ecuestre, entre kinesiólogos, acompañantes terapéuticos, docentes, especialistas en discapacidad y personal de campo.
El centro atiende a entre 40 y 80 familias, con pacientes que van desde bebés de pocos meses hasta personas de más de 70 u 80 años. La mayorÃa son personas con discapacidad motora, del espectro autista y trastornos neurológicos, aunque también acuden usuarios que buscan una forma diferente de vincularse con la naturaleza y los animales.
Las profesionales que integran el equipo destacan que los caballos forman parte del núcleo del tratamiento, no son un recurso accesorio. Cada animal requiere entre un año y medio y dos años de adiestramiento especÃfico para ser utilizado de manera segura en sesiones terapéuticas, adaptándose a distintos tipos de necesidades fÃsicas y sensoriales.
La kinesióloga responsable del espacio, con más de dos décadas de experiencia, explica que la equinoterapia aprovecha el movimiento tridimensional del caballo, su calor corporal y su ritmo para estimular el sistema nervioso y la musculatura del jinete. A esto se suma el componente emocional: la relación con un ser vivo de gran tamaño, que responde de forma calma y predecible, ayuda a trabajar aspectos como la autoestima, la comunicación y la regulación del ánimo.
Impacto del robo: sin monturas adaptadas no hay sesiones
Si bien la recuperación de los cinco caballos fue un enorme alivio, el robo dejó un problema inmediato: la desaparición de al menos nueve monturas, muchas de ellas adaptadas a distintos tipos de discapacidad, además de cabezadas, riendas, cascos, botas, juguetes y material didáctico empleado en las sesiones.
Las monturas de equinoterapia no son sillines comunes. Cada pieza se confecciona a medida y se va modificando según la evolución y las necesidades posturales de quien la utiliza. Para conocer más sobre el equipamiento para montar a caballo, es fundamental entender que algunas llevan sistemas de sujeción adicionales, agarraderas especiales o estribos de seguridad que evitan caÃdas y permiten colocar correctamente los pies de usuarios con movilidad reducida.
El equipo de RaÃces Ecuestres subraya que adaptar una montura puede llevar meses de trabajo y supone un coste elevado, tanto por los materiales como por la mano de obra especializada. La pérdida de ese equipamiento no solo es económica: dificulta el reinicio de las terapias con normalidad, porque no basta con conseguir cualquier silla de montar convencional.
Por ese motivo, tras el hallazgo de los caballos, muchas actividades quedaron total o parcialmente suspendidas. Algunas sesiones tuvieron que posponerse y otras replantearse sin varios de los apoyos habituales, priorizando siempre la seguridad de los usuarios. En el caso de pacientes con gran dependencia fÃsica, la falta de una montura adecuada implica, directamente, no poder subir al caballo.
Las familias, muy vinculadas al dÃa a dÃa del centro, advirtieron que si los caballos no hubiesen aparecido, la continuidad del proyecto se habrÃa visto seriamente amenazada. Aun con los animales sanos y salvos, la desaparición del monturero completo obliga ahora a una reconstrucción casi desde cero del equipamiento básico para trabajar.
Además, la situación generó un desgaste emocional evidente. Las profesionales relatan que los caballos son, para muchos usuarios, una figura de seguridad y confianza; perderlos, incluso temporalmente, supone un golpe para quienes han tardado meses o años en establecer ese vÃnculo. De ahà que la comunicación con las familias haya sido constante, explicando paso a paso qué ocurrÃa y cómo se iba reorganizando la actividad.
Colaboración ciudadana, donaciones y refuerzo de la seguridad
En medio del mal trago, la historia dejó también espacio para gestos de apoyo. Mientras continuaba la búsqueda del material robado, un oyente de una emisora local se puso en contacto con la radio para donar cinco monturas nuevas a la asociación, con el objetivo de que niños y adultos pudieran retomar cuanto antes sus clases de equinoterapia.
La kinesióloga al frente de RaÃces Ecuestres reconoció que la cascada de emociones fue intensa: de la angustia inicial a la alegrÃa por encontrar a los caballos y luego a la sorpresa por la solidaridad recibida. Aunque este aporte no sustituye por completo el equipo adaptado perdido, representa un alivio para cubrir al menos parte de las necesidades más urgentes.
Al mismo tiempo, la organización empezó a recibir llamadas y mensajes de números desconocidos que pedÃan dinero a cambio de devolver las monturas. Desde el centro se aclaró que estas extorsiones no han dado resultado y que cualquier intento de recuperación del material se canaliza exclusivamente a través de la PolicÃa y las autoridades pertinentes, sin aceptar tratos informales.
Tras lo ocurrido, los responsables del predio anunciaron que estudiarán medidas para reforzar la seguridad del recinto: mejoras en cerramientos, sistemas de alarma, iluminación y protocolos internos para detectar rápidamente cualquier movimiento extraño durante la noche. El objetivo es reducir al mÃnimo el riesgo de que un episodio similar vuelva a repetirse.
RaÃces Ecuestres mantiene activo un pedido de colaboración ciudadana para localizar las monturas y elementos especÃficos que aún no han sido hallados. Quien tenga información puede dirigirse a los canales oficiales de la institución, como su cuenta de Instagram, o ponerse en contacto con las fuerzas de seguridad que llevan el caso, evitando gestionar de forma particular cualquier ofrecimiento sospechoso.
La experiencia ha puesto de manifiesto hasta qué punto un centro de equinoterapia depende de un equilibrio muy delicado entre animales bien entrenados, equipamiento adaptado y apoyo comunitario. En Fisherton, la rápida respuesta colectiva permitió salvar a los caballos, pero el trabajo para recomponer el dÃa a dÃa terapéutico todavÃa continúa, con sesiones reprogramadas, nuevo material por conseguir y mucha energÃa volcada en que las personas usuarias noten lo menos posible el impacto de este robo.
Lo sucedido en RaÃces Ecuestres ha servido también para visibilizar la importancia que tiene la equinoterapia en barrios como Fisherton y, por extensión, en cualquier comunidad que cuente con este tipo de recursos. El caso deja claro que un ataque a los caballos y a su equipamiento no es solo un delito contra la propiedad, sino un golpe directo a la red de apoyos que sostienen la autonomÃa y el bienestar de personas con discapacidad, y refuerza la idea de que proteger estos espacios es una tarea compartida entre instituciones, autoridades y ciudadanÃa.

