
La Guardia Civil ha desarticulado en la sierra de Barbanza una trama organizada que, según la investigación, habría robado más de setenta caballos en diferentes zonas de pasto de esta área de la provincia de A Coruña. La operación, bautizada como «Besteiros», se ha saldado con la detención de cinco hombres acusados de participar en un entramado que actuaba de forma sistemática contra los ganaderos de la zona.
Los investigadores atribuyen al grupo no solo la sustracción continuada de equinos, sino también un presunto delito de maltrato animal, ya que parte del ganado sufrió lesiones graves y se ha constatado la muerte violenta de varios ejemplares. Pese a la gravedad de los hechos descritos en las diligencias, los detenidos han quedado en libertad tras declarar, quedando ahora el caso en manos del juzgado de Ribeira.
Operación Besteiros: el inicio de la investigación
La actuación de la Guardia Civil arrancó después de que distintos ganaderos de la comarca coruñesa de Barbanza comenzaran a denunciar la desaparición reiterada de sus animales. En un primer momento, algunos casos podían parecer extravíos puntuales, pero la acumulación de denuncias y la similitud del patrón encendieron todas las alarmas entre los agentes.
A partir de esas primeras comunicaciones formales, los efectivos del puesto de Boiro pusieron en marcha una investigación específica para aclarar qué estaba ocurriendo en los montes de la sierra. Con el avance de las pesquisas, el instituto armado fue encajando las piezas hasta concluir que se trataba de una actividad delictiva organizada, y no de incidentes aislados.
Según fuentes de la Guardia Civil, la red habría actuado durante un periodo prolongado, el tiempo suficiente como para llegar a sumar la desaparición de más de setenta caballos en diferentes puntos de pasto. La reiteración de los robos y la forma de proceder hicieron pensar a los investigadores que se encontraban ante un grupo perfectamente coordinado.
El despliegue de la llamada operación Besteiros se centró en la sierra de Barbanza, pero afectó también a varios municipios próximos, dado que los propietarios perjudicados proceden de zonas rurales de Boiro, Porto do Son y Lousame. Las denuncias de estos ganaderos fueron clave para fijar el perímetro de actuación de la banda.
Conforme se fueron recopilando testimonios, datos de localización y otros indicios, los agentes pudieron trazar un mapa de los movimientos del grupo y detectar patrones comunes en las fechas, horarios y lugares de las sustracciones, lo que permitió ir estrechando el cerco sobre los sospechosos.
Quiénes son los detenidos y qué delitos se investigan
El operativo culminó con la detención de cinco varones, todos ellos residentes en diferentes puntos de Galicia: Boiro, Caldas de Reis, Barro y Meis. Aunque sus identidades no han sido difundidas, la Guardia Civil los sitúa como miembros de un mismo entramado que se repartía tareas para llevar a cabo los robos de manera eficaz.
A estos hombres se les imputa la presunta comisión de delitos de hurto, receptación y maltrato animal con resultado de lesiones graves y muerte. El hurto se refiere a la sustracción de los caballos de los montes y zonas de pasto; la receptación, a la presunta compra y distribución de animales robados por parte de terceros; y el maltrato, a las maniobras empleadas tanto para marcar de nuevo a los equinos como a las muertes causadas con armas de fuego.
Durante los registros y actuaciones vinculados a la operación Besteiros, los agentes recabaron información que apuntaría a una cierta estructura interna en el grupo, con miembros dedicados principalmente a la captura de los animales y otros centrados en su posterior venta. La coordinación habría sido clave para mover los caballos robados sin levantar sospechas inmediatas.
Tras su arresto, los cinco sospechosos fueron trasladados a las dependencias oficiales de la Guardia Civil en Boiro para prestar declaración. Una vez tomados sus testimonios y formalizadas las primeras diligencias, los detenidos quedaron en libertad, a la espera de lo que determine la autoridad judicial. La causa ha sido remitida al Tribunal de Instancia de Guardia de Ribeira, que continuará con el procedimiento.
Fuentes del instituto armado destacan que el hecho de que los sospechosos estén en libertad no implica el cierre del caso, ya que se mantienen abiertas las vías de investigación para determinar con exactitud el alcance de la red, el número total de animales afectados y la posible existencia de más implicados o colaboradores.
El modus operandi: caballos robados, marcados y revendidos
Uno de los aspectos que más ha llamado la atención de los investigadores es la manera en que el grupo operaba sobre el terreno. De acuerdo con los datos facilitados, la red actuaba de forma coordinada en los montes de Barbanza, eligiendo zonas de pasto donde los caballos se encontraban en régimen semisalvaje o en libertad controlada, lo que facilitaba su captura.
