Luis Astolfi hace público que padece ELA y reafirma su voluntad de seguir a caballo

  • El jinete sevillano Luis Astolfi revela que sufre esclerosis lateral amiotrófica (ELA)
  • La enfermedad le afecta sobre todo al habla y a un brazo previamente lesionado
  • Cuatro veces olímpico y doble diploma por equipos, continúa trabajando con caballos
  • Afirma que mantiene su autonomía y que seguirá vinculado a la hípica mientras pueda

Luis Astolfi anuncia que padece ELA

El jinete sevillano Luis Astolfi, uno de los grandes referentes del salto de obstáculos en España, ha hecho público que padece esclerosis lateral amiotrófica (ELA). El veterano deportista, que ha sido un rostro habitual tanto en la información deportiva como en la crónica social, ha optado por contar su situación con naturalidad y sin dramatismos, manteniendo el tono sereno que le ha acompañado toda su carrera.

El anuncio se ha conocido a raíz de una entrevista concedida al medio digital El Pespunte, donde explica que, aunque el diagnóstico de ELA ya es firme, se siente en condiciones de seguir con su rutina. Reconoce que nota la enfermedad sobre todo en la dificultad para hablar y en un brazo que tiene algo más debilitado, pero insiste en que no tiene dolores y que puede desenvolverse por sí mismo en su día a día.

Un diagnóstico que no cambia su pasión por el caballo

Jinete Luis Astolfi con ELA

Astolfi relata que «la gente no sabe nada» porque hasta ahora no había querido hacer pública su enfermedad, aunque tampoco la había escondido en su entorno cercano. Explica que la ELA ha empezado a manifestarse con pequeños cambios, especialmente en el habla y en ese brazo que tiene «un poquito peor», pero recalca que no siente dolor físico y que su mayor deseo es seguir trabajando mientras tenga fuerzas.

El jinete, que ronda los 65-66 años según las distintas informaciones, subraya que de momento se percibe «un poquito más débil», aunque se sigue viendo bien. Asegura que puede valerse por sí mismo para todo y que su carácter no es el de alguien que se recree en la preocupación: prefiere centrarse en lo que puede hacer ahora y adaptarse a lo que venga más adelante.

En la conversación con el medio sevillano resume su forma de afrontar la situación con una frase clara: trabajar es de las mejores cosas que le pueden pasar. Por eso, su plan es continuar en activo todo el tiempo que le sea posible, manteniendo su vínculo con el mundo del caballo, que considera el eje de su vida desde la infancia.

La esclerosis lateral amiotrófica es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta a las neuronas motoras, responsables del control de los músculos voluntarios. En España y en el resto de Europa, la ELA ha ido ganando visibilidad en los últimos años por el impulso de asociaciones de pacientes y familias, que reclaman más medios para la investigación y una atención específica. El hecho de que una figura tan conocida de la hípica como Astolfi dé a conocer su caso contribuye a poner rostro a una realidad todavía poco visible.

Trayectoria olímpica y peso histórico en la hípica española

Con una carrera que abarca varias décadas, Luis Astolfi es un nombre imprescindible del salto de obstáculos español. Representó a España en cuatro Juegos Olímpicos: Los Ángeles 1984, Seúl 1988, Barcelona 1992 y Sídney 2000, consolidándose como uno de los jinetes más constantes y reconocidos de su generación.

A lo largo de esas citas olímpicas, firmó dos diplomas por equipos en Los Ángeles 84 y Barcelona 92, resultados que apuntalaron su prestigio internacional y le situaron como referencia de la hípica nacional. Más allá de los Juegos, acumuló títulos en el ámbito estatal, entre ellos varios campeonatos de España, y se convirtió en una figura clave dentro del circuito ecuestre.

Su carrera deportiva no se limita a los resultados: para muchos aficionados y profesionales, Astolfi ha sido un símbolo de elegancia técnica y regularidad competitiva, además de uno de los nombres que han contribuido a dar proyección al salto de obstáculos español en Europa y Estados Unidos. Esta trayectoria explica en buena medida que su situación actual tenga tanto eco en el ámbito deportivo.

