
La tensión en la familia real británica ha dado un nuevo giro con la decisión de dejar fuera a las princesas Beatriz y Eugenia de York de las emblemáticas carreras de caballos de Royal Ascot. Lo que hasta hace poco era uno de los grandes escaparates sociales para ambas hermanas se ha convertido ahora en un símbolo de su progresivo apartamiento de la vida pública real.
Según distintas informaciones procedentes de medios británicos, el veto ha pillado a las princesas completamente por sorpresa y llega en plena tormenta por los vínculos de su padre, el expríncipe Andrés Mountbatten-Windsor, con el financiero y delincuente sexual Jeffrey Epstein. La medida no sólo afecta a una cita muy destacada del calendario monárquico, sino que refleja una estrategia más amplia de Buckingham para marcar distancias.
Un veto directo desde Palacio a Royal Ascot
Royal Ascot es, desde hace décadas, uno de los grandes eventos sociales y hípicos del Reino Unido, una cita en la que la familia real desfila en carruajes, ocupa el palco real y se convierte en el centro de todas las miradas. Beatriz y Eugenia eran asistentes habituales, prácticamente fijas año tras año, hasta este giro de guion.
Diversas fuentes citadas por la prensa británica sostienen que la orden de que las hermanas no acudan a Ascot emana directamente del Palacio de Buckingham. Empleados y personas del entorno del hipódromo habrían sido informados de que, en esta edición, “las chicas no pueden estar allí”, dejando claro que no ocuparán sus asientos en el palco ni participarán en el tradicional desfile con el resto de la familia.
Este año las carreras de Royal Ascot se celebrarán a mediados de junio, en un tramo del calendario en el que la presencia de la realeza suele ser intensa. Sin embargo, a Beatriz, de 37 años, y a Eugenia, de 35, se les ha cerrado de golpe esa puerta, en lo que se interpreta como una señal inequívoca de que su papel público se está reduciendo.
La decisión tiene un fuerte componente simbólico: Ascot no es solo un evento deportivo, sino uno de los escenarios donde la monarquía británica exhibe continuidad, tradición y cohesión. Dejar fuera a dos nietas de la difunta Isabel II envía un mensaje claro dentro y fuera del Reino Unido.
El peso del caso Epstein sobre el expríncipe Andrés
Detrás de este movimiento se encuentra la larga sombra del caso Epstein. El nombre del expríncipe Andrés, padre de Beatriz y Eugenia, aparece desde hace años ligado al del financiero estadounidense, condenado por delitos sexuales contra menores y hallado muerto en su celda en 2019. Las revelaciones judiciales y mediáticas en torno a esa relación han perseguido a la Casa Real británica desde entonces.
La situación se agravó recientemente con el arresto de Andrés Mountbatten-Windsor el pasado 19 de febrero, cuando fue detenido durante unas horas en su residencia para ser interrogado por una supuesta “mala conducta en el ejercicio de un cargo público”. La investigación gira en torno a la posible filtración de documentación gubernamental sensible a Epstein en la época en que el duque actuaba como representante comercial del Reino Unido.
Años atrás, el rey Carlos III ya había tomado una decisión drástica al retirar a su hermano todos los títulos y honores oficiales, incluido el tratamiento de príncipe, y apartarle de cualquier función representativa. Sin embargo, la polémica no ha dejado de crecer, salpicando de forma indirecta a otros miembros de la familia, en especial a sus hijas.
Los llamados “papeles de Epstein” mencionan en repetidas ocasiones los nombres de Beatriz y Eugenia, algo que ha alimentado las sospechas y el malestar en Palacio. En ese contexto, Ascot se ha convertido en el primer gran evento donde se materializa el coste reputacional que las hermanas están pagando por las actuaciones de su padre.
Beatriz y Eugenia, princesas con título pero sin escaparate
Un elemento clave de este caso es que, a diferencia de su padre, Beatriz y Eugenia conservan sus títulos de princesas. Al tratarse de dignidades derivadas de su nacimiento como nietas de la reina Isabel II, el rey Carlos III no les ha retirado por ahora esa condición, pese a que el entorno real cuestiona cada vez más su papel público.
