El nombre de Premier Galop estÔ grabado a fuego en la memoria de los aficionados al turf español, especialmente de quienes han vibrado en las tribunas del Hipódromo de La Zarzuela. Su dominio en la pista madrileña, coronado con una actuación antológica en el Gran Premio de Madrid, ha convertido a este caballo en uno de los grandes referentes contemporÔneos de las carreras de fondo en España y en la referencia natural cuando se habla del ambiente de las grandes jornadas, como la que acoge el Premio Premier Galop en La Zarzuela.
En paralelo, la tradición del hipódromo madrileño y de sus grandes citas no se entiende sin la historia de propietarios legendarios como el conde de la Cimera, auténtico pilar del turf nacional durante las primeras décadas del siglo XX. Sus caballos marcaron una época en el Gran Premio de Madrid y en otras pruebas señeras, creando un linaje deportivo que hoy se recuerda, entre otras cosas, a través de carreras como el Premio Cimera, heredero de la antigua Prueba de Productos Nacionales. Todo ese bagaje deportivo, histórico y emocional sirve de telón de fondo para entender la dimensión que ha alcanzado el Premio Premier Galop en el Hipódromo de La Zarzuela.
Premier Galop y su exhibición en el Gran Premio de Madrid
La victoria de Premier Galop en el Gran Premio de Madrid se recuerda como una de esas carreras que cambian la percepción de un caballo y de una generación entera. Defendiendo los colores de la cuadra ZurraquĆn y con la monta del jockey francĆ©s Hureau, Premier Galop se impuso con una superioridad abrumadora, cruzando la meta con casi seis cuerpos de ventaja sobre sus rivales mĆ”s directos, Palamoss y Midnight Beauty, que tuvieron que jugarse la segunda plaza en un ajustado foto-finish.
Desde el primer paso por la meta, la carrera tuvo un claro animador en Bannaby, que se puso en punta para marcar un ritmo selectivo. Sin embargo, el esfuerzo le pasó factura y se vino abajo en la famosa recta de Llorente. Fue entonces cuando Erisio tomó el relevo al frente del pelotón, una maniobra que acabó resultando fatal para sus intereses, repitiendo el guion de lo que ya le habĆa sucedido en el Derby. El desgaste fue excesivo y Erisio terminó hundido, entrando penĆŗltimo, a una distancia sideral de mĆ”s de treinta cuerpos respecto al ganador.
El momento clave de la prueba se produjo en la Curva de El Pardo, uno de los tramos mĆ”s estratĆ©gicos del recorrido madrileƱo. A mitad de giro comenzó la progresión de Premier Galop, que se desplazó con elegancia hasta colocarse segundo. Justo detrĆ”s se situó Palamoss, mientras que Midnight Beauty se sumaba al grupo de cabeza. En ese punto, los tres favoritos ya se habĆan destacado, pero la sensación visual era que Premier Galop viajaba con un motor extra, esperando simplemente el momento de lanzar su ataque definitivo.
Al desembocar en la recta final, Premier Galop encendió lo que muchos aficionados describieron como su āsexta marchaā. Se despegó con tal facilidad que dio la impresión de despedirse de sus rivales sin ofrecer opción a rĆ©plica. Ni siquiera fue necesario recurrir al lĆ”tigo: Hureau apenas tuvo que acompaƱar la acción del caballo con las manos, dejando que su clase natural hiciera el resto. Palamoss defendió con solvencia la segunda posición, confirmĆ”ndose como el mejor caballo veterano en EspaƱa, pero sin dar nunca la impresión de poder inquietar al vencedor. Midnight Beauty completó el trĆo sin deslucir, pero claramente superado.
En contraste, otros aspirantes importantes tuvieron un papel discreto. Hasayaz, del que se esperaba una actuación mucho mĆ”s sólida, no llegó a colmar las expectativas y se vio relegado, mientras que Baldoria cumplió dignamente, asegurando una meritoria cuarta plaza en un lote de mĆ”ximo nivel. Una vez mĆ”s, la generación de tres aƱos demostró tener la llave de las grandes pruebas de fondo en nuestro paĆs, imponiĆ©ndose con autoridad a los ejemplares mĆ”s veteranos.