En los últimos años, el papel de Astolfi se ha ido desplazando de la pura competición hacia labores de formación y asesoramiento. Su experiencia en la alta competición le ha permitido convertirse en guía de nuevas generaciones de jinetes, tanto en España como en el extranjero, reforzando su condición de referente dentro del mundo ecuestre.

Vida entre Sevilla y Estados Unidos

Natural de Sevilla y estrechamente vinculado al Real Club Pineda, donde comenzó a montar a caballo siendo un niño, Astolfi ha mantenido siempre una fuerte relación con su ciudad. No en vano, fue homenajeado recientemente por el Ayuntamiento hispalense y por el propio club, un reconocimiento a toda una vida dedicada a la hípica y a la promoción de este deporte.

En la actualidad, el jinete reside en Estados Unidos. Varias informaciones apuntan a que se encuentra afincado en Florida, mientras que otras lo sitúan en la zona de Los Ángeles, en California, donde colabora con familiares ligados igualmente al mundo ecuestre. En cualquier caso, su día a día sigue girando en torno al caballo, ya sea en labores de entrenamiento, asesoramiento técnico o acompañando la carrera de nuevos talentos.

Astolfi describe una rutina marcada por el trabajo, que para él es también la mejor forma de afrontar la enfermedad. Afirma que sigue «trabajando todo» lo que puede y que eso le deja poco espacio para centrarse en otras preocupaciones. Su intención es permanecer vinculado a la hípica «hasta que Dios diga», tal y como señala con espontaneidad en la entrevista.

La renuncia a la competición llegó antes de que se hiciera público el diagnóstico de ELA. El propio jinete explica que dejó de competir en gran medida por los problemas en un brazo que arrastra desde un accidente anterior. Esa lesión, sumada ahora a la debilidad asociada a la enfermedad, hace inviable seguir en pista al máximo nivel, pero no ha logrado apartarlo de su entorno natural: las cuadras, las pistas de entrenamiento y el trato diario con los animales.

En su relato se percibe la figura de un profesional que asume con realismo los límites físicos que se le van imponiendo, pero que no renuncia a la actividad. Su objetivo no es tanto alargar la competición como mantenerse útil y cerca del caballo, contribuyendo con su experiencia a la formación de otros y disfrutando de la comunicación con los animales, un aspecto al que concede especial importancia.

Una forma serena de encarar la ELA

Uno de los aspectos que más llaman la atención de su testimonio es la actitud con la que afronta la enfermedad. Astolfi insiste en que no es una persona de «comerse el coco» y que no quiere organizar su vida en torno al miedo a lo que pueda suceder. Prefiere centrarse en el presente, conservar la autonomía el mayor tiempo posible y ajustarse a los cambios cuando estos lleguen.

En la entrevista se muestra pragmático: no ha elaborado una lista de cosas pendientes ni plantea grandes giros vitales. Al contrario, repite que su horizonte inmediato es seguir trabajando, ayudando a otros jinetes y disfrutando del contacto con los caballos. Para él, mantener la actividad es casi una forma de terapia, una manera de no dejarse arrastrar por la preocupación ni por la incertidumbre propia de la ELA.

También reconoce que la enfermedad le obliga a escuchar de otro modo a su propio cuerpo: habla de esa fragilidad incipiente en el habla, de la pérdida de fuerza en el brazo afectado y de la necesidad de aceptar que la capacidad física no es la misma que hace años. Con todo, subraya que aún se siente fuerte en términos generales y que conserva completa independencia para las tareas cotidianas.

Preguntado por el debate político y social en torno a la llamada ley ELA en España, el jinete opta por mantenerse al margen. Explica que pasa tanto tiempo trabajando que apenas sigue la actualidad política y que no se siente cómodo pronunciándose sobre promesas o decisiones de Gobierno. Admite conocer de oídas las iniciativas para mejorar la atención a los pacientes, pero su prioridad, recalca, es otra: centrarse en el día a día y en lo que todavía puede hacer.

Su testimonio encaja con la imagen pública que ha proyectado durante años: un deportista de perfil discreto, más volcado en la pista que en los focos mediáticos, que ahora afronta una situación dura con sobriedad y sin victimismo. Lejos de construir un relato épico de superación, se limita a explicar su realidad con franqueza y a reafirmar su voluntad de seguir vinculado al caballo mientras la salud se lo permita.

