Caballos del Vino: historia, origen legendario y gran festividad en Caravaca de la Cruz

  • Los Caballos del Vino son el festejo central de las fiestas de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca, con tres grandes concursos: Caballo a Pelo, Enjaezamiento y la Carrera en la Cuesta del Castillo.
  • Su origen legendario se vincula a caballeros templarios que, durante un asedio medieval, llevaron vino a lomos de sus caballos al castillo, gesto que dio lugar al simbolismo religioso y al vínculo con la Vera Cruz.
  • El enjaezamiento de los caballos, con mantos bordados en seda, oro y pedrería, es una manifestación artesanal de enorme valor, fruto del trabajo de bordadoras y diseñadores durante todo el año.
  • La fiesta está reconocida con importantes distinciones patrimoniales y turísticas, incluida su inscripción como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, lo que refuerza su protección y proyección internacional.

Caballos del Vino historia y festividad

Caballos del Vino

Los caballos del Vino es una fiesta celebrada en Caravaca de la Cruz (Murcia) en las fechas del 1 y 2 de mayo. Este festejo, que ha ido ganando popularidad con los años, se celebra durante las Fiestas en Honor a la Santísima y Vera Cruz, que abarcan del 1 al 5 de mayo y en las que la ciudad se transforma por completo.

Está organizado por el Bando de los Caballos del Vino, una federación integrada por unas sesenta asociaciones denominadas peñas caballistas. Estas peñas participan con sus caballos en tres concursos fundamentales: el de Caballos a Pelo, el de Enjaezamiento y la Carrera. Siendo este último, celebrado en la mañana del 2 de mayo, el acto más multitudinario y de mayor proyección fuera de la localidad.

La fiesta se ha consolidado como una de las manifestaciones culturales ecuestres más singulares de España, con un marcado componente religioso, histórico, identitario y también competitivo. Aúna devoción a la Vera Cruz, tradición caballista y un extraordinario despliegue artesanal en los mantos y jaeces.

La festividad mayor de la ciudad de Caravaca de la Cruz atrae cada año decenas de miles de visitantes de todo el mundo. Distintas fuentes estiman que, en los últimos años, se han alcanzado cifras de más de 100.000 personas, lo que convierte a Caravaca en un polo de interés turístico, religioso y festivo durante los primeros días de mayo.

Caballos del Vino en Caravaca

Los Caballos del Vino

Fuente: Youtube

Historia de los Caballos del Vino

Historia de los Caballos del Vino

Los orígenes de la fiesta se diluyen entre la historia documentada y la leyenda transmitida oralmente. La tradición más extendida cuenta que cuando la fortaleza templaria de Caravaca estuvo sitiada por los moros granadinos, hacia la mitad del siglo XIII, los aljibes de la ciudad no podían abastecer de agua a todos los habitantes.

Según la leyenda, un grupo de caballeros templarios decidió atravesar el cerco musulmán en busca del agua necesaria para la población y los defensores del castillo. La empresa resultaba extremadamente peligrosa, pues suponía cruzar las líneas enemigas por caminos abruptos, llevando sus corceles al límite.

Al no lograr conseguir agua en el Campillo de los Caballeros u otras fuentes de la zona, cargaron vino en pellejos a lomos de sus caballos y regresaron a toda velocidad, burlando el cerco que el enemigo había dispuesto en torno al castillo. Ese regreso, convertido en una especie de carrera desesperada con el vino como única esperanza, es el germen simbólico del festejo actual.

A su llegada, los caballeros fueron recibidos con gran júbilo por la población. El vino se repartió entre enfermos y sitiados, a los que la tradición atribuye una recuperación casi milagrosa. La comunidad, agradecida por lo que consideró una intervención providencial, atavía a caballeros y caballos con mantos de ricos bordados y ramilletes de flores, tratándolos como auténticos salvadores.

En aquel castillo en el que se refugiaban ya se custodiaba, desde la primera mitad del siglo XIII, la Reliquia de la Santa Cruz de Caravaca. Esta reliquia, de enorme trascendencia para la devoción cristiana, se convierte con el tiempo en el centro espiritual de la ciudad y en el núcleo de las fiestas de mayo.

Desde la Edad Media se viene celebrando, con mayor o menor esplendor según los periodos históricos, una fiesta que recuerda aquella hazaña de los caballeros templarios y la protección de la Vera Cruz. Con el paso de los siglos, las celebraciones se fueron enriqueciendo con elementos litúrgicos, procesiones, actos civiles y, sobre todo, la impronta del caballo como protagonista.

