
El Hipódromo de La Zarzuela está ubicado a las afueras de la ciudad de Madrid, enclavado en el monte con el mismo nombre, La Zarzuela, muy cerca del Monte de El Pardo y formando parte de un importante corredor verde que conecta con la Casa de Campo. Este emplazamiento le permite ser, al mismo tiempo, un escenario deportivo de primer nivel y un auténtico pulmón natural para la capital.
Fue terminado de construir sobre unos terrenos propiedad del Patrimonio Nacional tras la expropiación del hipódromo anterior, el de La Castellana, cuyos suelos se destinaron a levantar el complejo administrativo de Nuevos Ministerios. De este modo, La Zarzuela se convirtió en el nuevo hogar del turf madrileño y en el heredero directo de toda la tradición hípica de la capital.
Además de su papel deportivo, el recinto ha sido, desde sus primeros años, un punto de encuentro social y cultural clave en Madrid. Durante décadas, familias enteras, aficionados, propietarios, criadores y curiosos se han acercado a la Cuesta de las Perdices para vivir la emoción de las carreras, disfrutar de la arquitectura del conjunto y pasar una jornada de ocio al aire libre.
Quien se acerque hoy al hipódromo descubrirá no solo una instalación deportiva, sino un espacio multifuncional donde conviven el deporte, la historia, la naturaleza y una completa oferta de ocio que incluye restauración, eventos corporativos, conciertos y actividades familiares. Esta capacidad para reinventarse sin perder su esencia explica que La Zarzuela siga siendo un referente del ocio en Madrid.
¿Queréis saber un poco más de este lugar y de cómo se fraguó la historia de las carreras de caballos en Madrid hasta llegar al actual Hipódromo de La Zarzuela?
Antes de entrar de lleno en la historia del hipódromo de La Zarzuela, vamos a retroceder unos años, hasta el momento en que las carreras de caballos se instalan en Madrid y van cobrando fama hasta consolidarse como espectáculo de masas. Pero antes de ello, y para abrir el apetito, os dejamos un vídeo de una carrera realizada en el Hipódromo de La Zarzuela:
<strong>https://www.youtube.com/watch?v=gDN55UysFoo</strong>
El comienzo de las carreras de caballos en Madrid

Antes de que el Hipódromo de La Zarzuela abriera sus puertas, las carreras de caballos en la capital española ya acumulaban más de un siglo de historia. Las crónicas recogen que la primera carrera de caballos de la que se tiene constancia en Madrid se celebró en la Alameda de Osuna, en los terrenos de los duques del mismo nombre. Aquella primera cita marcó el inicio de lo que se considera el comienzo del turf español.
Poco a poco, las carreras se fueron extendiendo a otros escenarios como la Casa de Campo y el Paseo de las Delicias, donde se organizaban pruebas sin una reglamentación fija. Se trataba de carreras de carácter festivo, impulsadas por la nobleza y la alta sociedad madrileña, en las que ya aparecían los primeros caballos de pura sangre importados del extranjero.
En este contexto destaca la figura del Duque de Osuna, gran apasionado del mundo equino, que junto a su hermano y varios amigos fundó la Sociedad de Fomento de la Cría Caballar de España (SFCCE). El objetivo de esta entidad era impulsar las carreras de caballos en Madrid, proteger la competición y, sobre todo, fomentar la cría de caballos de carreras de calidad en nuestro país. Por este motivo se le considera una figura clave y, para muchos historiadores, el auténtico padre del turf español.
Con la consolidación de esta afición, comenzaron las carreras en el nuevo hipódromo de la Casa de Campo. Aun así, seguían careciendo de una reglamentación sólida. Esto empezó a solucionarse cuando se decidió adoptar el código de carreras francés como modelo, complementándolo después con artículos procedentes del Jockey Club inglés. De este modo, las carreras madrileñas se alinearon con los estándares internacionales y dieron un salto cualitativo en organización y profesionalización.
El crecimiento del turf madrileño hizo necesaria la construcción de un recinto específico y mejor preparado. Así nació el Hipódromo de La Castellana, que contaba con una pista de algo más de 1.400 metros de cuerda. Allí se disputó el primer Gran Premio de Madrid, una prueba que con el tiempo sentaría las bases del posterior Gran Premio Nacional y de la Copa de Su Majestad el Rey, y que terminaría siendo la gran carrera de referencia del calendario español.