Con este triunfo, Premier Galop aƱadió el Gran Premio de Madrid a su victoria previa en el Derby, completando un doblete histórico que solo ocho caballos habĆan logrado antes en toda la historia del turf espaƱol. Su siguiente gran reto marcado en el calendario era la prestigiosa Copa de Oro de San SebastiĆ”n, la tercera pata de una codiciada Triple Corona nacional que Ćŗnicamente ha conseguido un caballo: Akelarre, en 1990. La propia mención de esa posibilidad colocaba a Premier Galop en la conversación de los grandes mitos del turf moderno.
El contexto deportivo: campaƱas y carreras en La Zarzuela
Para entender la importancia de una prueba como el Premio Premier Galop en La Zarzuela, conviene fijarse tambiĆ©n en cómo se construyen las campaƱas de los caballos que compiten en Madrid. El Hipódromo de La Zarzuela ofrece un programa variado, sobre hierba y sobre arena, con distancias que van desde el esprint puro hasta el fondo clĆ”sico, y con categorĆas de distinta relevancia que marcan la progresión de los pura sangre.
Un buen ejemplo de trayectoria en La Zarzuela lo encontramos en caballos que han alternado pruebas de CrĆa Nacional, grandes premios y carreras de menor dotación, combinando experiencia y objetivos a medio plazo. En el calendario figuran citas en hierba como el Premio CrĆa Nacional ā Number One (1.800 metros), pruebas de categorĆa C o D, y clĆ”sicos como el Gran Premio Nacional (2.200 metros), que sirven de antesala a retos mayores. Este tipo de carreras permiten evaluar la adaptación a la pista, la resistencia, el cambio de ritmo y la competitividad frente a lotes de distinto nivel.
También es habitual que algunos ejemplares pasen por la pista de arena de La Zarzuela, como sucede en el Premio José Luis Balcones (1.650 metros), donde se mide su comportamiento en un terreno diferente, con ritmos a menudo mÔs sostenidos y estrategias de carrera algo distintas a las de la hierba. La combinación de ambos tipos de superficie es clave para preparar caballos versÔtiles, capaces de responder ante distintos escenarios tÔcticos.
Si se revisa el historial tĆpico de un pura sangre que compite de forma regular en EspaƱa, se observa una sucesión de posiciones variables: desde triunfos destacados hasta actuaciones discretas fuera del dinero. Por ejemplo, un mismo caballo puede haber ganado un Premio CrĆa Nacional ā Colindres (1.800 metros, pista blanda) con 60 kilos a favor, cobrar colocaciones en pruebas como la Copa de Criadores (1.500 metros) o el Premio Sherman (1.600 metros), y verse mĆ”s exigido en carreras de mĆ”ximo nivel como el Gran Premio Nacional, donde solo unos pocos logran mantener el tipo.
Estos resultados, con plazas que van desde primeros hasta undĆ©cimos puestos, ilustran cómo el turf es un deporte de regularidad y adaptación. No todos los caballos estĆ”n hechos para brillar en las grandes jornadas, pero muchos construyen campaƱas meritorias sumando colocaciones que sostienen económicamente a las cuadras. El Premio Premier Galop se inserta en ese ecosistema competitivo como una cita de referencia en La Zarzuela, donde se juntan ejemplares probados en diversas distancias, terrenos y categorĆas, lo que aƱade picante a los pronósticos y a la lectura de la carrera.
El conde de la Cimera: un pilar histórico del turf español
La historia del Hipódromo de La Zarzuela y de sus grandes premios estĆ” Ćntimamente ligada a la figura de ValentĆn, V conde de la Cimera, uno de los personajes mĆ”s influyentes y carismĆ”ticos del turf nacional. Nacido en el distrito madrileƱo de Buenavista el 2 de julio de 1874, su nombre completo āValentĆn, Mariano de la Visitación, Juan Bautista, Ramón, Modesto, MenĆ©ndez y San Juanā ya deja entrever la dimensión aristocrĆ”tica del personaje. En 1903 heredó el tĆtulo por el que ha pasado a la posteridad, y desde entonces su vida combinó responsabilidades polĆticas, sociales y deportivas.