La documentación histórica conservada permite rastrear referencias a caballos engalanados y vino bendecido desde al menos el siglo XVIII. Es en esta época, en pleno Barroco, cuando la fiesta comienza a configurarse con una estructura reconocible y cuando se documenta la presencia de caballos adornados con cintas de colores y colchas que subían hasta el Castillo para participar en la bendición del vino.

Más tarde, ya durante el Romanticismo, la fiesta fue adoptando y consolidando los rasgos lúdicos y competitivos que se reconocen hoy: un componente cada vez más popular, la competición entre peñas, la formación de desfiles y la aparición de grupos de moros y cristianos como parte inseparable de las fiestas de la Cruz.

Con el tiempo, la estructura organizativa se refuerza y aparece el Bando de los Caballos del Vino, uno de los tres bandos integrados dentro de la Comisión de Festejos de la Cofradía de la Vera Cruz. En este bando se agrupan las peñas caballistas, responsables de preparar los caballos, financiar sus mantos, entrenar a los caballistas y mantener viva la tradición.

En el siglo XX, tras los periodos de dificultad derivados de conflictos y crisis, se llevó a cabo una profunda renovación y modernización de las fiestas. Se reforzó la presencia de los desfiles de moros y cristianos, se crearon nuevas peñas caballistas que siguen vigentes en la actualidad y se renovaron los mantos de los Caballos del Vino, pasóndose de las simples colchas de ajuar a auténticas obras de arte bordadas en seda, oro y plata.

Paralelamente, los caballos fueron dejando de ser animales usados exclusivamente para faenas agrícolas o de trabajo diario y pasaron a ser ejemplares seleccionados y preparados de forma específica para la fiesta, tanto para la carrera como para lucir los mantos con elegancia y porte.

Contexto religioso y significado simbólico

Significado de los Caballos del Vino

Los Caballos del Vino no pueden entenderse sin su profundo trasfondo religioso. Forman parte de las Fiestas de la Santísima y Vera Cruz, en las que la ciudad rinde culto a la reliquia de la Cruz de Caravaca. Esta reliquia ha sido invocada históricamente como protectora frente a enfermedades, sequías y calamidades naturales.

Desde al menos el siglo XVI está documentada una ceremonia singular de bendición del vino de la cosecha anterior, celebrada cada 2 de mayo ante la reliquia de la Vera Cruz. En este rito, el vino se ofrecía como símbolo de abundancia y salud, pidiendo protección y fertilidad para los campos y la comunidad.

En el pasado, poderosas familias e instituciones locales -como el Concejo, la Orden de Santiago o las Casas Tercia de la zona- enviaban a sus mejores caballos, aseados y adornados con cintas de colores, para transportar los pellejos de vino hasta el castillo. Eran los mozos y empleados los que conducían los animales por las empinadas cuestas, mientras los señores y nobles participaban en la ceremonia dentro del templo.

Esta tradición se ha ido transformando hasta el actual festejo, pero el vinvulo entre el caballo, el vino y la protección de la Vera Cruz sigue plenamente vigente. Cada año, una parte esencial de la fiesta continúa siendo la bendición del vino en honor a la reliquia, que recuerda ese antiguo rito agrícola y devocional.

Además, el 3 de mayo se celebra el conocido ritual del baño de la Cruz. En este acto, documentado desde la Edad Media, la Vera Cruz se sumerge en agua para bendecir los campos y asegurar buenas cosechas. Miles de fieles acuden para conseguir unas gotas de agua bendita, en una de las ceremonias más emotivas y multitudinarias de las fiestas.

Los Caballos del Vino: estructura actual de la fiesta

Fiesta de los Caballos del Vino

Desde las primeras referencias documentales, fechadas a partir del siglo XVII, la fiesta ha ido evolucionando hasta adquirir la estructura actual, muy definida y reglamentada. Hoy día se compone de tres grandes concursos que combinan fuerza, belleza, destreza y emoción: el Concurso de Caballo a Pelo, el Concurso de Enjaezamiento y la Carrera de los Caballos del Vino en la Cuesta del Castillo.

