
El rejoneador y ganadero jerezano Álvaro Domecq Romero ha fallecido a los 85 años en su ciudad natal, Jerez de la Frontera, dejando una huella indeleble en el mundo del caballo y del toro. Su figura, vinculada a la tradición ecuestre andaluza y a la tauromaquia, trasciende generaciones y fronteras.
La noticia ha causado una honda consternación en Jerez y en el sector ecuestre de España. Fue fundador de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre y alma de la ganadería Torrestrella, además de un nombre imprescindible del rejoneo, donde firmó una carrera plagada de triunfos y actuaciones históricas.
Velatorio y funeral en Jerez
Los restos mortales serán velados en la capilla ardiente instalada en su domicilio, en un ambiente de recogimiento familiar y de afecto de amigos, profesionales y aficionados que desean despedirle.
El funeral tendrá lugar el miércoles a las 11:00 en la Catedral de Jerez. La alcaldesa, María José García-Pelayo, ha trasladado las condolencias institucionales y la ciudad ha decretado días de luto oficial como muestra de respeto y homenaje a su memoria.
Una vida a caballo entre el toro y la doma
Nacido el 8 de abril de 1940, creció en una estirpe estrechamente ligada a la tauromaquia y al campo bravo, con su padre, Álvaro Domecq y Díez, como referente. Desde niño mostró afición por el caballo y por las faenas camperas, participando muy pronto en labores de acoso y derribo.
Se presentó como rejoneador en la plaza de Ronda el 13 de septiembre de 1959 y tomó la alternativa al año siguiente en El Puerto de Santa María, abriendo una etapa de éxitos en las principales plazas de España y del extranjero. En Madrid, Barcelona y otras ciudades dejó tardes memorables que cimentaron su fama de gran renovador del toreo a caballo.
Durante décadas sumó más de 2.000 festejos en España, Portugal, Francia y América Latina, y formó parte del célebre cartel de “Los cuatro jinetes de la apoteosis” junto a Ángel y Rafael Peralta y José Samuel Lupi. Su despedida definitiva de los ruedos se produjo el 12 de octubre de 1985 en Jerez, en una cita para el recuerdo que subrayó su conexión con su tierra.
Impulso al arte ecuestre y espectáculos emblemáticos
Su mayor aportación fuera de los ruedos fue la creación y proyección de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, institución que convirtió a Jerez en epicentro del caballo andaluz y que ha formado a generaciones de jinetes con un sello internacionalmente reconocido.
Fue el creador del espectáculo “Cómo bailan los caballos andaluces”, emblema cultural que llevó el arte ecuestre a grandes escenarios y eventos, y promovió también “A Campo Abierto”, acercando al gran público la doma, la vaquera y las labores tradicionales del campo. Su propuesta se exhibió incluso en el Madison Square Garden de Nueva York, contribuyendo a difundir el prestigio del caballo de pura raza española.
Ganadero y empresario: Torrestrella y las bodegas
Como ganadero, tomó las riendas del hierro de Torrestrella, referencia de la Ruta del Toro y origen de grandes tardes en los cosos. Durante años, el hierro pastó en la finca Los Alburejos, y ya en tiempos recientes la familia reorganizó sus explotaciones, manteniendo el prestigio del encaste.
Su actividad se extendió al mundo del vino con las Bodegas Álvaro Domecq, proyecto que impulsó a finales de los 90 y que ha colocado etiquetas de Jerez en los principales mercados internacionales, reforzando el vínculo de la saga con otro de los emblemas de la ciudad.
Reconocimientos y distinciones
A lo largo de su trayectoria recibió galardones de primer nivel: Medalla de Andalucía (2024), Hijo Predilecto de Jerez y el Premio Caballo de Oro, entre otras distinciones del ámbito taurino, ecuestre e institucional que refrendan su aportación cultural y deportiva.
Además de su papel como jinete y criador, se le reconoció su labor como embajador de la cultura del caballo andaluz, tanto dentro como fuera de España, por su constante defensa del patrimonio ecuestre y de las tradiciones del campo.
Reacciones y un día de luto para el mundo del caballo
Las muestras de pesar han llegado desde instituciones, aficionados y profesionales. El Ayuntamiento de Jerez ha declarado luto oficial y representantes de la Junta de Andalucía han subrayado la pérdida de un referente que contribuyó de forma decisiva a la proyección del arte ecuestre.
La noticia coincide con horas especialmente tristes para el entorno ganadero de Jerez, tras el reciente fallecimiento de Ana María Bohórquez. La ciudad vive estos días un clima de respeto, memoria y reconocimiento a una generación que marcó el rumbo del caballo y del toro en Andalucía.
Con su adiós, Jerez pierde a un nombre imprescindible, pero perdura un legado inmenso: el del rejoneador, el ganadero y el impulsor cultural que ayudó a colocar el caballo andaluz en el mapa mundial y a hacer de la afición un patrimonio compartido.
