La muerte de un caballo que participaba en la peregrinación al santuario de Lo Vásquez ha desatado una fuerte controversia en torno al uso de animales en este tipo de manifestaciones de fe. El incidente ocurrió durante la madrugada de un domingo y dejó en evidencia las duras condiciones a las que pueden verse sometidos los equinos en trayectos tan largos.
El caso, calificado por expertos como un posible episodio de maltrato animal involuntario, ha reactivado el debate sobre la necesidad de regular de forma más estricta la presencia de caballos y otros animales en peregrinaciones multitudinarias, donde confluyen factores como el cansancio extremo, la climatología y la falta de descanso adecuado.
El desplome del caballo en plena ruta hacia Lo Vásquez
Según los antecedentes recogidos, el animal se desplomó repentinamente en plena vía pública mientras formaba parte de la larga columna de fieles que se dirigía al santuario de Lo Vásquez. El hecho se produjo en la comuna de Curacaví, en la ya transitada Avenida O’Higgins, a la altura del sector Valle Verde, uno de los puntos habituales de paso de los peregrinos.
Tras el aviso, Carabineros acudió rápidamente al lugar y constató el fallecimiento del equino en el mismo punto donde se desplomó. Los funcionarios iniciaron las diligencias de rigor para recabar testimonios, revisar las condiciones en que viajaba el animal y elaborar el parte policial correspondiente al incidente.
Por ahora no existe una causa oficial y definitiva de la muerte, pero todas las versiones coinciden en que el esfuerzo físico asociado al extenso recorrido podría haber sido determinante. La combinación de una distancia kilométrica, carga de trabajo, posible deshidratación y falta de pausas de descanso figura entre las principales hipótesis.
Entre los transeúntes y residentes de la zona se instaló un ambiente de malestar, tristeza e indignación, al considerar que el caballo fue exigido más allá de sus límites. La escena, en plena noche y en medio de la peregrinación, impactó fuertemente a quienes presenciaron cómo el animal colapsaba sin poder recibir ayuda efectiva.
Advertencias previas del Colegio Médico Veterinario
Días antes de la festividad, el Colegio Médico Veterinario (Colmevet) había hecho público un mensaje de prevención dirigido a los fieles y organizadores. En ese comunicado, el gremio recomendaba de forma clara evitar llevar caballos y otros animales de tiro a la peregrinación, por el elevado riesgo que supone para su salud recorrer tantos kilómetros bajo condiciones exigentes.
La directora de la Comisión Nacional de Bienestar Animal de Colmevet, Alicia Plaza, explicó en entrevistas radiales que, pese a los avances en materia de protección animal, siguen existiendo prácticas culturales que normalizan el uso de equinos en trayectos largos, procesiones y celebraciones religiosas. Precisamente por esa persistencia, el colegio profesional insistió en anticipar recomendaciones específicas.
Entre las orientaciones entregadas figuraba la necesidad de no realizar la peregrinación en condiciones climáticas extremas, limitar las jornadas de desplazamiento y habilitar zonas de descanso adecuadas para los caballos. Estas medidas apuntan a evitar estados de fatiga severa y sobrecarga muscular, factores que pueden acabar desencadenando colapsos como el ocurrido en Curacaví.
También se puso el foco en la importancia de mantener una correcta hidratación del animal durante todo el recorrido, proporcionándole agua potable de forma frecuente, así como una alimentación suficiente y de calidad, distribuida en varias tomas a lo largo del día. Sin estos cuidados básicos, los equinos quedan expuestos a golpes de calor, descompensaciones y fallos orgánicos.
El gremio veterinario insistió, además, en que los caballos que participen en este tipo de actividades deben contar con herraduras en buen estado y equipo de carga adecuado. Se recomendó el uso de sillas y alforjas bien acolchadas, que repartan el peso de manera homogénea y reduzcan la presión sobre la espalda del animal, previniendo lesiones y dolores que se agravan al sumar kilómetros.
Reacciones de especialistas y responsabilidad de los propietarios
Tras conocerse la muerte del caballo, portavoces del ámbito veterinario expresaron su pesar y reiteraron que “no debería ocurrir” un desenlace de este tipo si se adoptan las medidas de protección adecuadas. Aun admitiendo que se trata de un posible caso de maltrato no intencional, los expertos insisten en que el bienestar animal debe situarse en el centro de la organización de cualquier evento masivo.
Alicia Plaza subrayó que el llamado de Colmevet no buscaba ir contra la tradición religiosa, sino compatibilizarla con la protección de los animales. Según explicó, la idea es que quienes decidan seguir acudiendo con equinos comprendan que tienen la obligación de mantenerlos en buenas condiciones físicas, con descansos programados y supervisión constante durante todo el trayecto.
Por su parte, Carabineros mantiene abiertas las diligencias para aclarar eventuales responsabilidades del propietario del caballo fallecido. La investigación deberá determinar si el animal presentaba patologías previas, signos de agotamiento evidente o carencias de hidratación y alimentación durante la marcha que pudieran considerarse negligencia.
