Caballo Criollo: características, historia y recuperación

El Caballo Criollo es la raza equina americana característica del Cono Sur. Con el paso del tiempo, se fue distribuyendo por todo el continente, aunque se ha ido desarrollando de diferente forma en cada uno de los países. Cada año son más quienes lo crían y lo utilizan tanto para las arduas tareas del campo, como para los momentos de ocio. 

¿Los conocemos un poco más?


Ya mencionábamos en algunos artículos anteriores como el del caballo Mustang o caballo Cuarto de Milla, que los caballos autóctonos americanos, se habían extinguido a finales del pleistoceno. No sería hasta el año 1493, con la conquista del Nuevo Mundo por parte de los españoles, cuando estos fantásticos animales poblaron una vez más tierras americanas.

Los equinos de los colonos españoles desembarcaron en Santo Domingo y poco tardaron en aclimatarse, adaptarse y reproducirse en su nuevo hogar. Las sucesivas importaciones facilitaron su reproducción, se incrementó su cantidad y se diversificó la sangre. Sería en Panamá y Colombia donde comenzó su cría.

Las condiciones adversas a las que los caballos de los colonos y sus descendientes tuvieron que enfrentarse para sobrevivir en la zona de la Pampa húmeda, hizo que los más fuertes o con mayor capacidad de adaptarse al medio, fueran los supervivientes. Eran animales rústicos, fuertes y de instinto despierto, con pelajes que se mimetizaban con la zona donde vivían.

A todas estas buenas cualidades había que restar la falta de los genes de galopar con un jinete sobre sus lomos, cabalgar a un ritmo cómodo y adecuado, o los de ser dóciles. Eran caballos en los que primaba ser bravo y apto para defenderse y así sobrevivir. Estos animales fueron escogidos por el hombre y cruzados entre ellos en busca del estándar característico de la raza criolla. Este estándar creado partía de las características de los caballos salvajes de la Pampa húmeda y quería lograr obtener un caballo con una aptitud para el trabajo rural excelente. Esto se logró rescatando parte de la genética perdida de sus antecedentes españoles.

Al principio, en esta búsqueda de un tipo de características únicas, se abusó de la consanguinidad hasta el punto que hasta el pelaje era prácticamente idéntico entre los equinos. Esto implicó a su vez la perdida de muchas características y cualidades propias de la vida salvaje de estos animales. Visto el problema, pudieron recuperar lo perdido sin mayor inconveniente gracias a la selección artificial.

¿Cómo son?

Al hablar del caballo criollo actual, nos encontramos ante un equino proporcionado en sus medidas y formas, con un centro de gravedad bajo y una altura que ronda los 144 cm en los machos y unos dos centímetros menos en las hembras. Es musculoso, de constitución fuerte, pecho ancho y articulaciones bien desarrolladas. La cabeza recta o convexa es más bien corta, con una base ancha y una terminación fina. Se podría decir que posee bastante cráneo en comparación a la cara.

Su tipo se corresponde con el de los equinos de silla. Presenta un andar ágil, de rápidos movimientos. 

El pelaje del caballo criollo es muy variado, siendo las capas más habituales: castaño, bayo y gris, con las extremidades negras. Posee unas cola ancha y poblada de pelos gruesos. Aunque hemos dicho que el caballo criollo puede presentar un pelaje muy variado, no se encuentra entre ellos el pinto y el tobiano y, mediante el cruce, se procura eliminar las capas con tendencia hacia la despigmentación.

La gran característica de estos equinos es su rusticidad, es un caballo resistente, con un poder de recuperación grande y una buena aptitud para el trabajo ganadero. Es además, una raza longeva con un carácter activo, enérgico y dócil.

Un poco de su historia

Como mencionábamos al principio del articulo, los caballos llegaron a América con los colonos españoles y de ahí fueron extendiéndose. Algunos de ellos se convirtieron en cimarrones después de ser soltados o escaparse. Unos treinta años después de que los primeros yeguarizos a tierra argentina, los indios comenzaron a utilizarlos al ver en estos animales de gran versatilidad. Algunas tribus del sur de Chile fueron hasta las llanuras orientales en busca de estos equinos para llevárselos y domesticarlos a su manera, pero con muy pocas posibilidades de cría, porque entre otras cosas, cazaban las hembras para alimentarse y castraban a los potros antes de comenzar a montarlos.

