En los últimos dÃas, el distrito Norte de Granada vive un despliegue policial poco habitual, con un refuerzo visible en prácticamente todas sus calles. A la presencia de patrullas en coche y furgones se ha sumado un elemento que muchos vecinos no recordaban desde hace años: agentes de la PolicÃa Nacional montados a caballo, recorriendo la zona como parte de un operativo especial de seguridad.
El movimiento de uniformados no ha pasado desapercibido: teléfonos móviles, vÃdeos de TikTok y mensajes de WhatsApp han corrido de un lado a otro del barrio para comentar la presencia de patrullas a caballo y controles aleatorios. Para muchos residentes, acostumbrados en los últimos meses a ver coches policiales por los continuos incidentes, la llegada de la Unidad de CaballerÃa ha sido una imagen casi insólita que ha llamado poderosamente la atención.
Refuerzo policial ante la escalada de tensión entre clanes
Fuentes conocedoras del operativo explican que este refuerzo responde a la escalada de violencia registrada en la Zona Norte en las últimas semanas. Diversos tiroteos vinculados a disputas entre clanes granadinos habÃan generado inquietud entre los vecinos y preocupación en las fuerzas de seguridad, que han decidido dar un paso más en el control del territorio.
En el centro de estas investigaciones se encuentran dos grupos familiares muy conocidos en la ciudad: los llamados ‘mocos’ y los ‘Gómez Castillo’. Ambos clanes protagonizaron recientemente una pelea frente a los juzgados de la Caleta, un episodio que habrÃa actuado como detonante de los disparos posteriores y que ha llevado a la policÃa a intensificar la vigilancia en áreas especialmente sensibles del distrito.
Como parte de este dispositivo, se han practicado registros en distintas viviendas vinculadas con personas supuestamente relacionadas con los últimos tiroteos. Agentes especializados en homicidios y atracos, junto con efectivos de seguridad ciudadana, han participado en estas actuaciones, que se han desarrollado con un fuerte despliegue de medios y un ambiente de tensión evidente en las calles afectadas.
Los registros se han concentrado, entre otros puntos, en la zona de Rey Badis, cerca de Molino Nuevo, y en la calle Vera Moreno, próxima a la Comandancia de la Guardia Civil. Aunque no se practicaron detenciones ni se encontró droga, sà se intervino una cantidad de dinero en efectivo, según señalaron fuentes consultadas. Durante las intervenciones, decenas de agentes permanecieron desplegados en las inmediaciones mientras los vecinos observaban la escena, comentaban la redada y algunos mostraban su malestar a gritos.
Este refuerzo policial no tiene una fecha de finalización cerrada: la intención del cuerpo es mantener una presencia intensa durante un tiempo indeterminado, hasta estabilizar la situación y reducir tanto la conflictividad entre clanes como otros delitos que preocupan a la ciudadanÃa, como el robo de balizas de los vehÃculos estacionados en la zona.
La Unidad de CaballerÃa, protagonista en las calles del distrito Norte
Uno de los aspectos más llamativos del operativo es la presencia de la Unidad de CaballerÃa de la PolicÃa Nacional, desplazada expresamente desde Sevilla. Estos agentes patrullan montados a caballo por distintas calles del distrito, recorriendo plazas, cruces y zonas habituales de reunión vecinal, lo que supone un cambio notable respecto a la imagen cotidiana de la vigilancia policial en la ciudad.
La Unidad de CaballerÃa es una de las unidades especiales de seguridad ciudadana del cuerpo, y su trabajo suele centrarse en labores preventivas, vigilancia en grandes eventos y control de masas. En este caso, su despliegue en la Zona Norte busca aprovechar la altura y movilidad que proporcionan los caballos para tener una mejor visibilidad del entorno, acceder a lugares menos transitables para vehÃculos y proyectar una presencia disuasoria más evidente.
El efecto visual ha sido inmediato: durante el pasado fin de semana, la llegada de los caballos hizo que muchos vecinos sacaran el móvil para grabar vÃdeos y hacer fotos que rápidamente circularon por grupos de WhatsApp y redes sociales como TikTok. En más de una conversación se repetÃa la misma idea: que el barrio parecÃa estar viviendo algo parecido a una feria, pero en forma de operativo policial, por la cantidad de binomios jinete-caballo moviéndose por las calles.
Aunque algunos residentes se acercaron con curiosidad a preguntar a los agentes por los motivos de su presencia, la función principal de estas patrullas es estrictamente operativa: incrementar el control del espacio público, detectar situaciones de riesgo, actuar como elemento de prevención frente a altercados y dar apoyo al resto de unidades desplegadas sobre el terreno.