En el entorno de la peregrinación se reavivó la discusión sobre hasta qué punto el dueño de un equino está preparado para evaluar los límites de resistencia del animal. Sin acompañamiento profesional, muchos cuidadores podrían no detectar a tiempo síntomas como taquicardia, respiración agitada, cojera o cambios de comportamiento que son indicadores claros de que el animal necesita parar.
El caso también ha llevado a algunas organizaciones de defensa de los animales a pedir mayor fiscalización en las rutas de peregrinación, para comprobar in situ el estado de los caballos que participan, el peso que tiran, el tipo de carga que llevan y la frecuencia con que se detienen para reponer fuerzas.
Peregrinación multitudinaria y cortes de tráfico en la Ruta 68
La muerte del caballo se produjo en el contexto de una de las peregrinaciones religiosas más concurridas de la zona central, que cada año congrega a cientos de miles de personas camino al santuario de Lo Vásquez. Fieles a pie, en bicicleta y a caballo recorren decenas de kilómetros por distintas rutas de acceso, entre ellas la Ruta 68 y la Ruta F-50.
Debido al masivo desplazamiento de devotos, las autoridades decidieron cerrar completamente la Ruta 68 durante varias horas, permitiendo solo el paso de vehículos de emergencia y residentes debidamente acreditados. Se estima que más de un millón de peregrinos podrían llegar al santuario a lo largo de la jornada, lo que obliga a adoptar medidas extraordinarias de seguridad vial.
Para quienes necesitaban desplazarse entre Santiago y la costa, se difundieron alternativas como Ruta 5 Norte, Ruta 57-CH, Ruta 60-CH y diversas cuestas secundarias, entre ellas La Dormida, Barriga, Zapata y Lo Prado, además de carreteras locales como la F-90 y la F-50. El objetivo, según señalaron las autoridades, era descongestionar el acceso principal al santuario y reducir el riesgo de accidentes en una jornada tan intensa.
Este cierre masivo de vías y la irrupción de grandes grupos de personas en carreteras interurbanas añaden un elemento extra de complejidad para los animales que se utilizan como medio de transporte. Los caballos se ven forzados a desplazarse entre ruidos constantes, luces, aglomeraciones y, en ocasiones, temperaturas altas, factores que incrementan el estrés y el desgaste físico.
En este escenario, especialistas en bienestar animal recalcan que el entorno de una peregrinación multitudinaria no es el más adecuado para los equinos, especialmente si no se han preparado específicamente para ello, si no han pasado revisiones veterinarias previas o si no se cuenta con puntos de descanso planificados a lo largo de toda la ruta.
Debate abierto sobre el uso de animales en eventos religiosos y masivos
El fallecimiento del caballo en Curacaví ha servido para poner sobre la mesa un debate que lleva años rondando las grandes celebraciones religiosas y populares: hasta qué punto es compatible mantener determinadas tradiciones con los estándares actuales de bienestar animal que se promueven en Europa y en otros lugares.
Organizaciones animalistas y colegios profesionales argumentan que la sensibilidad social hacia el sufrimiento de los animales ha cambiado notablemente en las últimas décadas. En este contexto, plantean la necesidad de revisar el papel que juegan los equinos en procesiones, romerías y peregrinaciones, tanto en Chile como en países europeos donde se celebran eventos similares.
En España, por ejemplo, se han abierto discusiones parecidas en torno a romerías como la del Rocío, donde el uso de caballos y otros animales de tiro también ha generado controversia cuando se producen incidentes por agotamiento o falta de cuidados. Los especialistas señalan que las lecciones aprendidas en unos países pueden servir de referencia para otros, reforzando normas y protocolos compartidos.
Entre las propuestas que vuelven a tomar fuerza tras la muerte de este caballo figura la de prohibir directamente la participación de animales en ciertas actividades de larga distancia o, al menos, restringirla a aquellos casos en los que se cumplan estándares muy estrictos de supervisión veterinaria, tiempos de descanso y condiciones de transporte.
Tampoco se descarta impulsar campañas de concienciación más intensas, dirigidas tanto a los propietarios de animales como a los propios peregrinos, para que entiendan que la devoción y la fe no deben suponer un coste desproporcionado para el bienestar de los equinos. Desde este punto de vista, se insiste en que la tradición puede mantenerse, pero adaptándose a las exigencias actuales de respeto hacia los animales.
El caso del caballo fallecido durante la peregrinación a Lo Vásquez ha puesto el foco en una serie de carencias y debates pendientes: desde la responsabilidad individual de los dueños hasta la necesidad de marcos normativos más claros y campañas educativas efectivas. Lo ocurrido en Curacaví se ha convertido en un recordatorio de que las celebraciones masivas requieren una planificación que incluya también a los animales, si se quiere evitar que escenas de colapso y muerte se repitan en futuras ediciones.