Relaciones personales y presencia en la crónica social

Además de su faceta deportiva, Luis Astolfi ha sido una figura conocida en la prensa del corazón. Durante los años ochenta se habló insistentemente de una relación sentimental con la infanta Elena, a quien conoció precisamente en el entorno de la hípica. Nunca se llegó a oficializar ese vínculo, pero fueron vistos en distintos actos ecuestres y en celebraciones como el Rocío Chico, lo que alimentó las especulaciones.

Con el paso del tiempo, sus caminos personales tomaron direcciones distintas, pero ambos habrían mantenido una relación de amistad basada en la afición compartida por los caballos. En fechas recientes, la infanta Elena acudió a Sevilla para acompañar al jinete en un acto de homenaje organizado por el Ayuntamiento y el Real Club Pineda, un gesto que evidenció la cercanía que conservan.

En el plano familiar, Astolfi contrajo matrimonio en 1990 con Isabel Flórez, con quien tuvo dos hijos. El matrimonio se rompió en 2012, pero el jinete ha seguido estrechamente vinculado a su familia y a su entorno más próximo. Su última aparición pública ampliamente recogida en los medios fue en la boda de su sobrino Joaquín con Alba María Valenzuela, celebrada en la Real Parroquia de Señora Santa Ana, en Sevilla, donde se le pudo ver integrado con normalidad en la celebración.

Estos episodios muestran cómo su figura ha trascendido el ámbito estrictamente deportivo. Para buena parte del público español, el nombre de Luis Astolfi está asociado tanto a las grandes citas ecuestres como a momentos destacados de la vida social vinculada a la Casa Real y a la alta sociedad sevillana. La noticia de su enfermedad, por tanto, ha tenido eco en medios deportivos, generalistas y de crónica social.

En paralelo, su biografía está salpicada de anécdotas que lo muestran como una persona cercana y de trato sencillo. Desde sus inicios montando el caballo de casa de su padre hasta relatos de su etapa de mili, no han faltado historias que retratan a un jinete muy integrado en la vida cotidiana, pese a haber competido al más alto nivel internacional.

Una figura clave para la visibilidad de la ELA en el deporte español

El hecho de que un deportista del peso simbólico de Luis Astolfi anuncie que padece ELA tiene un impacto que va más allá de la hípica. En España y en otros países europeos, las asociaciones de pacientes llevan tiempo reclamando una mayor visibilidad de esta enfermedad, así como recursos específicos para investigación, tratamientos y apoyo a las familias.

En este contexto, el testimonio de Astolfi se suma al de otros rostros públicos que, en los últimos años, han decidido hacer público su diagnóstico. Su caso pone de nuevo sobre la mesa la necesidad de reforzar los sistemas de atención sociosanitaria, adaptar recursos a las necesidades de cada fase de la enfermedad y avanzar en marcos legislativos como la mencionada ley ELA.

Para el entorno deportivo, además, su anuncio abre una reflexión sobre cómo se acompaña a los exdeportistas de élite cuando aparecen problemas de salud graves. La experiencia acumulada por figuras como Astolfi, con décadas de competición internacional, resulta valiosa no sólo en lo técnico, sino también en el plano humano, y plantea la conveniencia de articular redes de apoyo específicas.

Sin buscar ese protagonismo añadido, el jinete sevillano contribuye, simplemente al contar su historia, a que la ELA deje de ser una enfermedad casi invisible para parte de la sociedad. Su forma de afrontarla —centrada en la actividad, la autonomía y la aceptación gradual de los cambios— puede servir de referencia para otros pacientes y familiares que se enfrentan a diagnósticos similares.

La vida de Luis Astolfi, marcada por los recorridos de salto, los Juegos Olímpicos, la docencia ecuestre y una presencia constante en la hípica española, entra ahora en una etapa distinta, condicionada por la ELA pero no definida únicamente por ella. Su propósito es seguir trabajando, manteniendo su independencia y permaneciendo cerca de los caballos todo el tiempo que la salud se lo permita, fiel a la manera en que siempre ha entendido su profesión y su forma de estar en el mundo.

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