Cartagena de Indias se prepara para un cambio de época en su principal zona turística: a partir del 29 de diciembre queda totalmente prohibida la circulación de coches tirados por caballos en el Centro Histórico y el cordón amurallado. La medida, que llevaba años en el debate público, se plasma ahora en una normativa concreta que pone punto final a la tracción animal en las calles más emblemáticas de la ciudad.
El Ayuntamiento distrital ha decidido acompañar esta prohibición con la entrada en operación de una flota de coches eléctricos, concebidos como reemplazo directo de los tradicionales carruajes turísticos. Con ello, la administración local busca conjugar protección animal, ordenamiento del turismo urbano y modernización de la movilidad en uno de los cascos antiguos más visitados de América Latina.
Decreto 2296: fin de los coches de caballos en el Centro Histórico

El eje central de la nueva regulación es el Decreto 2296 de 2025, firmado por la Alcaldía Mayor de Cartagena, que veta bajo cualquier modalidad la circulación de vehículos de tracción animal en el Centro Histórico y en todo el cordón amurallado. La norma fue expedida el 22 de diciembre y establece que la prohibición será definitiva, sin excepciones de tipo turístico, festivo o comercial.
Según la administración, la decisión responde a una demanda sostenida de residentes y visitantes que veían reclamando el fin del maltrato a los caballos utilizados en los paseos turísticos. La Alcaldía enmarca esta medida dentro del Plan de Desarrollo 2024-2027 «Cartagena Ciudad de Derechos», que incluye la protección de animales considerados seres sintientes y la reducción de prácticas que puedan suponerles sufrimiento.
El alcalde Dumek Turbay ha insistido en que la ciudad no permitirá ninguna forma de maltrato animal, y que la salida de los caballos del Centro Histórico simboliza un modelo de turismo más respetuoso y acorde con los estándares actuales de bienestar animal. Para el gobierno local, se trata a la vez de un gesto ético y de una apuesta por un tipo de visita urbana más ordenada.
La prohibición absoluta rige únicamente en la zona amurallada, pero la normativa también contempla una fase de transición para los coches que puedan seguir circulando fuera de ese perímetro. En esas áreas, el Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte (DATT) será el responsable de definir rutas, horarios y condiciones de operación, con el objetivo de que el cambio no sea abrupto para los trabajadores del sector.
Un nuevo sistema turístico basado en 62 coches eléctricos

La otra cara de la moneda es la puesta en marcha de un sistema de transporte turístico compuesto por 62 carrozas eléctricas, diseñadas para circular en las mismas rutas que antes recorrían los carruajes con caballos. El número no es casual: coincide exactamente con el censo oficial de coches tradicionales autorizados que operaban hasta ahora en la ciudad.
La Alcaldía ha sido tajante al señalar que no se permitirá la entrada de más unidades eléctricas fuera de ese cupo. Un estudio técnico de movilidad concluyó que, por la estrechez de las calles y el volumen de peatones y vehículos, el Centro Histórico no puede soportar más de 62 carros turísticos sin congestionarse. Por ello, el Decreto 2296 prohíbe expresamente la expedición de nuevas licencias que amplíen la flota.
Un aspecto llamativo del modelo es que los 62 vehículos eléctricos, la estación de carga y los equipos tecnológicos son propiedad del Distrito. Es decir, no pertenecen a empresas privadas ni a los cocheros de manera individual, sino que se gestionan como bienes públicos asignados a los operadores tradicionales mediante un instrumento económico territorial.
Los antiguos cocheros serán los encargados de conducir estas nuevas carrozas, pero no podrán venderlas, alquilarlas, gravarlas ni ceder su uso. La Alcaldía busca así impedir la concentración del negocio en pocas manos y evitar la aparición de monopolios privados en una actividad que, por años, ha tenido un fuerte componente simbólico y económico para muchas familias cartageneras.
Control a la informalidad y blindaje jurídico del cambio