En el terreno institucional, el conde de la Cimera fue miembro fundador del ComitĆ© OlĆmpico EspaƱol en noviembre de 1912, lo que demuestra su implicación en el desarrollo del deporte en nuestro paĆs mĆ”s allĆ” de las carreras. PolĆticamente adscrito al partido liberal-conservador, fue senador por la provincia de Huelva entre 1914 y 1915 en las Cortes de la Restauración. AdemĆ”s, ocupó cargos de relevancia como la presidencia del Patronato Nacional de Turismo desde el 4 de julio de 1930 hasta la proclamación de la Segunda RepĆŗblica, un aƱo mĆ”s tarde. A ello se suman tĆtulos y distinciones como mayordomo de Alfonso XIII, caballero de la Orden de Calatrava y maestrante de la de Zaragoza.
Su aventura en el turf comenzó en 1911, aƱo en que sus caballos salieron por primera vez a la pista. La primera gran alegrĆa deportiva llegó en 1912, cuando ganó el Premio Nacional con Madras II, precisamente el caballo con el que habĆa iniciado su andadura como propietario. En 1913 continuó acumulando victorias importantes con el importado Orphin. Los colores que harĆan cĆ©lebre a su cuadra āchaquetilla marrón con lunares y gorra blancaā no aparecerĆan en los programas oficiales hasta la primavera de 1915, pero pronto se asociarĆan a una sucesión de triunfos sin precedentes.
La verdadera leyenda de Cimera comenzó a forjarse a partir de 1918, cuando se produjo un encuentro fortuito que cambiarĆa para siempre el rumbo de su cuadra. En el hipódromo de Lasarte, construido dos aƱos antes en San SebastiĆ”n y promovido por Alfonso XIII y George Marquet, coincidió con el propietario francĆ©s Jean Stern. Stern, golpeado por una mala racha en la ruleta del casino, decidió poner a la venta un lote de al menos seis caballos ante urgencias económicas inmediatas. Cimera, tras consultar con su amigo el marquĆ©s de Martorell, cerró la operación por 125.000 francos, una cifra que el tiempo demostrarĆa como una autĆ©ntica ganga.
Entre los caballos de ese lote habĆa un nombre destinado a hacer historia: Nouvel An. ReciĆ©n llegado, y despuĆ©s de haber ganado con facilidad en San SebastiĆ”n con tres aƱos, no triunfó en sus dos primeras salidas con los nuevos colores, pero a la tercera comenzó una racha impresionante. Llegó a sumar 26 victorias en EspaƱa, convirtiĆ©ndose en el primer caballo que lograba tres triunfos en el Gran Premio de Madrid, ademĆ”s de rematar su campaƱa compitiendo en Francia, donde ganó el Prix Kergolay y fue tercero en el Grand Prix de Deauville. Aunque su carrera como semental en Francia no alcanzó la misma brillantez, su condición de caballo de leyenda en EspaƱa quedó fuera de toda duda.
En ese mismo lote figuraban otros nombres ilustres, como Choix de Roi, ganador del Gran Premio de Barcelona; Consul, vencedor en la Copa de la Reina; Fil dāEcosse; Rastignac; y La Glorieuse, ganadora del Omnium de San SebastiĆ”n y mĆ”s tarde yegua madre en la Yeguada Juenga, donde produjo a La Magdalena y La Doriguilla, ambas con un palmarĆ©s extraordinario (24 y 14 victorias respectivamente). Aquella adquisición conjunta cimentó buena parte del dominio posterior de la cuadra Cimera-Martorell.
La Yeguada Juenga y el arte de criar campeones nacionales
MĆ”s allĆ” de su faceta como propietario de grandes importados, el conde de la Cimera se empeñó en demostrar que era posible ganar las principales carreras espaƱolas con caballos nacidos y criados en EspaƱa. Para ello, dio un paso decisivo al entrar en el mundo de la crĆa de pura sangre. Siguiendo una estrategia similar a la que tuvo con Jean Stern, adquirió un lote de yeguas y potros al famoso propietario estadounidense W.K. Vanderbilt, que habĆa participado activamente en las temporadas de carreras espaƱolas.