Estos concursos se desarrollan fundamentalmente durante los días 1 y 2 de mayo, aunque los preparativos, ensayos, bordados de mantos y entrenamientos de caballos y caballistas se extienden a lo largo de todo el año. Además, el día 3 se reserva un espacio muy especial para que los más pequeños se acerquen a la tradición mediante actividades con ponis que representan al Bando de los Caballos del Vino.

La fiesta se organiza formalmente dentro del Bando de los Caballos del Vino, uno de los tres bandos incluidos en la Comisión de Festejos de la Cofradía de la Vera Cruz. El presidente del bando es elegido entre los festeros por periodos determinados, y bajo su coordinación se agrupan las distintas peñas caballistas, encargadas de los caballos, los mantos y la participación en cada acto.

En la actualidad, cerca de sesenta peñas caballistas compiten cada año por conseguir el mejor resultado en las diferentes modalidades. Cada peña reúne a un grupo de amigos y familias que asumen los cuantiosos gastos que implica la confección de los mantos y el cuidado del caballo: alimentación, entrenamiento, veterinaria, jaeces y participación en actos durante todo el ciclo festivo.

Además de los concursos principales, las fiestas incluyen desfiles, procesiones, actos religiosos, verbenas y actividades culturales, haciendo que los días de fiesta se vivan de forma ininterrumpida desde la mañana hasta la noche. El ambiente de las calles, repletas de peñas, visitantes y caravaqueños, es una de las señas de identidad más vivas de esta celebración.

Enjaezamiento

Fuente: Youtube

El concurso de Caballo a Pelo

El festejo de Los Caballos del Vino, dentro de las Fiestas en Honor a la Santísima y Vera Cruz, comienza el día 1 de mayo con el Concurso de Caballo a Pelo, un acto en el que se valora la morfología y el porte natural del caballo sin ningún tipo de enjaezamiento lujoso.

En esta jornada, los caballos se muestran en su estado más natural, aunque perfectamente cuidados: aseados, bien cepillados para que el pelo luzca brillante, y con las crines alisadas o trenzadas según el gusto de cada peña. Lo que se pretende es resaltar su belleza intrínseca, su armonía de proporciones, su movimiento y su carácter.

El acto incluye un pasacalles por las calles de Caravaca, en el que las peñas exhiben a sus caballos. Algunos animales son llevados al trote o al galope para mostrar su impulso y potencia, mientras que otros avanzan con paso más calmado para que el público y los jueces puedan apreciar con detalle su elegancia, su talla, el brillo del pelaje y las crines.

Durante el recorrido se realiza también una breve prueba de carrera que sirve de ensayo de lo que sucederá al día siguiente en la Cuesta del Castillo. Es una primera toma de contacto entre el caballo, sus cuatro caballistas y el ambiente de público que caracteriza a la fiesta.

El momento culminante del concurso tiene lugar en la conocida Plaza del Hoyo o Plaza de los Caballos del Vino. En este espacio, los caballos giran alrededor de una estatua emblemática acompañados por su peña. Los jueces valoran aspectos como el porte, el estilo, la fuerza, los movimientos, la talla y el carácter del animal. Se trata de un auténtico concurso morfológico al aire libre.

Al finalizar este pasacalles y la exhibición, los jueces del Bando de los Caballos del Vino seleccionan a los caballos que han destacado especialmente ese año y entregan trofeos a las peñas ganadoras. Estos reconocimientos son muy valorados, ya que premian el trabajo de selección, cría y cuidado del caballo a lo largo de todo el año.

Tras el concurso, los caballos se retiran de las calles para descansar en sus cuadras o fincas y prepararse para la exigente jornada del día siguiente, donde lucirán sus mantos bordados y, en muchos casos, afrontarán la carrera.

El Concurso de Caballo a Pelo se viene celebrando desde finales del siglo XX como tal modalidad diferenciada. No existe un reglamento técnico exhaustivo de puntuación, por lo que la elección de los ganadores se deja a la experiencia y criterio del jurado, formado por personas conocedoras del mundo ecuestre y de la tradición local.

A lo largo de los años, diferentes peñas han marcado etapas de dominio en esta modalidad, destacando nombres como Zuagir, Mudacid, Terry o Chirinos, que se han convertido en referencias históricas dentro del concurso por la calidad de sus caballos.

El enjaezamiento: arte, bordado y tradición

El segundo día de la fiesta, el 2 de mayo, comienza de madrugada con uno de los rituales más íntimos y emocionantes para las peñas: el lavado y enjaezamiento del caballo en las cuadras repartidas por toda la ciudad. Se calcula que hay más de cuarenta puntos diferentes donde se lleva a cabo este proceso.