Paralelamente, el turf español avanzaba a pasos agigantados. La creación de la Comisión del Registro Matrícula de Caballos Pura Sangre Español permitió catalogar y controlar la cría de los mejores ejemplares, algo imprescindible para competir con los grandes stud-books internacionales. También se introdujo en España el primer semental pura sangre inglés, responsable de producir varios ganadores del Gran Premio Nacional, lo que elevó el nivel de la cría nacional y acercó el turf madrileño a los estándares europeos.
Con el auge de las carreras se fueron inaugurando otros recintos hípicos, como el Hipódromo de Aranjuez, instalado en terrenos vinculados a la Casa Real. Este recinto llegó a acoger ediciones del Gran Premio de Madrid cuando el hipódromo de La Castellana dejó de poder utilizarse por la transformación urbanística de la ciudad. El cierre de La Castellana y la proyección de Nuevos Ministerios marcaron el inicio de la búsqueda de un nuevo gran hipódromo en Madrid, que terminaría siendo La Zarzuela.
En aquellos primeros tiempos del turf, algunos de los caballos más relevantes fueron Colindres, Nouvel An y Atlántida, auténticos ídolos de la afición. Más adelante, ya en La Zarzuela, brillarían también grandes jockeys como Victoriano Jiménez y Carlos Díez, que se convirtieron en referentes del hipismo español tras el paréntesis que supuso la Guerra Civil.

Historia del Hipódromo de La Zarzuela
Con la clausura del Hipódromo de La Castellana motivada por el crecimiento urbano de Madrid y la construcción de Nuevos Ministerios, las autoridades y los principales actores del turf se propusieron levantar un nuevo gran hipódromo a las afueras de la ciudad. Así se aprobó la construcción del Hipódromo de La Zarzuela en los terrenos del monte del mismo nombre.
Para seleccionar el proyecto se convocó un concurso de arquitectura e ingeniería que ganó el equipo formado por el ingeniero Eduardo Torroja y los arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez. Se inspiraron en recintos de referencia como el Hipódromo de San Siro de Milán, pero introduciendo soluciones estructurales tan avanzadas que el conjunto acabaría considerado una de las obras maestras de la arquitectura madrileña del siglo XX.
Las obras comenzaron poco después y, a pesar de las dificultades del contexto histórico, el hipódromo pudo terminarse manteniendo fieles las ideas originales del proyecto. En los primeros años de funcionamiento, para reponer los caballos perdidos durante la contienda y recuperar el nivel competitivo, se importaron numerosos pura sangre extranjeros. Esta apuesta permitió que, en muy poco tiempo, La Zarzuela fuera de nuevo escenario de carreras de máximo nivel en el calendario nacional.
En apenas una década desde su apertura, el Hipódromo de La Zarzuela se convirtió en el epicentro de la vida social madrileña. Las jornadas de carreras congregaban a aristócratas, empresarios, militares, diplomáticos, escritores, artistas y aficionados de todos los rincones del país. Acudir los domingos al hipódromo con las mejores galas se transformó en toda una tradición para la alta sociedad madrileña.
Con el paso de los años, el hipódromo fue incorporando todos los adelantos técnicos que se iban introduciendo en los principales recintos europeos. Se mejoraron las pistas de entrenamiento, se completaron las instalaciones para los jockeys y se construyó una enfermería moderna. También se levantó una nueva tribuna de general para acoger a un público cada vez más numeroso.
El desarrollo económico del país se reflejó en el hipódromo mediante mayor volumen de apuestas, premios más elevados y una notable mejora en la calidad media de los caballos estabulados en el recinto. En esos años se adquirieron equipamientos pioneros para la época, como la foto-finish para determinar con precisión la llegada, los cajones de salida modernos o el sistema de totalizador de apuestas, así como el control antidopaje que alineó a La Zarzuela con los estándares internacionales.
En las décadas posteriores, el Hipódromo de La Zarzuela vivió momentos de gran esplendor, con grandes premios de prestigio, llenos históricos y la aparición de caballos míticos. Entre ellos, uno de los más admirados fue El País, único ganador en tres ocasiones consecutivas del Gran Premio de Madrid en La Zarzuela, hazaña que le permitió igualar el récord de leyendas como Nouvel An y Colindres en el antiguo hipódromo de La Castellana. Sus triunfos, logrados portando pesos muy exigentes y ante rivales de enorme nivel, lo convirtieron en un auténtico símbolo para la afición.