Entre las yeguas que pasaron a sus manos estaban Dolonnor y Nordre, ambas ganadoras y, especialmente en el caso de Nordre, futura madre de cuatro ganadores con mĆ”s de doce triunfos cada uno. TambiĆ©n se hizo con la potra de dos aƱos Augusta, que con el tiempo se convertirĆa en la madre de AtlĆ”ntida, una de las grandes estrellas de la cuadra. Inicialmente, Cimera alojó sus primeros pura sangre en Aranjuez, pero en 1918 decidió adquirir la finca de Juenga, en el municipio cĆ”ntabro de Guarnizo, con el objetivo declarado de criar campeones nacionales capaces de rivalizar con los mejores importados.
En Juenga se establecieron seis de las yeguas procedentes de Vanderbilt, junto al semental Billycock, todo ello bajo la supervisión del mexicano Amor de FerreirĆ”. A pesar de lo que se podrĆa pensar, el conde practicó una polĆtica de moderación en las inversiones, apostando mĆ”s por el ojo clĆnico que por derroches económicos en reproductores de precio desorbitado. Esa intuición se plasmó en la elección de sementales como Larrikin y PrĆ©montrĆ©, que se unieron con el tiempo a Billycock, y en una selección de yeguas que, aunque no deslumbraban a primera vista, iban a dar lugar a una verdadera constelación de campeones.
De la Yeguada Juenga surgieron nombres que todavĆa hoy se mencionan con admiración: Colindres, AtlĆ”ntida, Cap Polonio, Montecasino, Frascati, Penagos, Merate, Lightfoot, La Doriguilla, La Magdalena, Mademoiselle de Juenga, entre muchos otros. No faltaron voces escĆ©pticas en aquellos aƱos; algunos visitantes de la yeguada auguraron pocos Ć©xitos, hasta el punto de que un propietario amigo llegó a decirle, con ironĆa, que le gustaba la ājaulaā pero no los āpĆ”jarosā. El tiempo, sin embargo, dio la razón a Cimera y a su intuición como criador.
El plantel de yeguas madres llegó a alcanzar unas diecisĆ©is unidades, mientras que los sementales se fueron incorporando con calma: primero Billycock, mĆ”s tarde Larrikin y finalmente PrĆ©montrĆ©. Con ese material genĆ©tico, la yeguada empezó a producir una cadena de ganadores nacionales capaz de sostener durante aƱos el dominio de la cuadra en las principales estadĆsticas de propietarios y criadores en EspaƱa.
A partir de 1922 se produce la separación de caminos con el marquĆ©s de Martorell, tanto en la cuadra compartida como en la Federación HĆpica EspaƱola, donde Martorell ejercĆa como secretario desde su fundación en 1902. Cimera retomó entonces su trayectoria en solitario, con su propia chaquetilla, y pronto encontró un nuevo lĆder en pista: SISEBUTO, su mejor corredor de la temporada de 1922. En 1923, los nombres de IPPĆCOURT y ETELFAY llevaron a la cuadra a la primera posición de la estadĆstica de propietarios, confirmando que el proyecto de crĆa nacional tenĆa un enorme potencial.
Una racha de dominio: Nouvel An, Colindres, AtlĆ”ntida y compaƱĆa
La segunda mitad de la década de 1920 y los primeros años treinta fueron una auténtica edad dorada para la cuadra del conde de la Cimera. En 1924, nuevos elementos comenzaron a brillar con fuerza: LUSIGNY, ganador del Premio Alfonso XIII; MY PRIDE; LA DORIGUILLA, que inició su destacada campaña de dos años imponiéndose en el Premio Martorell; SWEET HEART, vencedora en el Premio George Marquet, uno de los mejor dotados; y, sobre todo, LIGHTFOOT, que devolvió a la chaquetilla marrón con lunares a la cima al conquistar el Gran Premio de Madrid y el Villamejor.