Más allá del impacto visual, la caballerÃa se integra en la estrategia general del dispositivo, complementando la labor de patrullas motorizadas y a pie. Su capacidad para moverse con rapidez por calles con tráfico denso o espacios donde los vehÃculos tienen más dificultades ofrece a la PolicÃa Nacional una herramienta adicional para reaccionar de forma ágil ante incidentes y reforzar puntos sensibles en cuestión de minutos.
Un dispositivo con múltiples unidades y controles constantes
El despliegue policial en la Zona Norte no se limita a la caballerÃa. En estos dÃas, la presencia en las calles de distintas unidades especializadas de la PolicÃa Nacional es constante. Entre ellas destacan la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), la Unidad de Intervención Policial (UIP), las unidades de Seguridad Ciudadana —conocidas como los ‘zetas’— y el grupo nocturno de apoyo conocido como los Búhos.
La UPR y la UIP, habitualmente asociadas al control de situaciones de riesgo y a la gestión de aglomeraciones, han pasado a formar parte del paisaje habitual de la zona, con furgones estacionados en puntos estratégicos, controles de paso y patrullas que se mueven de manera coordinada con el resto del operativo. Estas unidades aportan capacidad de respuesta rápida ante posibles incidentes graves y una mayor cobertura en escenarios de tensión.
Las patrullas de Seguridad Ciudadana, por su parte, mantienen su labor diaria de vigilancia, identificando a personas, comprobando documentación y levantando actas cuando se detectan infracciones como la tenencia de navajas u otros objetos prohibidos. En paralelo, la unidad de los Búhos refuerza la franja nocturna, un periodo especialmente delicado en el distrito por la menor afluencia de gente en la calle y la mayor facilidad para que se produzcan hechos delictivos sin testigos.
En conjunto, este dispositivo ha permitido en los últimos dÃas identificar a numerosos vecinos y visitantes, detectar personas con requisitorias judiciales en vigor y actuar sobre diferentes infracciones administrativas y penales. Los controles son en buena parte aleatorios y se van moviendo por distintos barrios del Norte, con la idea de evitar que posibles grupos violentos o delincuentes se acostumbren a un patrón fijo de vigilancia.
La estrategia pasa también por programar registros selectivos en viviendas y locales vinculados con las investigaciones de los tiroteos y con delitos que generan una sensación de inseguridad añadida, como el robo de balizas de vehÃculos, un fenómeno que los residentes llevan tiempo denunciando y que ha llevado a muchos a extremar sus precauciones a la hora de aparcar.
Impacto en la vida diaria del barrio y percepción vecinal
La intensificación de la presencia policial está teniendo un impacto directo en la vida cotidiana del distrito Norte. Para algunos vecinos, ver tantos agentes, furgones y caballos resulta inquietante y refuerza la idea de que la zona atraviesa un momento especialmente delicado; para otros, en cambio, este despliegue supone un cierto alivio, al percibir que se está actuando con contundencia frente a los episodios violentos.
Durante los registros en calles como Vera Moreno, el ambiente llegó a ser notablemente tenso. En los portales y esquinas se agrupaban residentes comentando la redada, mientras que en otros puntos se veÃa a familiares y allegados de las personas investigadas visiblemente nerviosos. Algunas mujeres lanzaron gritos de protesta contra la actuación policial, reflejando la mezcla de temor, enfado y cansancio acumulado en un barrio acostumbrado a convivir con la conflictividad.
Pese a ese clima, entre parte de la población se aprecia el deseo de que la presencia de patrullas a caballo y controles constantes contribuya a rebajar la sensación de impunidad de ciertos grupos y disuada nuevos tiroteos. La imagen de agentes recorriendo las calles desde lo alto de sus monturas se ha convertido, al menos temporalmente, en un sÃmbolo de la intención del Estado de recuperar espacios donde la inseguridad habÃa ganado terreno.
Buena parte de las conversaciones vecinales en redes y chats gira ahora en torno a cuánto tiempo se mantendrá este despliegue y si será suficiente para cortar la dinámica de violencia que se venÃa registrando. Muchas personas valoran positivamente que se hagan identificaciones y se persigan delitos como el robo de balizas, pero al mismo tiempo recuerdan que el distrito arrastra problemas estructurales que van más allá de la labor policial.
Mientras tanto, las calles del Norte de Granada conviven con una estampa poco común: caballos y furgones policiales compartiendo protagonismo en esquinas, plazas y avenidas. Para unos, una señal de que algo serio ocurre en el barrio; para otros, un intento necesario de devolver cierta calma a una zona demasiado acostumbrada a los sobresaltos. En cualquier caso, la escena resume el momento actual: un territorio en el punto de mira de las autoridades, donde la seguridad se ha convertido en la prioridad y donde cada patrulla, ya sea a pie, en coche o a caballo, forma parte de una misma estrategia de control y prevención.