El campo argentino se prepara para un cambio de época: desde el 1 de marzo de 2027, todos los caballos, yeguas, mulas y burros que se trasladen dentro del país deberán llevar un microchip de identificación electrónica. Así lo establece la Resolución 831/2026 del SENASA, publicada en el Boletín Oficial el pasado 10 de septiembre, que también pone en marcha la transición hacia una libreta sanitaria completamente digital. La medida, que afecta a propietarios, criadores, veterinarios y cualquier persona que tenga un équido, busca reforzar la trazabilidad y la prevención de enfermedades.
La norma no solo introduce el chip obligatorio, sino que aprueba la Libreta Sanitaria Equina Digital (LSED) y el Pasaporte Equino Digitalizado (PED) como únicos documentos válidos a partir de 2028. El objetivo es que el país cuente con un registro sanitario fiable y en tiempo real, algo que quedó en evidencia tras la epidemia de encefalomielitis equina que azotó Argentina a finales de 2023 y que obligó a restablecer la vacunación obligatoria. Ahora, la administración quiere saber cuántos caballos hay, dónde están y cómo se mueven.
¿A quién afecta y cuándo hay que poner el chip?
La obligación alcanza a todas las personas, tanto físicas como jurídicas, que sean propietarias, poseedoras o tenedoras de équidos, sin importar si tienen un solo caballo en una chacra, un haras con cientos de pura sangre o un animal usado en equinoterapia. La norma habla de “productores” yles hace responsables de la identificación y la documentación de cada animal. El microchip no hay que colocarlo de golpe el 1 de marzo de 2027, sino que la obligación se activa cuando ocurra alguna de estas situaciones: toma de muestras para análisis sanitarios relacionados con un traslado, alta de la libreta o el pasaporte, tratamientos veterinarios, movimientos internacionales o el ingreso a la Zona Libre de Anemia Infecciosa Equina (AIE).
Es decir, cualquier caballo que se vacune, se medique o se mueva acabará teniendo su chip antes de lo que parece. El dispositivo es un transpondedor inyectable que debe cumplir las especificaciones técnicas del SENASA y se coloca en un lugar muy concreto: el tercio medio del lado izquierdo del cuello, unos ocho centímetros por debajo de la crin. Una vez implantado, el número del chip debe registrarse en el Sistema Integrado de Gestión de Sanidad Animal (SIGSA) a través de una aplicación homologada, por autogestión con clave fiscal o de forma presencial en las oficinas del organismo. Para aquellos animales que ya tengan un chip ISO colocado antes de diciembre de 2019, muy habitual en caballos de deporte o exportación, no hará falta poner otro: solo hay que asociarlo a la documentación oficial y cargarlo en el sistema.

Adiós a la libreta de papel: el calendario de la digitalización
La resolución no solo introduce el microchip, sino que entierra definitivamente la clásica Libreta Sanitaria Equina de papel. El documento físico tiene los días contados: desde el 31 de diciembre de 2026 no se podrán imprimir libretas nuevas en papel, aunque las ya emitidas seguirán siendo válidas hasta el 31 de diciembre de 2027. A partir del 1 de enero de 2028, únicamente la LSED o el Pasaporte Equino Digitalizado servirán para respaldar el movimiento de cualquier équido. Quien no migre a tiempo se quedará sin poder mover sus animales ni registrar novedades sanitarias, lo que en la práctica deja al caballo atrapado en el campo.
Los pasaportes equinos, esos que usan los caballos de polo o salto que compiten en el extranjero, también deberán digitalizarse y cargarse en el sistema informático del SENASA. El documento físico podrá conservarse, pero solo tendrá validez si está previamente digitalizado. La medida busca evitar fraudes y pérdidas de información, algo habitual con los papeles que se mojan, se pierden o incluso se adulteran.
¿Cómo serán los traslados a partir de ahora?
La gran novedad práctica es que los movimientos dentro del país se gestionarán directamente con la libreta digital a través de una aplicación móvil. El sistema captará las coordenadas geográficas del lugar de destino, se informará el RENSPA correspondiente y se validará la identidad del animal leyendo el microchip. Todo en tiempo real y sin papeleos. Sin embargo, el Documento de Tránsito electrónico (DT-e) seguirá siendo obligatorio en tres casos concretos: cuando el destino sea la faena para exportación, cuando el animal vaya a un establecimiento de cuarentena previo a exportarse o cuando un caballo importado se traslade desde la frontera hasta el predio de cuarentena.
