El despliegue de elegancia y tradición hípica en Royal Ascot

  • La cita mantiene sus raíces históricas iniciadas por la reina Ana en 1711, consolidándose como el evento hípico más relevante de Europa.
  • El estricto código de vestimenta sigue siendo el gran protagonista, exigiendo chaqué y sombrero de copa en el exclusivo recinto real.
  • La presencia de la Familia Real Británica y de grandes inversores de Oriente Medio refuerza el carácter internacional de la competición.
  • A pesar de las ausencias mediáticas, el certamen reparte millones de euros en premios a través de carreras legendarias como la Gold Cup.

Ambiente en las carreras de Ascot

Cada año, cuando el calendario se acerca a la tercera semana de junio, la atención de los aficionados a la hípica y de los amantes de la moda se desplaza irremediablemente hacia Berkshire. Este rincón del Reino Unido se viste de gala para acoger una nueva edición de Royal Ascot, una cita que, más allá de la competición deportiva, es un auténtico escaparate de la alta sociedad y la tradición británica que se ha mantenido viva durante siglos.

No se trata simplemente de una serie de carreras de caballos; es un evento donde la pompa, el boato y la presencia de la monarquía se fusionan en un entorno único. Con una historia que arrancó en 1711 de la mano de la reina Ana, el hipódromo se ha convertido en el escenario perfecto para que los mejores purasangres del mundo galopen a toda velocidad en busca de la gloria y de una bolsa de premios que este año alcanza cifras astronómicas.

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La Procesión Real y los protagonistas en las pistas

Familia Real en Ascot

Uno de los momentos más esperados de cada jornada es, sin duda, la Procesión Real. Esta costumbre, que se instauró formalmente en 1825, marca el inicio de las carreras a las dos de la tarde en punto. Ver a los reyes Carlos y Camilla, acompañados por los príncipes de Gales, llegar en sus carruajes desde el castillo de Windsor es una imagen que define la esencia misma de este encuentro ecuestre tan particular.

Aunque la reina Isabel II fue la gran valedora de este evento durante sus siete décadas de reinado, la actual generación de los Windsor mantiene el pabellón bien alto. Este año, figuras como la princesa Ana o los duques de Edimburgo también se dejan ver por el recinto, compartiendo espacio con personalidades internacionales y grandes propietarios de cuadras procedentes de Arabia Saudí o Kuwait, quienes realizan inversiones millonarias en el sector hípico europeo.

En lo estrictamente deportivo, la competición no da tregua. Carreras de renombre como la Gold Cup o la Diamond Jubilee Stakes atraen a jinetes de élite como William Buick, quienes compiten por una parte de los trece millones de euros que se reparten en premios. Es un espectáculo de primer nivel donde la estrategia en la pista es tan importante como el pedigrí de los animales que participan.

El rigor del protocolo y el famoseo en las gradas

Detalles del código de vestimenta

Si hay algo que caracteriza a Royal Ascot por encima de cualquier otro evento deportivo es su inamovible código de vestimenta. Desde que el famoso dandy Beau Brummel dictara las normas en el siglo XIX, los hombres deben lucir chaqué y sombrero de copa, preferiblemente en tonos negros o grises, mientras que para las mujeres el uso de pamelas y tocados es prácticamente un mandamiento estético.

El ambiente alcanza su punto álgido durante el conocido como Ladies Day, donde la creatividad se desata en las gradas. No es raro ver diseños de sombreros extravagantes que desafían las leyes de la gravedad, convirtiendo el hipódromo en una pasarela improvisada. En el exclusivo Royal Enclosure, las reglas son todavía más estrictas: los vestidos deben respetar un largo determinado por debajo de la rodilla y los tirantes finos están totalmente prohibidos, manteniendo ese aire de distinción que tanto gusta en estos círculos.

Entre los invitados, siempre hay hueco para caras conocidas. Desde miembros de la familia Middleton, como los padres de la princesa de Gales, hasta celebridades de la talla del actor Stanley Tucci o el cantante James Blunt, nadie quiere perderse la oportunidad de lucir sus mejores galas. No obstante, las ausencias también dan que hablar, ya que no se cuenta con la asistencia de los duques de Sussex ni del príncipe Andrés, dejando el protagonismo a los miembros activos de la Corona.

Tradición que se adapta a los nuevos tiempos

Carreras de caballos en el hipódromo

A pesar de su imagen tradicional, el evento sabe cómo mantenerse vigente atrayendo a un público global. La influencia de las monarquías del Golfo Pérsico ha inyectado una vitalidad económica fundamental para el mantenimiento de las infraestructuras y la calidad de las competiciones. Este vínculo no es solo diplomático, sino que responde a una pasión compartida por la cría de caballos de carreras que traspasa fronteras y culturas.

Para quienes visitan el hipódromo por primera vez, la experiencia puede resultar abrumadora por la cantidad de protocolos y la etiqueta exigida, pero lo cierto es que es una oportunidad única para vivir de cerca un trozo de la historia británica. La mezcla de cotilleo, apuestas deportivas y alta costura genera una atmósfera que difícilmente se encuentra en otros lugares de Europa, haciendo que el viaje hasta Ascot valga la pena.

La combinación de un legado que supera los tres siglos con la emoción de las carreras de caballos modernas garantiza que el interés por este certamen no decaiga con el paso de los años. Entre sombreros imposibles, carruajes reales y purasangres de leyenda, la cita se reafirma como un pilar básico de la temporada social veraniega, dejando claro que el protocolo y el deporte pueden ir de la mano perfectamente en un espectáculo que sigue cautivando a propios y extraños.


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