En los últimos meses se ha ido consolidando una dinámica de margen creciente respecto a la agenda oficial. Informaciones procedentes de fuentes cercanas a la familia indican que las hermanas han sido desaconsejadas de acudir a actos públicos de alto perfil y que existe la instrucción tácita de que otros royals eviten ser fotografiados junto a ellas.
Personas del entorno de las princesas describen especialmente a Beatriz como profundamente afectada por lo ocurrido. Se habla de una sorpresa amarga ante la contundencia del veto a Ascot, un evento que ambas consideraban casi una tradición familiar inamovible. En su caso, la preocupación principal sería el impacto que este aislamiento pueda tener en su vida social y en las causas con las que se identifican.
En paralelo, Eugenia también afronta consecuencias en su actividad más allá de la agenda real. Tras el revuelo provocado por el arresto de su padre, ha congelado temporalmente la comunicación de su proyecto benéfico The Anti-Slavery Collective, reduciendo su presencia pública y en redes sociales a la mínima expresión.
Distancia creciente con los príncipes de Gales
Otro frente delicado es la relación con los príncipes de Gales, Guillermo y Catalina. Aunque históricamente las primas habían mantenido un trato cercano, en los últimos meses se multiplican las informaciones sobre un distanciamiento cada vez más evidente. El heredero al trono y su esposa estarían optando por mantenerlas a cierta distancia mientras no se aclaren todas las derivadas del caso Epstein.
Según fuentes citadas por la prensa británica, desde el entorno de Guillermo se habría sugerido incluso a otros miembros de la familia real que eviten aparecer en fotografías junto a Beatriz y Eugenia durante el resto del año. Este consejo habría pesado en decisiones como la manera de organizar la tradicional misa de Navidad en Sandringham, donde ya se habría puesto cuidado en no ofrecer imágenes conjuntas.
Tradicionalmente, quienes participan en el cortejo de Royal Ascot se alojan la noche anterior en el castillo de Windsor y comparten una cena privada con la familia. La ausencia de las princesas de York de estas dinámicas internas tiene un efecto no sólo de imagen pública, sino también en las relaciones personales dentro de la propia Casa Real.
El enfriamiento del vínculo con los príncipes de Gales se interpreta como parte de una estrategia global para proteger la institución de cualquier asociación con el escándalo Epstein. En un momento en que la monarquía británica intenta proyectar estabilidad tras la muerte de Isabel II, cada gesto en torno a este caso se mide con lupa.
Una vida cada vez más discreta para las hermanas de York
Fuera de los grandes actos oficiales, las apariciones recientes de Beatriz y Eugenia apuntan a una apuesta clara por la discreción. Eugenia fue vista en Londres junto a su marido, Jack Brooksbank, en un paseo informal por el barrio de Notting Hill, después de haber pasado unos días de vacaciones de invierno en la estación suiza de Gstaad con sus hijos, justo cuando se produjo la detención de su padre.
En el caso de Beatriz, las cámaras la han captado también en Londres, acompañada de su esposo, Edoardo Mapelli Mozzi, y de algunos amigos, luciendo un estilo sobrio y prudente. Ambos movimientos se leen como intentos de mantener cierta normalidad cotidiana, pero sin exponerse en exceso en un momento especialmente sensible para la casa de York.
Las dos hermanas están casadas y son madres de dos hijos cada una, lo que añade otro nivel de preocupación sobre cómo puede afectar esta situación a sus familias y a la próxima generación. La presión mediática, sumada a la incomodidad institucional, obliga a un delicado equilibrio entre la vida privada y la inevitable atención que conlleva su condición de princesas.
En todo caso, el veto a Ascot ha supuesto un punto de inflexión. Más allá del golpe emocional, la decisión pone en evidencia que su espacio dentro de la monarquía se está redefiniendo, y que su futuro en la escena pública británica dependerá en buena medida de cómo evolucione la investigación sobre Andrés y de las decisiones que siga tomando el rey Carlos III.
El caso de Beatriz y Eugenia ilustra hasta qué punto la monarquía británica intenta blindar su imagen en plena era de transparencia y escrutinio global. Aunque las hermanas mantienen sus títulos y una vida personal relativamente estable, la exclusión de Royal Ascot y de otros actos públicos clave deja claro que las consecuencias del caso Epstein van mucho más allá de los tribunales y se proyectan sobre las relaciones internas, la agenda institucional y la percepción pública de la familia real en Reino Unido y en toda Europa.