También en este periodo se produjo un proceso de modernización continua del recinto: se implantó la pista de steeple-chase, se perfeccionaron los sistemas de cronometrado, se profesionalizó el control veterinario y se reforzó la seguridad para caballos y jinetes. La Zarzuela se confirmaba como uno de los hipódromos más avanzados de Europa desde el punto de vista técnico y organizativo.
No obstante, los años posteriores trajeron consigo un periodo de crisis para el hipódromo madrileño. Problemas de gestión, dificultades económicas y litigios entre la empresa concesionaria y Patrimonio Nacional derivaron en el cese temporal de las carreras. Durante varios años, el recinto permaneció cerrado al público mientras se resolvían cuestiones administrativas y se definía un nuevo modelo de explotación.
Tras este largo paréntesis, el Hipódromo de La Zarzuela reabrió sus puertas renovado y con una clara vocación de convertirse de nuevo en referente del turf y del ocio madrileño. Se acometieron obras de restauración y mejora respetando la estructura original, se modernizaron los servicios y se diseñó una temporada de carreras repleta de actividades complementarias: conciertos, propuestas gastronómicas, eventos de empresa y planes familiares que conviven con la esencia del deporte hípico.
Hoy, La Zarzuela cuenta con una superficie aproximada de 110 hectáreas, un tamaño similar al del Parque de El Retiro, lo que lo convierte en uno de los espacios verdes más extensos y valiosos de Madrid. En su interior se distribuyen varias pistas de arena para competición y entrenamiento, una pista de hierba de gran calidad, zonas de cuadras, patios de ensillado, áreas de trabajo para los profesionales, aparcamientos y amplias tribunas desde las que se divisa todo el conjunto.
En la actualidad, el Hipódromo de La Zarzuela es un centro de entrenamiento y carreras que acoge en torno a un millar de caballos y una zona medioambiental protegida. Su localización estratégica, a solo unos minutos del centro de Madrid, y su combinación de patrimonio arquitectónico, naturaleza y deporte lo han convertido en uno de los espacios de ocio más atractivos de la ciudad, con jornadas diurnas y nocturnas que reúnen a aficionados de todas las edades.
Un espacio vivo: carreras, ocio y servicios para el visitante
Más allá de su historia, La Zarzuela funciona hoy como un hipódromo moderno, pensado para acoger tanto a expertos en turf como a quienes se acercan por primera vez. A lo largo del año se programan varias temporadas de carreras de caballos en Madrid, alternando reuniones diurnas y nocturnas para adaptarse a las diferentes épocas y al clima de la ciudad.
Las reuniones incluyen pruebas sobre pista de hierba y sobre superficie de arena o fibra sintética, lo que permite mantener una alta calidad del firme incluso en días de meteorología adversa. En cada jornada se disputan diversas carreras en diferentes distancias y categorías, desde pruebas para potros debutantes hasta grandes premios para ejemplares contrastados de alto hándicap.
El visitante que se acerca al hipódromo cuenta con tribunas con buena visibilidad de toda la pista, zonas de restauración informal para disfrutar de tapas y comidas rápidas y espacios de hostelería más exclusiva, pensados para quienes desean vivir las carreras con un plus de comodidad. Muchos de estos espacios se integran en las propias tribunas históricas, respetando su valor arquitectónico.
Durante las jornadas de carreras es posible participar en el sistema de apuestas hípicas, una manera adicional de implicarse en el espectáculo. Las apuestas se realizan en ventanillas físicas y también mediante sistemas electrónicos, siempre bajo una regulación estricta que garantiza la transparencia. Para quienes se inician en el turf, es habitual encontrar paneles informativos y programas de mano que explican cómo leer los pronósticos, los pesos que lleva cada caballo y la categoría de cada carrera.
El hipódromo ha apostado en los últimos años por abrirse a un público más amplio, por lo que en muchas reuniones se organizan actividades paralelas: conciertos al aire libre, food trucks, mercadillos temáticos, talleres para niños relacionados con el mundo del caballo y zonas de juegos. Este enfoque familiar y de ocio completo refuerza la idea de La Zarzuela como destino de fin de semana, más allá del mero interés deportivo.