En 1925, el estandarte de la cuadra fue LA DORIGUILLA, capaz de imponerse a los machos nacionales en numerosas carreras, mientras SWEET HEART mantenĆa su nivel ganando el Alfonso XIII. ILUSIĆN se adjudicó el Gran Premio de Barcelona, BĆO se llevó el Martorell y las hembras volvieron a sostener el peso de la temporada, aunque sin llegar a repetir la estadĆstica general del aƱo anterior. En 1926 fue el turno de LA MAGDALENA, tambiĆ©n hija de La Glorieuse, que regresó a la senda de la victoria, mientras LIGHTFOOT sumaba Ć©xitos como el Gladiateur y el Alfonso XII. En esa campaƱa, el Alfonso XIII fue para MARTINETI, y la estadĆstica de propietarios volvió a caer del lado de Cimera, esta vez para quedarse varios aƱos seguidos.
El aƱo 1927 supuso una autĆ©ntica eclosión. Dos potros de tres aƱos, ambos hijos de Larrikin, irrumpieron con fuerza: COLINDRES y PENAGOS. Colindres se convirtió en el protagonista absoluto, ganando el Gran Premio de Madrid, los Derbys de San SebastiĆ”n y Aranjuez, el Alfonso XIII, el Villamejor y el AtlĆ”ntica. Al mismo tiempo, PENAGOS se hacĆa con el Nacional, el Alfonso XII, el FernĆ”n Núñez y el Gladiateur. Las hembras tampoco fallaron, con MADEMOISELLE JUENGA ganando el Nouvel An y la Copa de la Reina MarĆa Cristina, mientras la potra de dos aƱos LAS FRAGUAS dejaba entrever un futuro brillante al imponerse en el Martorell.
En 1928, la cuadra rindió un nuevo homenaje a la visión de Cimera. COLINDRES repitió triunfo en el Gran Premio de Madrid, sumando ademĆ”s la Copa del Rey, la Copa de la Reina y el Premio EspaƱa. PENAGOS amplió palmarĆ©s con el Reina Victoria, LAS FRAGUAS se consolidó como clĆ”sica con victorias en el Nacional, el Villamejor y el Nouvel An, ORFEO se llevó el Alfonso XII y el Gladiateur, y LA MAGDALENA regresó a lo mĆ”s alto ganando el Alfonso XIII, la Reina MarĆa Cristina y el AtlĆ”ntica. Aquello supuso la tercera estadĆstica consecutiva para la cuadra.
En 1929 se planteaba una gran incógnita: ĀæserĆa capaz un caballo nacional de ganar por tercera vez consecutiva el Gran Premio de Madrid, igualando la hazaƱa de Nouvel An? Colindres, nacido en Guarnizo, lo consiguió, y noventa aƱos despuĆ©s solo el importado El PaĆs ha logrado repetir semejante mĆ©rito. En esa temporada tambiĆ©n brilló PONT ETIENNE, otro hijo de Larrikin, que ganó el Nacional y el Villamejor; ORFEO repitió en el Alfonso XII y sumó el Gladiateur; LA MAGDALENA aƱadió el PrĆncipe de Asturias y el Patronato de Turismo; y un trĆo de dos aƱos āMONTECASINO, MIC y LA MADELĆNā apuntó un futuro prometedor. La cuarta estadĆstica de propietarios llegó por aplastamiento, acompaƱada por primera vez de la de vallas.
En 1930, pese a la entrada de nuevas caras y la retirada o menor presencia de algunos campeones, la cuadra siguió rindiendo al mĆ”ximo. FRASCATI, tambiĆ©n por Larrikin, ganó primero el Opcional y enlazó victorias tan dispares como el Presidente de la RepĆŗblica, el PrĆncipe de Asturias, el Villamejor, el Fomento, el Derby de San SebastiĆ”n y las Pruebas de Productos Nacionales en Madrid y Aranjuez. ATLĆNTIDA, por su parte, empezó a despuntar: se llevó la Copa del Rey, el Duque de Toledo, el PrĆncipe de Asturias, el Alfonso XII, el Gladiateur y el Premio EspaƱa, rozando un Gran Premio de Madrid que muchos consideraron que ānunca debió perderā.