Para reforzar el giro hacia este nuevo modelo, el Decreto 2296 se complementa con el Decreto 2258, aprobado a comienzos de mes, y con los requisitos fijados por el Ministerio de Transporte en la Resolución 20243040046465. En conjunto, estas normas configuran un marco legal específico para la operación de carrozas turísticas eléctricas en la ciudad.
La idea es que no haya resquicios que permitan la circulación de vehículos no autorizados, ya sean de tracción animal o eléctricos. Cualquier coche turístico que no se ajuste a las especificaciones técnicas oficiales, o que haya sido fabricado o adquirido por particulares sin la validación del DATT, será inmovilizado de manera inmediata.
El Distrito insiste en que no habrá espacio para carruajes eléctricos «piratas». El organismo de tránsito tendrá facultades para retirar de la circulación las unidades ilegales, revisar documentación, vigilar las rutas y aplicar las sanciones previstas en el Código Nacional de Tránsito y en la legislación de transporte para quienes alteren tarifas, incumplan horarios o descuiden el mantenimiento.
Desde la Oficina Asesora Jurídica se subraya que este entramado normativo pretende no solo proteger a los animales, sino también garantizar que los beneficios económicos lleguen a los cocheros que llevaban años trabajando en el sector. De esta forma, se busca conjugar justicia social, seguridad jurídica y control contra la informalidad en un mismo paquete regulatorio.
Infraestructura eléctrica, energía solar y tecnología a bordo
Para hacer viable el nuevo sistema, la ciudad ha destinado una inversión significativa a la creación de un ecosistema tecnológico y energético que soporte el funcionamiento de las carrozas. El proyecto incluye una estación de intercambio de baterías alimentada por energía fotovoltaica con una potencia de alrededor de 150 kWp, con el objetivo de que la operación sea carbono neutro.
En un patio-taller ubicado en el Complejo Deportivo Nuevo Chambacú se han instalado centenares de paneles solares capaces de cargar simultáneamente decenas de baterías, lo que permite mantener activos los vehículos durante la jornada turística sin depender de fuentes de energía fósil. Los coches, fabricados en China y ensamblados en Cartagena por una empresa local, cuentan con motores eléctricos de aproximadamente 1 kW de potencia.
Cada unidad dispone de sistemas de geolocalización (GPS) para el seguimiento en tiempo real de las rutas y los horarios, de forma que las autoridades puedan comprobar que la prestación del servicio se ajusta a los recorridos autorizados y a los límites de tiempo establecidos. Esto también facilita la gestión de la flota y la atención de incidencias en el trazado urbano.
Además, las carrozas estarán dotadas de terminales POS para realizar facturación electrónica, lo que permite cumplir con las obligaciones tributarias y formalizar el cobro a los usuarios. Con esta medida, el Ayuntamiento pretende avanzar en la profesionalización del sector turístico, aumentar la transparencia de los ingresos y reducir la economía sumergida.
El sistema se completa con un motocarro-taller eléctrico preparado para atender averías y problemas técnicos que puedan surgir en las calles del Centro Histórico. Este vehículo de apoyo permitirá resolver de forma rápida incidencias mecánicas sin tener que retirar la carroza hasta el patio principal, reduciendo tiempos muertos y molestias para los pasajeros.
Impacto para los cocheros y transición laboral
Uno de los puntos más sensibles del cambio es el futuro de los cerca de 60 cocheros que venían trabajando con caballos en el circuito turístico de Cartagena. La administración local ha asegurado que el proceso de sustitución incluye un componente social orientado a que estos trabajadores no pierdan su fuente de ingresos.
Para ello, el Distrito ha impulsado programas de capacitación y formación específica en la conducción y operación de los nuevos coches eléctricos. Solo quienes superen estos procesos podrán acceder al uso de las unidades, que se les asignarán mediante el instrumento económico territorial diseñado para la actividad.
La Alcaldía sostiene que la transición, además de proteger a los animales, refuerza la formalización y la dignificación laboral del gremio. El objetivo es que los cocheros pasen de un modelo basado en la tracción animal, a menudo asociado a la precariedad y a la ausencia de garantías, a un esquema regulado con obligaciones, derechos y supervisión continua.
No obstante, parte del sector ha expresado su descontento, al considerar que no todos se han sentido suficientemente escuchados en el diseño del nuevo sistema. Organizaciones de cocheros han criticado aspectos del proceso, como los tiempos de implementación o la forma en la que se definió el cupo de vehículos, aunque la Alcaldía recuerda que el límite de 62 responde a criterios técnicos de movilidad.
En paralelo, la administración insiste en que el programa pretende asegurar un crecimiento turístico equilibrado y sostenible, con especial atención a los trabajadores de la economía popular y a los emprendimientos vinculados a la actividad en el casco antiguo, evitando que el cambio tecnológico derive en una expulsión de los actores tradicionales.
Cartagena como referente de turismo sostenible y bienestar animal
Con la entrada en vigor de la prohibición y el despliegue de los coches eléctricos, Cartagena se coloca en el mapa regional como uno de los casos más avanzados de reconversión de un servicio turístico emblemático hacia un modelo sin tracción animal. El Ayuntamiento presenta esta medida como una apuesta por un turismo de mayor calidad, respetuoso con los animales y acorde con los retos climáticos.
Durante años, organizaciones defensoras de los derechos de los animales denunciaron episodios de agotamiento, lesiones y colapsos sufridos por los caballos en las jornadas de trabajo bajo altas temperaturas. La nueva normativa se interpreta como una respuesta institucional a esas denuncias y como el cierre de una etapa en la que el atractivo turístico se sostenía en prácticas hoy ampliamente cuestionadas.
Al mismo tiempo, el uso de energía solar y tecnologías de control de la flota permite reducir la huella de carbono asociada a los recorridos turísticos, en línea con las tendencias europeas y globales hacia una movilidad urbana más limpia. Aunque el caso se desarrolla en Colombia, el tipo de medidas adoptadas conecta con debates que también se viven en ciudades históricas de España y Europa sobre el papel de los animales en el turismo urbano.
En la práctica, el tránsito de los antiguos coches de caballos a vehículos eléctricos de baja potencia no solo transforma la imagen del Centro Histórico, sino que altera la manera en la que se conciben los paseos por sus calles coloniales. Los visitantes seguirán encontrando rutas guiadas y recorridos panorámicos, pero sin la presencia de caballos en la calzada.
Con una combinación de prohibición total de la tracción animal en el casco antiguo, cupos limitados de vehículos eléctricos, fuerte control contra la informalidad y una infraestructura basada en energía solar y sistemas inteligentes, Cartagena reconfigura su oferta de coches turísticos como un símbolo de modernización, protección animal y turismo responsable, al tiempo que trata de asegurar la continuidad económica de quienes durante décadas guiaron estos recorridos por sus murallas y plazas.