Este momento tiene pocos espectadores ajenos, más allá de los propios componentes de las peñas caballistas, familiares y allegados. Es una especie de ceremonia interna en la que se ultiman detalles, se colocan las piezas del manto y se revisa, casi al milímetro, cada elemento del enjaezamiento para que el caballo luzca impecable.

El enjaezamiento comprende tanto el diseño como la confección y el bordado del manto y de todas las piezas que lo acompañan. Se utilizan materiales de gran calidad como seda, terciopelo, pedrería, canutillo de oro y plata e hilos de colores. El resultado son mantos que combinan tradición, arte sacro, heráldica, escenas históricas y elementos de la identidad caravaqueña.

El manto completo está compuesto por dieciocho piezas principales: el bribón o pieza de la cabeza, las plumas que lo coronan, dos cascabeleras adornadas con cintas de colores, dos ramaleras, la bandera, el pecho pretal, dos crineras, dos mantas, dos atarres, la culata y dos muñequeras. Todo se remata con borlas, pasamanería y la jalma, que es la estructura sobre la que se fijan las distintas piezas.

No se valora únicamente la riqueza material del manto, sino sobre todo su diseño, composición y armonía sobre el cuerpo del caballo. Los jueces tienen en cuenta la integración de las escenas bordadas, la combinación de colores, la proporción de las piezas y la forma en que el animal mantiene la compostura y se mueve con elegancia durante todo el día.

Los documentos más antiguos que hablan del engalanamiento de los Caballos del Vino datan del siglo XVIII. En aquella época, los animales solían ir ataviados con colchas, mantones de manila y piezas de ajuares de novia. Estas prendas familiares se adaptaban al lomo del caballo como signo de distinción y devoción.

Con el paso de los años y la renovación de las fiestas, se empezó a elaborar mantos específicamente diseñados para los caballos. El trabajo de bordadoras y diseñadores de enjaezamientos fue adquiriendo una relevancia extraordinaria en la ciudad. Hoy en día, cada manto puede tardar cerca de un año en confeccionarse y alcanzar un coste muy elevado debido al uso de oro, seda y pedrería y a las incontables horas de trabajo manual.

En la tarde del 1 de mayo, una vez terminado el Concurso de Caballo a Pelo, se abren al público las exposiciones de los mantos en diferentes espacios de Caravaca. Tanto vecinos como visitantes pueden acercarse a admirar, de cerca, la minuciosidad del bordado, identificar personajes y escenas de la historia local o de la propia fiesta y apreciar cómo cada peña imprime su estilo particular en los diseños.

El Concurso de Enjaezamiento se celebra formalmente el 2 de mayo. Desde primera hora de la mañana, los caballos lucen sus imponentes vestimentas bordadas por las calles de la ciudad, siguiendo un itinerario tradicional que culmina en la zona del Castillo. Durante el recorrido, el público puede ver cómo el caballo y el manto forman un conjunto inseparable, en el que importan tanto el diseño como la forma de llevarlo.

El desarrollo de estos enjaezamientos ha trascendido el ámbito local. En ocasiones, diferentes mantos han sido expuestos en muestras y eventos nacionales, lo que ha contribuido a que se reconozca a los Caballos del Vino como una de las manifestaciones folklóricas más importantes de la Región de Murcia. No es extraño que el Museo de los Caballos del Vino dedique una parte fundamental de su discurso a preservar y explicar este arte del bordado festivo.

La Carrera de Los Caballos del Vino

Vídeo:

La Carrera de los Caballos del Vino es el acto más conocido y espectacular del festejo. Se concibe como una contrarreloj en la que compiten los caballos de las distintas peñas caballistas para ver quién recorre en menos tiempo la famosa Cuesta del Castillo.

En cada carrera, el caballo sube la Cuesta del Castillo, una distancia aproximada de 80 metros con una pendiente cercana al 14%, salvando un desnivel de unos 11 metros. No se trata solo de una prueba de velocidad, sino también de coordinación, fuerza, temple y compenetración entre el animal y los cuatro caballistas que lo acompañan.