Ese mismo aƱo, CAP POLONIO se hizo con el Criterium Nacional e Internacional, PAVOT ROUGE ganó el Criterium de San SebastiĆ”n y, en conjunto, la cuadra logró su quinta estadĆstica consecutiva de propietarios. En 1931, FRASCATI repitió en el Presidente de la RepĆŗblica y el Fomento, MONTECASINO ganó el Gran Premio de Barcelona, LA MADELĆN se llevó el AtlĆ”ntica, CAP POLONIO confirmó expectativas con victorias en el Nacional, la Prueba de Productos Nacionales y el Villamejor, y PAVOT ROUGE continuó sumando. ATLĆNTIDA, al fin, se resarció en el Gran Premio de Madrid, sumando tambiĆ©n el Duque de Toledo, el Gladiateur y el EspaƱa, y elevando a siete las victorias consecutivas de la cuadra en el Gladiateur desde 1926. La sexta estadĆstica seguida de propietarios y una segunda de vallas cerraron un ciclo prĆ”cticamente irrepetible.
Cambios polĆticos, nuevos nombres de cuadra y fin de una era
La proclamación de la Segunda RepĆŗblica en 1931 trajo consigo cambios profundos en la vida polĆtica y social espaƱola, y el turf no fue ajeno a este proceso. En 1932 se consolidaron las consecuencias de la marcha al exilio de Alfonso XIII y, entre otros efectos, los propietarios que competĆan bajo tĆtulos nobiliarios se vieron obligados a modificar la denominación de sus cuadras. AsĆ, los caballos del conde de la Cimera pasaron a correr oficialmente a nombre de ValentĆn MenĆ©ndez y San Juan.
Este cambio administrativo no supuso una merma inmediata de la competitividad de la cuadra. En la nueva generación de clĆ”sicos apareció MERATE, que completó el ciclo tradicional de su edad al ganar el Nacional, la Prueba de Productos Nacionales y el Villamejor. Mientras tanto, la gran referencia seguĆa siendo ATLĆNTIDA, que volvió a imponerse en el Gran Premio de Madrid, logrando un doblete que dejó un sabor agridulce: la satisfacción por haber ganado dos veces esa prueba y la sensación de haber dejado escapar una oportunidad Ćŗnica para haber firmado un triplete histórico.
En esa misma temporada, AtlĆ”ntida repitió triunfo en el Presidente de la RepĆŗblica y en el Premio EspaƱa (el tradicional Gran Premio de San SebastiĆ”n), un doblete que la cuadra habĆa logrado en las tres ocasiones en que coincidieron ambas carreras en el calendario. Sumó tambiĆ©n un nuevo Gladiateur, elevando el total de la cuadra a nueve ediciones ganadas, y consolidó la racha en las estadĆsticas de propietarios, que ya casi se habĆan convertido en un trĆ”mite anual para Cimera.
En el plano profesional, desde 1927 el entrenador de referencia de la cuadra habĆa sido George Flatman, muy querido por su trato afable y su cercanĆa con la prensa. En mĆ”s de una entrevista confesó que, en algunas grandes pruebas, habĆa sido incapaz de ver la carrera desde la tribuna, quedĆ”ndose literalmente ācomidoā por los nervios en la parte trasera. Su marcha, anunciada a finales de 1931 para entrenar en Chantilly, fue recibida con tristeza en el entorno del turf espaƱol, pero dejó claro el nivel internacional del proyecto de Cimera. Para reemplazarle, el conde contrató al francĆ©s E. OutrĆ©, que supo mantener el alto rendimiento de la cuadra.
En 1933 se produjo un hecho traumĆ”tico para los aficionados: la demolición del Hipódromo de La Castellana, justo al expirar su concesión, dejando atónito al mundo del turf. Parte de su calendario se trasladó de forma reducida al hipódromo de Aranjuez, donde recaló una prueba de Productos Nacionales que, con el tiempo, serĆa conocida como Premio Cimera y que no se abrirĆa a caballos importados hasta 1993. AllĆ acudió JACKAL para ganar por quinta vez consecutiva para su propietario, demostrando que, pese a la incertidumbre, la cuadra seguĆa siendo competitiva incluso corriendo bajo la denominación de Yeguada Juenga.