La selección natural tuvo mucho que ver en el desarrollo de las  características y capacidades de supervivencia y adaptación al medio en el que vivían las manadas de caballos. A lo que hay que sumar la intervención del hombre que aprovechó el gran potencial y variabilidad genética que poseían estos equinos para utilizarla según sus necesidades.

La raza del Caballo Criollo como tal, se inició con la creación de los registros genealógicos y la selección que el hombre realizó basada en un estándar creado a tal efecto.

Entre otros cambios, se acrecentó el tamaño de su tren anterior y disminuyó el tamaño del tren posterior, inclinando y acortando la grupa.

Aquel caballo criollo primigenio que era reproducido de forma extraordinaria bajo unas pautas, con el paso de los años fue perdiendo la atención debido al cambio de sus usos y la crianza fue cayendo en declive.

De ser el caballo de guerra predilecto pasó a ser el de trabajo rural. Eso junto con la gran cantidad de animales existentes hizo habitual que todos los habitantes contaran con un equino.

Con el aumento en las comunicaciones con Europa, comenzó la importación de distintos animales que fueron cruzados para lograr una mayor productividad. Obviamente, el caballo estaba entre esos animales. El Caballo Criollo empezó a cruzarse con nuevas razas obteniendo buenos resultados de acuerdo a los objetivos que se buscaban con esos cruces.

Pese a la moda de cruzar a los equinos, hubo un grupo de estancieros leales a las aptitudes del caballo criollo, que mantuvo sus animales sin mestizar, manteniendo las características adquiridas a lo largo de todos los años de selección natural y el posterior rescate genético realizado por el hombre. Gracias a estos hombres, fue posible la recuperación del caballo criollo.

La recuperación del caballo criollo

A principios del siglo XX se creó en Chile la Sección de Criadores de Caballos Chilenos, autorizados por la Sociedad de Agricultura. Así comenzaba la recuperación del caballo criollo original.En 1946 más tarde de la creación de esta Sección, los criadores de Caballos Criollos de Chile, se agrupan en la Asociación de Criadores de Caballares Chilenos.

La República Argentina pronto tomó el ejemplo de la iniciativa Chilena y en 1919 creó un registro para caballos criollos con el nombre de “caballo argentino (criollo)”. Al principio hubo disidencias en cuanto al modelo de caballo que debía registrarse en dicho registro. Estaban por un lado los grandes defensores de caballo criollo original, y por otro lado, aquellos que veían más conveniente un animal fruto del mestizaje cuyo aspecto físico estaba mejorado. No sería hasta 1922, cuando en una comisión presidida por el doctor Emilio Solanet, defensor del criollo original, se creó un nuevo estándar aprobado por los demás criadores. Un año después se creó la Asociación Criadores de Criollos, responsable de la evolución de la raza desde entonces y hasta nuestros días.

Uruguay y Brasil, también crearon sus propias sociedades de criadores de estos equinos además de la Asociación de Registros Genealógicos de Río Grande del Sur en Brasil.

Las asociaciones de estos cuatro países pronto se pusieron de acuerdo para unificar los estándares de los equinos denominados criollos, unificando así la raza y focalizandose todos en un mismo objetivo: la recuperación del Caballo Criollo original.

Espero que hayas disfrutado leyendo este artículo tanto como yo escribiéndolo.


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Razas de caballos

Desde hace mucho tiempo la escritura forma parte de mi vida y, aunque mayoritariamente he escrito de manera amateur relatos cortos y alguna novela, estoy abriéndome camino en el mundo de los artículos centrándome en aquellos temas que me apasionan como los animales. Desde que era una renacuaja he vivido rodeada de ellos y aunque ahora mismo solo tengo una perrita, continua mi pasión por perros, caballos, gatos, conejos, buitres, linces, zorros... y la lista seguiría y seguiría.

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