Cómo controlar un caballo nervioso sin morir en el intento (V)

http://youtu.be/y_lfQatkFuY

Y con unas cosas y otras ya vamos por la quinta entrega de Cómo controlar un caballo nervioso sin morir en el intento. Hoy trataremos algo que quizá os haya pasado a los que, como yo, montáis o montasteis alguna vez a un caballo nervioso: cuando vuestro caballo comienza a recular, o a caminar para atrás. Quizá no es común en todos los caballos nerviosos (por suerte o por desgracia no he tenido la ocasión de montar muchos caballos nerviosos hasta este punto), pero es algo que os puede pasar, y desde luego del que no quedan exentos los caballos de escuela en absoluto.

Los caballos nerviosos en exceso (es decir, los que llegan al extremo) tienden a tener comportamientos de este tipo, ya que se frustran y bloquean con frecuencia. En lugar de frustrarte tú también o enfadarte con él, muestra tu intención de ir hacia delante, y tómatelo con humor, ¿por qué no? Debes pensar que, si está así, es porque se ha bloqueado (como ya he dicho). Quizá tú no hayas hecho nada malo, quizá ibas a paso tan tranquilamente; tranquilo, eso da igual, pasará de todos modos.

No es cuestión de que tú le des órdenes confusas, aunque también (desde luego, si lo hacen por -aparentemente- nada, lo harán si los confundes), sino que se “frustra él solo”. Las situaciones le superan fácilmente, un pequeño ruido se convierte en una tormenta de rayos, y casi sin darte cuenta tienes un caballo que no sabe qué hacer. Lo sé, suena confuso, pero así es trabajar con caballos, ¿no? Al fin y al cabo, ellos son caballos y nosotros personas.

Por tanto, ¿cómo actuar? Antes de nada, ponte en su lugar. Imagina que eres tú el que está así, por la razón que sea: ¿cómo querrías que te trataran? No te gustaría que la persona que está contigo empiece a reñirte o gritarte por bloquearte, ¿verdad? Querrías cariño, comprensión, un tono suave, etcétera. Pues ahí tienes la respuesta. Claro que puedes pedirle, con las ayudas de pierna, que camine, pero no le atosigues; inténtalo un poco, acarícialo mucho, y si no funciona, desiste. Suelta las riendas (lo sé, en el vídeo lo hice exagerado, pero estábamos en confianza y todos nos lo tomamos a broma ya), sigue dándole cariño, y espera. Háblale con voz calmada, y al pasar un par de minutos, inténtalo de nuevo. Y así hasta que funcione, amigos. Si queréis saber cuáles son las soluciones que no se deben usar ni para este caso, ni para el caso de levantar la cabeza, esperad a la sexta entrega de esta serie.

NOTA SOBRE EL VÍDEO: no deis patadas así a los caballos si lleváis espuelas, ni tampoco con caballos que no sean de suma confianza con los que ya tengáis lazos; ya veis lo poco para lo que me ha servido. Además, no debe ser una solución habitual, fue solo el último intento. Así que, querido lectores, no copies todo lo que hace el maestro.


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