Los caballos suben la cuesta de uno en uno, acompañados por cuatro caballistas de su peña: dos delante y dos detrás. Todos ellos van agarrados firmemente a las asas del enjaezamiento o a las partes previstas para sujetarse. El reglamento es claro: si alguno de los cuatro caballistas se suelta antes de cruzar la meta, el caballo queda automáticamente descalificado.

Esta exigencia hace que los caballistas deban combinar velocidad máxima con seguridad y técnica. Deben mantener el ritmo del caballo, anticipar cambios de zancada, negociar la pendiente e incluso soportar el empuje del público que se agolpa en los laterales de la cuesta, generando una atmósfera de adrenalina y emoción.

La carrera se cronometra en la actualidad con sistemas avanzados de medición electrónica, lo que permite registrar tiempos con gran precisión. En el pasado se empleaban métodos mucho más rudimentarios, como banderas de salida, relojes manuales o incluso la reacción del público como referencia del rendimiento del caballo.

Durante mucho tiempo se otorgaron premios en metálico a los mejores tiempos. Sin embargo, en la actualidad, el verdadero motor de la competición es el orgullo de lograr una gran marca y ver el nombre de la peña en los primeros puestos. Ser el más rápido en la Cuesta del Castillo supone entrar en la historia del festejo y convertirse en referencia para generaciones futuras.

Al término de la carrera, en la explanada de la Real Basílica-Santuario, se celebra la entrega de trofeos de las distintas categorías (enjaezamiento y carrera), en un ambiente cargado de emoción, abrazos, alegría y también cierta dosis de rivalidad sana entre peñas.

No se conoce con exactitud la fecha en que comenzaron estas carreras tal y como hoy se entienden, aunque los testimonios orales apuntan a que ya existían en la segunda mitad del siglo XIX. A partir de finales de ese siglo empiezan a aparecer anuncios en programas de fiestas que hacen referencia a las carreras de los caballos, calificándolas ya entonces como tradicionales.

En sus orígenes, se empleaban generalmente caballos destinados a las labores agrícolas o al trabajo diario. Con el paso del tiempo, y especialmente a partir de mediados del siglo XX, se inició un proceso de selección y especialización de los animales. Hoy los caballos son preparados durante todo el año con planes de entrenamiento, alimentación y cuidados específicos.

Del mismo modo, los caballistas entrenan intensamente para mejorar su forma física, coordinación, velocidad y capacidad de reacción ante imprevistos. Gracias a esta preparación conjunta, los tiempos registrados en la cuesta se han ido rebajando progresivamente en las últimas décadas, llegando a marcas de apenas unos pocos segundos.

Entre las curiosidades más comentadas está el hecho de que, en los últimos años, se han logrado tiempos récord en torno a los 7 segundos y unas pocas décimas, fruto del entrenamiento constante y de la mejora en la selección de los caballos. Cada año, aficionados y expertos siguen con atención si se consigue o no batir las marcas históricas de la cuesta.

La carrera de los Caballos del Vino se ha convertido en la parte de las fiestas locales con mayor proyección nacional e internacional. Numerosos medios de comunicación se hacen eco de las imágenes de la cuesta, y cada vez más visitantes acuden específicamente para presenciar este momento único en directo.

Reconocimientos oficiales y protección patrimonial

A lo largo de las últimas décadas, las Fiestas en Honor a la Santísima y Vera Cruz de Caravaca, y en especial el festejo de los Caballos del Vino, han obtenido importantes reconocimientos oficiales que avalan su relevancia cultural y turística.

Por un lado, estas fiestas han sido declaradas de Interés Turístico Internacional, lo que las sitúa entre las celebraciones festivas más destacadas del mundo por su singularidad, arraigo, impact o turístico y calidad organizativa. Este reconocimiento ha contribuido a que la proyección de Caravaca de la Cruz trascienda el ámbito nacional.

Además, la fiesta de los Caballos del Vino cuenta con la consideración de Bien de Interés Cultural dentro del patrimonio regional, lo que supone un marco jurídico de protección y una atención especial hacia la conservación de sus elementos materiales e inmateriales: mantos, rituales, organización, saberes de bordadoras y caballistas, etc.

El máximo respaldo internacional ha llegado con su inscripción en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Este reconocimiento subraya que los Caballos del Vino constituyen una expresión viva de la identidad colectiva, transmitida de generación en generación y en constante recreación.