Otro aspecto importante es la celebración de eventos privados. Empresas y particulares utilizan los distintos espacios del hipódromo para organizar congresos, presentaciones de producto, rodajes, bodas o cenas de gala, aprovechando la espectacularidad de las tribunas y del entorno natural. Esta versatilidad ayuda a garantizar la sostenibilidad económica del recinto y contribuye a la conservación del monumento.
Para quienes desean obtener información práctica, el hipódromo pone a disposición canales de contacto como el teléfono de atención y el correo electrónico corporativo, además de una presencia activa en redes sociales especializadas en la difusión de sus jornadas y actividades. A través de estos medios, el visitante puede consultar horarios de apertura, compra de entradas, normas de acceso y detalles sobre el calendario de carreras.
El monumento
Las tribunas del Hipódromo de La Zarzuela fueron declaradas Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de monumento, reconocimiento que subraya su enorme valor patrimonial. Este conjunto, diseñado por Carlos Arniches, Martín Domínguez y el ingeniero Eduardo Torroja, está considerado una de las obras maestras de la arquitectura e ingeniería madrileña del siglo XX.
El sistema de grandes voladizos de hormigón armado que coronan las cubiertas de las tribunas supuso un avance revolucionario desde el punto de vista estructural y material. Estas cubiertas, ligeras y elegantes, permiten una visión impecable de la pista sin pilares intermedios que obstaculicen la perspectiva del público, y siguen siendo objeto de estudio por parte de especialistas nacionales e internacionales.
Uno de los grandes méritos del hipódromo es que conserva su estructura original prácticamente intacta, lo que ha permitido apreciar con claridad el valor del proyecto inicial y, al mismo tiempo, desarrollar cuidadas intervenciones de restauración. El trabajo realizado por el estudio Junquera Arquitectos en las obras de Restauración y Rehabilitación fue reconocido con importantes premios, entre ellos el Primer Premio del Colegio de Arquitectos de Madrid por la recuperación del conjunto y su adaptación a las necesidades actuales.
La protección como BIC garantiza que el Hipódromo de La Zarzuela continúe siendo un referente internacional en arquitectura del movimiento moderno, al mismo tiempo que asegura la preservación de su identidad original para las generaciones futuras. No son pocas las voces autorizadas que han propuesto incluso su candidatura a la lista de Patrimonio Mundial, apoyándose en su singularidad, su integración en el paisaje y la perfección técnica de sus estructuras.
Además de su valor arquitectónico, el recinto se concibe hoy como un espacio dinámico, capaz de albergar eventos diferentes más allá de las carreras de caballos, siempre con el objetivo de generar recursos para su mantenimiento y seguir difundiendo la cultura del turf. La coexistencia de historia, deporte, ocio y naturaleza hace de La Zarzuela un lugar único en Madrid.
En paralelo al reconocimiento arquitectónico, la memoria del hipódromo y de las carreras en España se ha visto reforzada por iniciativas culturales como libros, exposiciones y la creación de una biblioteca especializada en el mundo del turf, que reúne miles de tomos, revistas, fotografías, grabados, carteles y vídeos. Estos fondos, fruto de donaciones de propietarios, periodistas e historiadores, permiten que cualquier aficionado o investigador pueda profundizar en la historia del Hipódromo de La Zarzuela y en la evolución de las carreras de caballos en nuestro país.
Hoy, el Hipódromo de La Zarzuela sigue atrayendo a los amantes de la hípica con un completo programa de carreras sobre hierba y fibra, combinando la emoción del espectáculo deportivo con propuestas de ocio contemporáneo. El recinto ha sabido reinventarse sin renunciar a sus raíces, y continúa siendo uno de los lugares más emblemáticos de Madrid para disfrutar del caballo de carreras, de la arquitectura y del entorno natural en un mismo espacio.
La suma de su historia centenaria, su papel como heredero del Hipódromo de La Castellana, su arquitectura icónica y su condición de gran parque verde hacen que La Zarzuela sea mucho más que un hipódromo: es un símbolo de cómo el turf madrileño ha sabido adaptarse a los cambios sociales, económicos y urbanos, manteniendo siempre vivo el vínculo entre Madrid y las carreras de caballos.
Si te apasionan los caballos, la historia o la arquitectura, una visita al Hipódromo de La Zarzuela permite comprender de un vistazo cómo han evolucionado las carreras de caballos en Madrid, desde aquellas primeras pruebas en la Alameda de Osuna hasta el moderno y vibrante recinto que hoy sigue latiendo al ritmo de cada salida de los cajones.




