La situación en el campo se ha puesto fea. Lo que empezó como un problema puntual en algunas zonas del norte se ha convertido en una verdadera pesadilla para los ganaderos, ya que la falta de lluvias y las olas de calor han dejado los pastos totalmente arrasados. Ahora mismo, desde Galicia hasta Navarra, pasando por Asturias, Cantabria y el PaĆs Vasco, el paisaje es desolador y el ganado no tiene dónde llevar la boca.
El drama es que estamos en pleno agosto y muchos productores ya han tenido que tirar de las reservas de invierno para que sus animales no pasen hambre. Esto es un problema gordo, porque consumir ahora el heno y la paja que deberĆan durar hasta la primavera deja a las explotaciones totalmente desprotegidas y a merced de un mercado que, como era de esperar, estĆ” por las nubes.
El impacto real en las explotaciones del norte
La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) no se corta y ha calificado la situación como una grave crisis forrajera. La sequĆa ha sido tan bestia que los prados naturales, que suelen aguantar el verano, se han secado por completo a mediados de agosto. Esto ha obligado a los ganaderos a meter pienso en los establos o incluso llevar alimento a los pastos de montaƱa, algo que no es nada habitual.
Si miramos los datos, la cosa pinta mal en varias regiones:
- En Asturias, algunas zonas han visto cómo sus cosechas de maĆz forrajero caĆan entre un 60% y un 80%.
- Galicia, sobre todo en Lugo y Ourense, sufre mermas superiores al 60% en cultivos destinados a alimentar al ganado.
- En el PaĆs Vasco y Navarra, valles como Gorbeia, Baztan o Karrantza sufren un agostamiento severo de los pastos y problemas crĆticos de agua.
- Cantabria, concretamente en Campoo y LiƩbana, se ve obligada a retirar el ganado de los puertos antes de tiempo por falta de recursos.
A esto hay que sumar que los animales estĆ”n sufriendo. Por ejemplo, en Bizkaia se ha detectado que las vacas lecheras estĆ”n produciendo entre 5 y 7 litros menos de leche al dĆa y que la fertilidad del ganado ha caĆdo drĆ”sticamente, en algunos casos hasta un 50%. AdemĆ”s, los pozos y arroyos de los que dependen muchos caserĆos estĆ”n empezando a fallar, lo que puede provocar una pĆ©rdida de peso en el ganado y otros animales del campo.
El golpe económico y la presión del mercado
Cuando todo el mundo necesita comprar forraje a la vez, los precios saltan por los aires. En apenas dos meses, el coste de la paja de cereal ha subido hasta un 32%, y se espera que el heno y los concentrados sigan la misma senda alcista. Para una granja extensiva, donde la rentabilidad depende de producir su propio alimento, que la compra de forraje pase a ser un gasto estructural y no un complemento es un golpe demoledor.
Para intentar sobrevivir, algunos ganaderos han tomado medidas drÔsticas, como reducir la cabaña ganadera o vender a los animales menos productivos. Aunque esto alivia los costes a corto plazo, es una medida peligrosa porque descapitaliza la granja y mermas su capacidad de recuperación en el futuro.
Medidas de choque y alternativas tecnológicas

Ante este panorama, se estĆ”n buscando soluciones urgentes. En Euskadi, el Gobierno Vasco ya ha activado la āmesa de sequĆaā para organizar compras conjuntas de forraje, buscando precios mĆ”s competitivos y regulando el mercado para evitar especulaciones. TambiĆ©n se estĆ” animando a los cerealistas a sembrar forraje ahora mismo para poder cosechar en septiembre u octubre y tener algo guardado para el invierno.
Desde el sector se reclaman medidas contundentes que incluyan:
- Ayudas directas y bonificaciones para compensar el encarecimiento de los alimentos.
- Suministro de agua mediante cisternas y mejora de las infraestructuras hĆdricas.
- Anticipos en los pagos de la PAC para que los ganaderos tengan liquidez inmediata.
- Flexibilización de los trÔmites sanitarios para mover forraje entre comunidades autónomas mÔs fÔcilmente.
Por otro lado, instituciones como el INIA y el IPA subrayan la importancia de aplicar estrategias de manejo técnico. Esto implica ajustar los criterios de suplementación y gestionar los predios de forma mÔs inteligente para reducir el impacto negativo en la condición corporal de los animales y evitar la pérdida total de las pasturas mejoradas.
La supervivencia de la ganaderĆa vacuno del norte depende ahora de una respuesta coordinada entre administraciones y de que lleguen lluvias pronto, ya que el consumo adelantado de las reservas pone en jaque la continuidad de miles de explotaciones que se enfrentan a un invierno con las despensas vacĆas.