El hecho de ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad implica, además, un compromiso compartido entre instituciones y comunidad local para preservar los valores esenciales de la fiesta, adaptándola a los nuevos tiempos sin perder su autenticidad. Esto abarca desde la protección de los oficios tradicionales (bordado, diseño de mantos, tratamiento del caballo) hasta la promoción de buenas prácticas en materia de bienestar animal.

La ciudad de Caravaca de la Cruz y el entorno de la fiesta

Caravaca de la Cruz es una ciudad de la Región de Murcia, situada en la Comarca del Noroeste, con una población aproximada de varias decenas de miles de habitantes. Se enclava en un entorno de sierras, campos de cultivo y parajes naturales que aportan un marco muy particular a las fiestas de mayo.

Durante los días de los Caballos del Vino, la ciudad se convierte en un gran escenario festivo. Calles y plazas acogen desfiles, pasacalles, actos religiosos y concentraciones de peñas. El casco antiguo, dominado por la silhueta del Castillo-Santuario de la Vera Cruz, es el núcleo de la actividad, con la Cuesta del Castillo como eje de las emociones más intensas.

Quienes visitan Caravaca en estas fechas suelen combinar la asistencia a los actos principales (Caballos a Pelo, enjaezamiento, carrera) con la visita a lugares emblemáticos como el propio santuario, el Museo de los Caballos del Vino, iglesias, conventos y museos locales.

El entorno ofrece también la posibilidad de realizar actividades complementarias, como rutas por los caminos de la Vera Cruz, senderismo en parajes como el Salto del Ucero o el paraje del Rafa, y la visita a espacios naturales tan singulares como el Cañón de Almadenes. En la comarca se encuentran, además, explotaciones de arroz de la Denominación de Origen Calasparra, que completan la experiencia con una importante vertiente gastronómica.

Todo ello hace que asistir a los Caballos del Vino no solo signifique presenciar una fiesta, sino sumergirse en la historia, el paisaje y la cultura de una de las ciudades sagradas del mundo cristiano, reconocida también por su condición de lugar de peregrinación jubilar.

Información práctica y curiosidades de la celebración

Quienes deseen conocer de cerca esta festividad deben tener en cuenta que los actos centrales de los Caballos del Vino se concentran, sobre todo, en los días 1 y 2 de mayo, enmarcados dentro de las fiestas de la Cruz. No obstante, el ambiente festivo se prolonga durante toda la primera semana de mayo y se combina con actos religiosos, desfiles, verbenas y eventos culturales.

En relación con la parte más competitiva, es importante recordar que, para que una carrera sea válida, los cuatro caballistas deben subir la cuesta entera sin soltarse. Si alguno cae o pierde el agarre antes de la meta, la peña queda descalificada, lo que convierte cada subida en un ejercicio de riesgo controlado y precisión.

Las peñas suelen preparar con antelación sus itinerarios de presentación por la ciudad, y los visitantes pueden seguir los pasacalles para ver de cerca tanto los caballos a pelo como los enjaezados. Muchas calles del casco histórico se llenan de color, música y público, por lo que conviene planificar los desplazamientos con tiempo.

Otro aspecto destacado es el papel del cartel anunciador de las fiestas. En distintas ediciones, se han encargado a artistas y creativos de renombre la tarea de reflejar la esencia de los Caballos del Vino. Estos carteles se han convertido en piezas de coleccionista y en una forma de proyectar la imagen de la fiesta más allá del ámbito local.

Para quienes deseen profundizar aún más en la historia de los mantos, los bordados, la evolución de las peñas y la propia carrera, resulta muy recomendable visitar el Museo de los Caballos del Vino en Caravaca de la Cruz, que ofrece exposiciones permanentes y temporales con piezas históricas, fotografías, vídeos y explicaciones detalladas sobre cada aspecto del festejo.

Las instituciones turísticas regionales y locales ponen a disposición del público material informativo y recursos digitales actualizados donde se pueden consultar programas, horarios y recomendaciones. Es conveniente revisar estos recursos antes de viajar para no perderse ninguno de los actos más llamativos.

Los Caballos del Vino combinan historia, leyenda, devoción, arte textil, pasión por el caballo y orgullo de pertenencia a una ciudad que vive intensamente su fiesta mayor. Quien presencia por primera vez el brillo de los mantos al sol, el estruendo del público en la Cuesta del Castillo y la emoción de las peñas abrazándose tras una buena carrera, comprende por qué este festejo se ha convertido en un referente festivo y patrimonial único en el mundo.