Además, el SENASA se reserva el derecho de bloquear temporalmente los movimientos con libreta digital si se detecta una enfermedad contagiosa. Este es el corazón del sistema: poder frenar la circulación de animales en cuestión de horas si aparece un brote, algo que con la libreta en papel era prácticamente imposible. Las autoridades también podrán exigir la lectura del chip en fiscalizaciones, tanto programadas como sorpresivas, aunque el animal todavía no haya cumplido ninguno de los supuestos que hacen obligatoria su identificación.
Nuevas obligaciones y sanciones para los propietarios
La norma introduce una serie de obligaciones que conviene anotar. Si recibes un caballo, tienes que verificar que el chip coincida con la documentación; si no coincide, dispones de dos días hábiles para avisar al SENASA. También hay que notificar de manera inmediata cualquier cambio de dueño, robo, muerte o novedad sanitaria, ya sea por app, con clave fiscal o de forma presencial. Y un detalle importante: el productor es responsable de toda omisión o falsificación de la documentación, aunque la haya rellenado otra persona.
Las sanciones por incumplimiento están recogidas en el Capítulo V de la Ley 27.233 y van desde apercibimientos y multas hasta la suspensión o cancelación de registros, pasando por la clausura de establecimientos. Entre las infracciones más graves se encuentran reutilizar un chip de otro animal, poner dos microchips al mismo caballo, no declarar los chips aplicados o usar documentación adulterada. También se considera infracción tener animales sin documentación en un establecimiento, feria o remate, o demorar el aviso de nacimientos, muertes o cambios de titularidad.
Apps homologadas y control tecnológico
La digitalización no la hará solo el SENASA. La norma abre la puerta a que empresas privadas desarrollen aplicaciones homologadas para emitir y gestionar la LSED, aunque deberán pasar una revisión técnica y de seguridad informática, y conservar la documentación durante diez años. Si una aplicación falla, el organismo podrá suspenderla o darla de baja, y los costes de corrección correrán por cuenta del proveedor. Esto garantiza que la digitalización no quede en manos de soluciones improvisadas, sino que se integre bajo parámetros oficiales y con garantías de interoperabilidad con los sistemas públicos.
El nuevo marco regulatorio ha sido elaborado en colaboración con entidades del sector equino, colegios y consejos veterinarios de distintas provincias. La idea es que la transición sea lo menos traumática posible, pero con fechas claras y exigentes. Para los veterinarios, el cambio supone un desafío logístico: tendrán que adaptar sus protocolos de trabajo y asegurarse de que cada chip quede correctamente registrado en el sistema.
¿Qué gana el sector con todo esto?
Más allá del papeleo, el nuevo sistema ofrece ventajas tangibles para la sanidad animal y la competitividad del sector. La identificación individual con microchip permite diseñar estrategias sanitarias y nutricionales más precisas, mejorar la selección genética y garantizar el bienestar animal. También refuerza la seguridad en el trabajo, porque cada animal queda identificado de forma única y permanente. Y en términos de comercio exterior, Argentina se posiciona como proveedor de carnes y productos con sistemas de control comparables a los estándares internacionales más exigentes.
La medida responde a una tendencia global imparable. Europa ya exige la identificación electrónica para équidos en muchos países, y el mercado asiático valora cada vez más la trazabilidad completa. Con esta reforma, el país se adelanta a futuras exigencias y consolida su proyección exportadora. Pero el verdadero beneficio está en la capacidad de reacción: si mañana aparece un foco de una enfermedad, las autoridades sabrán en cuestión de horas qué animales han estado en contacto, de dónde proceden y hacia dónde se han movido. Eso, con la libreta de papel, era una misión casi imposible.
En definitiva, la Resolución 831/2026 marca un antes y un después en la gestión sanitaria de los équidos en Argentina. El microchip deja de ser una opción para convertirse en un requisito ineludible, y la documentación digital se impone sobre el papel. Los propietarios tienen por delante poco más de un año para adaptarse, pero las fechas son claras: el 31 de diciembre de 2026 se acaba la emisión de libretas físicas, el 1 de marzo de 2027 el chip es obligatorio para movilizar animales, y el 1 de enero de 2028 la digitalización es total. Quien no se ponga al día, se quedará con los caballos atados al corral.
