El mercado ganadero de Castroverde, en plena comarca de Lugo, vive una situación inusual. Catorce equinos permanecen en estas instalaciones a la espera de que un dueño aparezca con la documentación en regla. Si nadie los reclama antes del lunes, la Xunta de Galicia tiene previsto hacerse cargo y derivarlos a un centro de acogida para animales. Una decisión que no llega sola, sino después de meses de quejas vecinales y algún que otro susto al volante.
El alcalde de la localidad, José MarÃa Arias, ya ha puesto el asunto en conocimiento del Gobierno autonómico. En declaraciones recogidas en la zona, el regidor explica que estos animales «levan meses soltos, pacendo sen control polos arredores, con danos en cultivos e poñendo en perigo aos condutores». Una frase que resume a la perfección el desgaste que está generando la presencia de estos animales en el municipio.
Un problema que arrastra daños y peligro en carreteras
No es una molestia menor. Durante semanas, los vecinos han ido comprobando como los animales irrumpÃan en fincas y cultivos, dejando un reguero de destrozos que han afectado de manera directa a la economÃa agraria. Pero el asunto más delicado está en las carreteras locales, especialmente en las vÃas secundarias. Un animal del peso de un caballo puede aparecer de repente en la calzada, lo que fuerza un frenazo o un cambio de carril con el consiguiente riesgo.
Los daños en cultivos y el peligro de accidente han sido el detonante para que el concello decidiera intervenir de una vez. A principios de semana se publicó un bando municipal que instaba a los propietarios o a cualquier persona que pudiera acreditar su titularidad a presentarse en el plazo de 48 horas. La advertencia era clara: si no se hacÃa, se buscarÃa un destino alternativo para los animales. Esa opción, ahora mismo, passa por los servicios de protección animal de la Xunta.
La identificación es el gran obstáculo
Aquà es donde el asunto se complica de verdad. Los catorce ejemplares que están en las instalaciones del mercado ganadero no presentan un punto en común en cuanto a su identificación. Tan solo cinco de ellos portan un microchazo de trazabilidad. El resto no tiene ningún sistema que permita saber de quién son, de qué explotación proceden o si han sido abandonados a su suerte.
El regidor José MarÃa Arias reconoce que esta falta de chips convierte la gestión en un auténtico quebradero de cabeza. Según la normativa gallega, es responsabilidad de los propietarios acreditar su derecho sobre cada animal. Quien no tenga un documento válido que le haga acreedor, ya puede ir olvidando la idea de recuperarlo. La Xunta solo devolverá los ejemplares a las personas que presenten la documentación pertinente, por lo que la cita del lunes se ha convertido en un muro infranqueable para aquellos que han optado por dejar pasar el tiempo.
En el plano sancionador, el alcalde tampoco descarta que las consecuencias vayan más allá de la pura gestión. Unos animales que llevan meses sueltos constituyen una infracción de la normativa de identificación y custodia, y una que puede acabaren una multa para los responsables. El propio alcalde señala que lo prioritario ahora es proteger el bienestar de los caballos, pero no cierra la puerta a que se depuren responsabilidades.
La sequÃa y el contexto del pastoreo
Cualquiera que conozca el rural gallego sabe que estos casos no son aislados. La sequÃa está ha secado los pastos en buena parte de la provincia de Lugo, y las vacas no han encontrado otra forma que buscar alimento en sitios que no habilitados. Lo mismo ha sucedido con estos caballos. La falta de hierba en los prados los ha empujado a ir más allá de los lÃmites, cruzando vallas y entrando en propiedades privadas.
El alcalde, sobre la evolución de la sequÃa, ha restado importancia a las lluvias recientes, que han sido «escasas» y apenas han servido para refrescar un terreno quemado. En su propia palabras: «Mollaron un pouquiño, trouxeron unhas horas de frescura ao terreo pero poucomáis, de momento é o que hai». Nada que pueda hacer que las fuentes renazcan o que los pastos recuperen el verde que necesitan para alimentar a un número de cabezas tan elevado.
Para tratar de revertir esta situación, desde la Xunta se han puesto en marcha proyectos como el vallado virtual, que permite monitorear el pastoreo sin necesidad de alambradas fÃsicas. Un sistemas con potencial para evitar incendios y optimizar los recursos naturales, pero que no sustituye lo básico: que el dueño se responsabilice de su ganado, lo identifique y lo vigile. El abandono de estos 14 ejemplares es una prueba de que la técnica no resuelve la negligencia.
La localidad lucense ve asà cómo un hecho, en principio aislado, se convierte en un ejemplo de lo que ocurre cuando falla la convivencia entre el rural y la administración. Lo que pasen ahora en Castroverde marcará un precedente para futuras ocasiones. Las autoridades han puesto la última estación para que los dueños hagan acto de presencia, y si no lo hacen, los servicios de protección animal se harán cargo. Una historia que apela a la responsabilidad de quienes tienen la ganaderÃa, pero también la necesidad de una mayor control sobre las condiciones extremas de un sector que sufre la falta de lluvia.