Ese aƱo 1933, a pesar de la representación mĆ”s reducida, el conde logró seguir en lo mĆ”s alto de la estadĆstica. La yeguada registró nueve nacimientos, todos ellos declarados para el Premio Nacional de 1936, aunque el contexto polĆtico y deportivo iba a enturbiar progresivamente el horizonte. En 1934, dentro de las pruebas de primer nivel, destacó la victoria de ARCONA en el Criterium Nacional, mientras que en la declaración para el Nacional de 1937 ya figuraban como vacĆas las nueve yeguas que constaban en su propiedad, sĆntoma de que la maquinaria de crĆa se estaba resintiendo.
Jockeys, entrenadores y el legado competitivo de Cimera
La trayectoria del conde de la Cimera no se entiende sin el equipo humano que le acompañó en pista. En la primera etapa de la asociación con Martorell, el jockey fetiche fue Archibald, que montó a Nouvel An en sus tres victorias consecutivas en el Gran Premio de Madrid antes de regresar a Francia en 1921. Tras su marcha, Cimera confió en Carlos Belmonte, quien llevó a Colindres a sus tres triunfos en el Gran Premio de Madrid, hasta que una lesión sufrida en Gibraltar le obligó a abandonar la profesión.
Posteriormente, el testigo lo recogió el laureado jinete Victoriano JimĆ©nez, encargado de lucir los colores de Cimera en la Ć©poca de AtlĆ”ntida y otros grandes campeones. JimĆ©nez rozó con ella la posibilidad de alcanzar tres triunfos en el Gran Premio de Madrid, lo que habrĆa reforzado hasta lĆmites insospechados su ya impresionante rĆ©cord de diez victorias en esa prueba, cifra que aĆŗn hoy sigue siendo la plusmarca para jockeys en la āmagna carreraā madrileƱa.
Tras la inauguración del Hipódromo de La Zarzuela, la cuadra del conde de la Cimera nunca volvió a alcanzar la dimensión de sus años gloriosos, pero siguió sumando victorias con caballos como Dessa, Addis Abeba y, sobre todo, Rex, considerado su mejor ejemplar en esa etapa final, ganador del premio que sustituyó al antiguo Gran Premio de Fomento. La historia personal del conde se cerró el 30 de octubre de 1944, fecha de su fallecimiento sin descendencia en San SebastiÔn.
La sucesión del tĆtulo nobiliario no se resolvió hasta 1958, cuando hubo que remontarse hasta el primer conde para reconocer los derechos en la persona de Eugenio de OƱate y Prendergast. Cimera se habĆa casado en 1942, a los 68 aƱos, con Ana MarĆa Elio y Gaztelu, marquesa de Campo Real y viuda con dos hijos de un matrimonio anterior. Uno de ellos, Luis Guillermo Perinat, heredó los bienes, pero no el tĆtulo, y describió a su padrastro como ātodo un personajeā, recordando su fama como dandi espaƱol: elegante en los campos de polo, en los greens de golf y especialmente en los hipódromos, donde sus pura sangre hicieron historia en EspaƱa y en Europa.
Adolphe de Neuter, entrenador de la real cuadra del Duque de Toledo, se refirió a Ć©l en tĆ©rminos similares, revelando que en Francia se le conocĆa como āel Brummel espaƱolā o āRotchildmanā, apodos que reflejan la mezcla de estilo y riqueza que encarnaba. Lejos de terminar en tono triste, su historia se mantiene viva porque sus rĆ©cords siguen en pie: 10+1 estadĆsticas de propietarios (contando la lograda con Martorell), seis de ellas consecutivas; nueve triunfos en el Gran Premio de Madrid, con dos caballos firmando tres victorias (Nouvel An y Colindres); y un total estimado de 126 triunfos en carreras del rango equivalente a Grupos 1, 2 y 3, si se trasladan a la terminologĆa moderna.
