Diego Ventura alcanza su histórica vigésima Puerta Grande en la plaza de Las Ventas

  • Diego Ventura logra la gesta de salir a hombros por vigésima vez en la capital, superando registros históricos de leyendas del toreo.
  • El jinete de La Puebla del Río cuajó dos faenas de altísimo nivel técnico y emocional, destacando su actuación con el quinto toro de la tarde.
  • La corrida de María Guiomar Cortés de Moura ofreció un juego interesante para el rejoneo, permitiendo el lucimiento de la terna en una tarde de lleno absoluto.
  • Rui Fernandes mostró su veteranía lusitana y Lea Vicens paseó un trofeo en un festejo marcado por la entrega del público de San Isidro.

Diego Ventura saliendo a hombros en Las Ventas

La tarde se presentaba con esa atmósfera eléctrica que solo los grandes acontecimientos de San Isidro saben generar. Con el cartel de «no hay billetes» colgado desde hace días, los 23.800 espectadores que abarrotaron la Monumental buscaban ser testigos de un hito que se le había resistido al jinete sevillano en las últimas campañas. El bochorno madrileño no impidió que la expectación fuera máxima para ver si, finalmente, el centauro de La Puebla del Río lograba cruzar el umbral de la gloria una vez más.

El objetivo no era otro que alcanzar la vigésima salida a hombros por la Puerta Grande, una cifra que sitúa a Diego Ventura en una dimensión casi inalcanzable para cualquier otro torero, ya sea a pie o a caballo. Para ponerlo en perspectiva, figuras míticas como El Viti se detuvieron en las dieciséis, lo que da una idea de la magnitud de la hazaña lograda este sábado sobre el albero venteño. Lo que se vivió en el ruedo fue una mezcla de técnica depurada, valor seco y una conexión con los tendidos que solo los elegidos poseen.

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Una exhibición de poderío frente a los ejemplares de Cortés de Moura

Rejoneador Diego Ventura en plena faena

Frente al segundo de la tarde, un ejemplar de nombre Pesetero que pesó 527 kg, Ventura ya dejó claro que no venía a Madrid a pasar el trámite. Sobre Querido y, posteriormente, con el debutante Quirico, el sevillano enceló al animal con un temple asombroso, cosiéndoselo al estribo para provocar el delirio en los medios con banderillas de muchísima verdad. Sin embargo, el acero le jugó una mala pasada y tras varios pinchazos, lo que olía a triunfo grande se quedó en una sonora ovación que premiaba una labor de mucha pureza.

No obstante, lo mejor estaba por llegar con el quinto de la función, Fazaendito, un toro de Cortés de Moura que sacó un galope rítmico ideal para el lucimiento. Ventura desplegó entonces toda su artillería pesada sacando a caballos que ya son leyenda, como Nómada y Lío, con los que cuajó pasajes de una intensidad brutal. Pero fue la aparición del caballo Bronce la que terminó por poner la plaza boca abajo, especialmente cuando el jinete decidió quitarle la cabezada y torear en un palmo de terreno, demostrando una confianza y una doma que rozan la perfección.

La faena terminó con un despliegue de rosas y banderillas cortas al violín a lomos de Brillante, rematada esta vez con un rejón de muerte que, aunque necesitó de un pinchazo previo, fue suficiente para que el presidente concediera las dos orejas de forma unánime. El público, entregado a la causa, no dejó de agitar los pañuelos blancos hasta ver al torero asegurar su salida por la puerta principal de la calle Alcalá.

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La participación de Rui Fernandes y Lea Vicens en la terna

Diego Ventura con las orejas del toro en Madrid

El portugués Rui Fernandes no tuvo su tarde con los aceros, a pesar de haber mostrado una lidia muy seria y ortodoxa frente a sus dos oponentes, Albacete y Andaluz. Fernandes aplicó toda su maestría con caballos como El Dorado e Iceberg, clavando con una pureza lusitana envidiable y arriesgando en los terrenos de cercanías. A pesar de los esfuerzos y de algún par a dos manos de mucha categoría, el uso del descabello enfrió los ánimos de un respetable que, no obstante, supo reconocer su profesionalidad con sendas ovaciones tras los avisos.

Por otro lado, Lea Vicens tuvo una actuación que generó cierta división de opiniones en los tendidos. La amazona francesa paseó una oreja de su primer toro, Currito, tras una faena en la que utilizó a Guitarra y Jocker, aunque algunos sectores del público criticaron la falta de ajuste en los embroques. Con el sexto, de nombre Coche, estuvo mucho más centrada y decidida en las banderillas sobre Bético, aunque el fallo con el rejón de muerte le impidió acompañar a Ventura en su camino hacia la salida a hombros por la Puerta Grande.

La jornada se cerró con la imagen de un Diego Ventura radiante, llevado en volandas por una multitud que celebraba no solo un triunfo puntual, sino una trayectoria que lo ha convertido en historia viva de la tauromaquia. Los toros de María Guiomar Cortés de Moura, de encaste Murube, cumplieron con nota y propiciaron el espectáculo esperado por los miles de aficionados que, una vez más, llenaron hasta la bandera el coso de Las Ventas en una de las citas más señaladas del calendario taurino europeo.