Una vez localizados los animales, los integrantes del grupo los sustraían aprovechando la orografía de la sierra y las dificultades que muchos propietarios tienen para vigilar permanentemente a sus reses. Los caballos robados eran retirados de la zona y trasladados a otros puntos donde pasaban a ser manipulados e introducidos en un circuito de venta.
Según la investigación, el destino final de buena parte de estos equinos habría sido su venta a miembros de una asociación ganadera. Esta conexión permitía, presuntamente, dar una apariencia de legalidad a los animales, ya que una vez integrados en explotaciones ganaderas resultaba más complejo rastrear su verdadero origen.
Para dificultar al máximo que los dueños pudieran reconocer a sus caballos, los implicados modificaban los rasgos identificativos en las orejas. En algunos casos, las marcas originales eran parcialmente borradas o disimuladas; en otros, se practicaban nuevas muescas encima de las ya existentes, con el objetivo de alterar por completo el signo distintivo.
Estas prácticas se llevaban a cabo sin ninguna supervisión veterinaria o clínica, con métodos rudimentarios y carentes de control sanitario. Como consecuencia, muchos animales sufrían heridas dolorosas y secuelas en la zona de las orejas, un hecho que refuerza la acusación de maltrato animal. Los agentes subrayan que el objetivo de la red era puramente económico, sin tener en cuenta el sufrimiento causado a los caballos.
Cinco caballos abatidos a tiros y armas intervenidas
La situación adquirió una dimensión todavía más grave cuando, en el transcurso de la operación, los agentes confirmaron la muerte de cinco caballos por impactos de arma de fuego. Estos hallazgos reforzaron la línea de investigación relativa al maltrato animal, al evidenciar que no todos los ejemplares robados habían sido destinados a la venta.
Las pesquisas llevaron a la Guardia Civil a centrar parte del dispositivo en el rastreo de armas que pudieran estar relacionadas con estos hechos. Fruto de estas actuaciones se procedió a la intervención de cinco escopetas de caza, que los agentes vinculan presuntamente a uno de los implicados.
Estas armas de fuego habrían sido utilizadas, siempre según la investigación, para abatir a los animales en distintos puntos del monte. Los peritajes deberán esclarecer ahora las circunstancias exactas en las que se produjeron estos disparos y si guardan relación directa con todos los equinos fallecidos localizados por los agentes.
La muerte violenta de los cinco caballos se suma así al resto de hechos que se imputan a la red y refuerza el papel del delito de maltrato animal dentro del conjunto de acusaciones. Este tipo penal contempla penas más elevadas cuando el maltrato provoca lesiones graves o la muerte del animal, tal y como habría sucedido en este caso.
Los investigadores no descartan que puedan aparecer nuevos indicios sobre otros animales heridos o muertos durante la actividad de la trama, por lo que el recuento definitivo de daños podría variar a medida que avancen las actuaciones judiciales y se incorporen más testimonios de ganaderos afectados.
Devolución de las reses y situación actual del procedimiento
Una vez finalizada la fase principal de la operación Besteiros, la Guardia Civil procedió a la recuperación de buena parte de los caballos sustraídos. Tras las comprobaciones oportunas para verificar su procedencia, los animales fueron devueltos a sus legítimos propietarios.
Los ganaderos de Boiro, Porto do Son y Lousame han podido recuperar así a sus reses, aunque muchos de ellos se encuentran aún pendientes de evaluar las posibles secuelas físicas y el impacto económico que ha tenido la desaparición de los animales durante todo el tiempo que han estado en manos de la red.
En el ámbito procesal, las diligencias instruidas por la Guardia Civil ya han sido remitidas al juzgado de guardia de Ribeira, que asumirá a partir de ahora la dirección de la causa. Será este órgano judicial el que determine la evolución del procedimiento, la práctica de nuevas pruebas y, en su caso, la apertura de juicio oral.
Mientras tanto, los cinco investigados permanecen en libertad, si bien continúan vinculados a la causa por los presuntos delitos de hurto, receptación y maltrato animal. No se descarta que, a medida que avancen las investigaciones, puedan sumarse nuevas imputaciones o verse modificadas las actuales.
Para el entorno rural de la sierra de Barbanza, este caso ha supuesto un golpe a la seguridad de los pequeños ganaderos, que ven cómo sus explotaciones pueden ser objetivo de redes especializadas. La operación Besteiros, sin embargo, ha permitido sacar a la luz un entramado que llevaba tiempo actuando y ha devuelto parte del ganado a sus dueños, aunque el impacto en la zona y el futuro judicial de los implicados aún están por definirse.