Todo ello se consiguió en una Ć©poca en la que el calendario espaƱol tenĆa un volumen de carreras mucho menor que el actual, y, sobre todo, con caballos nacionales criados en Juenga, capaces de plantar cara y vencer a importados de alto nivel, incluidos los que defendĆan los colores de la cuadra real del Duque de Toledo y otros grandes propietarios. Son logros que, en conjunto, se consideran los mejores resultados jamĆ”s obtenidos por un propietario de caballos de carreras en EspaƱa.
Del Premio de Productos Nacionales al Premio Cimera y el espejo del Premier Galop
La herencia deportiva del conde de la Cimera se refleja directamente en una prueba que se corre hoy en su honor y que, en sus orĆgenes, se denominaba Prueba de Productos Nacionales hasta 1944. A partir del aƱo siguiente pasó a llamarse Premio Cimera. Durante mucho tiempo estuvo reservada en exclusiva a caballos de tres aƱos nacidos y criados en EspaƱa, y hasta 1960 podĆan participar tanto machos como hembras en la misma carrera.
A partir de esa fecha, la prueba principal se cerró a los machos, mientras que para las hembras se creó una carrera especĆfica en recuerdo de otro gran propietario de la Ć©poca, el marquĆ©s de Valderas. Los caballos importados no pudieron acceder al Premio Cimera hasta 1993, momento en que se abrió la puerta para que nacionales e importados compitieran en igualdad de condiciones, todos corriendo a 57 kilos. La fecha en que se disputa y su distancia de 1.600 metros han llevado a que se la considere la prueba equivalente en EspaƱa a la Poule francesa de machos y a las 2.000 Guineas inglesas.
En el palmarĆ©s del Premio Cimera destacan varios rĆ©cords. Entre los jockeys, la mejor marca se sitĆŗa en cinco triunfos, compartidos por cuatro figuras históricas: Lucien Lyne, Victoriano JimĆ©nez, JosĆ© Perelli y Claudio Carudel. Entre los jinetes en activo que han montado en ediciones recientes, JosĆ© Luis MartĆnez es quien suma mĆ”s victorias, con tres. En el capĆtulo de preparadores, la referencia absoluta es H. Gibson, con seis triunfos desde 1950. Entre los entrenadores contemporĆ”neos, Guillermo Arizkorreta podrĆa alcanzar su segunda victoria si se impusiera en una nueva edición.
En cuanto a los propietarios, el listón estÔ fijado en seis victorias, marca que superó Ramón Beamonte con SULIM en 1976. La edición mÔs rÔpida disputada en el Hipódromo de La Zarzuela fue la ganada por SILVERSIDE, preparado por Mauricio Délcher SÔnchez y montado por Julien Grosjean para la cuadra SAFSAF, deteniendo el cronómetro en 1.36:14. Todos estos registros ilustran el estatus de prueba cumbre para los potrillos de mil seiscientos metros en España.
El Premio Premier Galop que se celebra en La Zarzuela bebe de esa misma tradición de grandes pruebas para pura sangre de calidad contrastada. Aunque su contexto concreto es diferente al del Premio Cimera, su celebración en el hipódromo madrileño, su vinculación a un caballo de la talla de Premier Galop y el aura de las jornadas grandes lo colocan en la órbita de las carreras que todo aficionado quiere ver y que muchos profesionales sueñan con ganar. En el fondo, cuando la pista se llena y las tribunas rugen, se activa el mismo mecanismo emocional que acompañó las gestas de Nouvel An, Colindres, AtlÔntida o, en tiempos mÔs recientes, de Premier Galop con su paseo militar en el Gran Premio de Madrid.
En conjunto, la historia del turf en La Zarzuela, las gestas de Premier Galop, el legado del conde de la Cimera y la evolución de pruebas como el Premio Cimera dibujan un panorama en el que tradición y presente se entrelazan. Las grandes carreras actuales, como el Premio Premier Galop, no son episodios aislados, sino el Ćŗltimo capĆtulo de una narración centenaria en la que se repiten algunos patrones: generaciones jóvenes capaces de doblegar a los veteranos, propietarios visionarios que apuestan por la crĆa nacional, y un hipódromo que, pese a cambios polĆticos, demoliciones y nuevas sedes, sigue siendo el corazón hĆpico de EspaƱa.