El funeral de Álvaro Domecq reúne a Jerez en un último adiós

  • Funeral solemne en la Catedral de Jerez con asistencia masiva y autoridades
  • Cortejo ecuestre de la Real Escuela con doce caballos y presencia de ‘Yute’
  • Dos días de luto oficial y capilla ardiente en su domicilio
  • Amplio reconocimiento a su legado: Real Escuela, Torrestrella y “Cómo bailan los caballos andaluces”

funeral en jerez

La Catedral de Jerez de la Frontera acogió a media mañana un adiós multitudinario a Álvaro Domecq Romero, fallecido a los 85 años, figura clave del rejoneo y del arte ecuestre andaluz. Familiares, amistades y representantes del mundo del caballo y del toro se dieron cita en un oficio solemne y profundamente respetuoso.

El último homenaje estuvo precedido por un cortejo de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, institución que él fundó, en el que doce caballos escoltaron la comitiva y destacaba ‘Yute’, el corcel más cercano a Domecq, que marchó sin jinete. El Ayuntamiento decretó dos días de luto oficial con banderas a media asta.

La ceremonia en la Catedral

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La misa comenzó a las 11:00 horas en la Catedral de Nuestro Señor San Salvador, con un templo abarrotado por quienes quisieron acompañar a la familia. El oficio lo presidió Luis Piñero Carrasco, vicario episcopal, que glosó la huella humana y profesional del rejoneador.

El ambiente estuvo marcado por la sobriedad y el recogimiento, con la interpretación del Coro Capilla San Pedro Nolasco, el organista José Carlos Gutiérrez y el violín de Fernando Franco. Al finalizar, sonó una sentida Salve Rociera a cargo de José María Núñez, con la guitarra de Joaquín Vallejo.

Durante la liturgia, varios miembros de la familia leyeron peticiones y una carta de despedida que subrayó sus valores, su generosidad y su ejemplo, un recuerdo íntimo a la vez que compartido por toda la ciudad.

Acompañamiento ecuestre y recorrido del cortejo

El cortejo fúnebre partió a primera hora desde la sede de la Real Escuela y recorrió calles emblemáticas del centro de Jerez como Divina Pastora, Sevilla, plaza del Mamelón, Alameda Cristina, Tornería, plaza de la Asunción, José Luis Díez, plaza del Arroyo y Beaterio, hasta llegar a la puerta principal del templo.

Los doce caballos de la institución, guiados por jinetes que portaban brazaletes negros en señal de duelo, aguardaron en el exterior durante la ceremonia y, a la salida, acompañaron al coche fúnebre por la Calzada del Arroyo hasta su regreso a la Real Escuela, dejando una estampa inequívocamente jerezana.

Asistentes y muestras de cariño

Entre los asistentes destacaron figuras del toreo y del rejoneo como Curro Romero y Carmen Tello, Miguel Báez ‘Litri’, El Juli, Juan José Padilla, Francisco y Cayetano Rivera Ordóñez, Jesulín de Ubrique, Víctor Janeiro, Fermín Bohórquez y Rui Fernandes, además de miembros de la familia Domecq y numerosos amigos y trabajadores.

La alcaldesa, María José García-Pelayo, trasladó públicamente el pesar de la ciudad y subrayó el papel de Domecq como “Hijo Predilecto” y referente del patrimonio ecuestre de Jerez. También se vieron coronas de flores blancas enviadas por Juan Carlos I y las infantas Elena y Cristina, además de otras ofrendas como la de Los del Río.

Capilla ardiente y luto oficial

La capilla ardiente se instaló en su domicilio particular, donde la familia pidió discreción, si bien a lo largo de la jornada se acercaron numerosos allegados y admiradores. El Consistorio mantuvo dos días de luto oficial, un gesto compartido por instituciones y entidades del ámbito ecuestre.

La viuda, Maribel Domecq Ybarra, acudió arropada por familiares cercanos, entre ellos sus sobrinos rejoneadores, mientras la ciudad reiteraba el afecto a una de sus personalidades más queridas y vinculadas a la identidad local.

Trayectoria y legado de una figura irrepetible

Nacido en Jerez en 1940, debutó como rejoneador en Ronda en 1959, tomó la alternativa un año más tarde en El Puerto de Santa María y se retiró en Jerez el 12 de octubre de 1985. Protagonizó tardes señaladas como la Puerta Grande en Las Ventas (1983) y formó parte de los llamados “Jinetes del apoteosis”.

Como creador e impulsor del espectáculo “Cómo bailan los caballos andaluces”, lo presentó en 1973 con motivo del Caballo de Oro, germen de la actual Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, fundada dos años después y convertida en referencia internacional del caballo andaluz.

Ganadero y empresario, vinculó su nombre a la ganadería Torrestrella, criada en la finca Los Alburejos, y difundió por medio mundo la excelencia del caballo de pura raza española. Su labor fue reconocida con el Caballo de Oro, el nombramiento de Hijo Predilecto de Jerez (2022) y la Medalla de Andalucía a la Proyección (2024), entre otros premios.

Para el director de la Real Escuela, Rafael Olvera, la figura de Domecq marcó “un antes y un después” en la doma clásica. Sus alumnos, compañeros y amigos remarcan que su mayor legado es haber logrado que Jerez y el arte ecuestre andaluz brillen dentro y fuera de España.

El adiós en la Catedral, el cortejo de caballos y las muestras de cariño de la ciudad y del mundo del toro y del caballo reforzaron la magnitud de su trayectoria; un tributo compartido que consagra su nombre en la memoria colectiva de Jerez y en la historia del arte ecuestre europeo.