Asturcón, el caballo salvaje europeo autóctono de Asturias

  • El asturcón es un poni autóctono de Asturias, muy antiguo, emparentado con otros caballos célticos del Arco Atlántico y adaptado a la vida en la montaña.
  • Su morfología rústica, con alzada en torno a 1,25 m, capa negra o castaña muy oscura y ambladura natural, lo hace resistente, cómodo de montar y perfecto para terrenos abruptos.
  • Tras estar al borde de la extinción, asociaciones como ACAS y ACPRA han logrado recuperar su censo, trabajando en la conservación genética y en nuevos usos deportivos, turísticos y agrícolas.
  • La Fiesta del Asturcón en Espineres simboliza la relación entre este caballo salvaje europeo autóctono y la cultura asturiana, combinando tradición ganadera, conservación y turismo de naturaleza.

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Autóctono de Asturias, el Asturcón forma parte de las razas que, en la antigüedad, poblaron los territorios que van desde las cordilleras Cantábricas hasta los Pirineos, ocupando ese amplio corredor de montaña que hoy se conoce como Arco Atlántico. Para muchos especialistas es uno de los ponis más antiguos de Europa y un verdadero fósil viviente de la ganadería celta.

También llamado poni asturiano, es una raza de equinos rústica y de pequeño tamaño, que ha mantenido una morfología muy similar a cuando surgió la raza como tal hace milenios. Esta continuidad en el tiempo ha hecho que numerosos investigadores lo relacionen con los caballos representados en el arte rupestre de cuevas asturianas como La Peña de Candamo o Tito Bustillo, e incluso con los ponis de tipo caspiano descritos en excavaciones de Oriente Próximo.

Ya en la literatura clásica se recogen testimonios que hablan de los asturcones destacando lo valorados que eran por su velocidad, resistencia, paso suave y utilidad en combate. Plinio el Viejo describe a los caballos de los pueblos galaicos y astures, conocidos como tieldones, y menciona a los asturcones como la variante de menor talla caracterizada por su ambladura natural, un aire muy cómodo y apreciado para largas distancias.

Tradicionalmente han sido utilizados para desempeñar tareas agrícolas, tiro ligero y transporte en zonas de difícil acceso, aunque la raza fue extendiéndose y utilizándose para otras tareas. En el París del siglo XIX, por ejemplo, fueron equinos de tiro para carruajes de pequeño tamaño, y antes habían sido enviados en número considerable a Irlanda, donde gozaron de gran prestigio.

Hoy día los asturcones también se han abierto paso en el deporte equino. Varios ejemplares de esta raza han alcanzado la cima como campeones de equitación en modalidades diversas en España, especialmente en concursos de ponis y pruebas infantiles, aprovechando su gran docilidad, su tamaño y su resistencia.

asturcón caballo autóctono de Asturias

¿Cómo son?

Con una alzada en torno a 125 cm, los asturcones son unos equinos pequeños cuyo aspecto general es el de un poni robusto, ágil y resistente, gracias a su bien definida musculatura y a unas proporciones muy armónicas. Criados en libertad o semilibertad en sierras de altitud media, han evolucionado para aprovechar al máximo pastos pobres y terrenos muy inclinados.

Su cabeza, de tamaño mediano o pequeño, presenta un perfil ligeramente cóncavo (subcóncavo), más marcado en los machos que en las hembras. Posee una frente ancha cubierta por un tupido flequillo, ojos grandes, negros y vivos con órbitas muy marcadas, y unas orejas pequeñas, móviles y muy expresivas que ayudan a orientarse y comunicarse en el monte. Los ollares son amplios y dilatados, fundamentales para oxigenarse bien en pendientes duras.

El cuello proporcionado y moderadamente fino suele curvarse de forma elegante en los ejemplares de machos adultos, que desarrollan buena musculatura en la base de la nuca. Presenta espejuelos anteriores ovalados y pequeños, mientras que los posteriores son muy pequeños o inexistentes, rasgo típico de razas primitivas.

El cuerpo, de espalda muy inclinada, al igual que la grupa, y costillares bien arqueados, está diseñado para facilitar el equilibrio en fuertes pendientes. El tronco descansa sobre extremidades finas pero muy fuertes, con articulaciones robustas y cascos pequeños, redondeados y muy resistentes. Estos cascos compactos son una adaptación perfecta al suelo pedregoso y resbaladizo de la montaña asturiana.

Una de las peculiaridades anatómicas que revelan su antigüedad es que, en una elevada proporción de hembras, aparecen dientes caninos en la mandíbula inferior, algo poco frecuente en yeguas de otras razas modernas y considerado un rasgo arcaico de la especie.

El pelaje de esta raza es muy tupido, con crines y cola extremadamente pobladas que caen en forma de abanico. El color de su capa es negro o castaño muy oscuro, admitiéndose únicamente una pequeña estrella blanca en la frente (lucero). Tradicionalmente, los criadores consideraban más puro al ejemplar completamente negro, aunque hoy se reconoce también la variedad castaña, muy ligada al occidente asturiano.

El Asturcón se adapta al clima de la montaña y recubre su cuerpo con una capa de pelo grueso denominada “borra”, de tonalidad a menudo más castaña, que le protege de las inclemencias en las épocas frías. Esa borra invernal le da un aspecto algo desaliñado y muy primitivo, que desaparece cuando muda al pelo corto y brillante de verano, revelando líneas más finas de lo que a simple vista parece en invierno.

Asturcón

En cuanto a su carácter, los asturcones son animales muy nobles y vigorosos. Viven gran parte del año en condiciones duras, lo que refuerza su instinto de supervivencia, pero una vez domados demuestran un temperamento excelente, confiado y atento, ideal para la equitación infantil, la hipoterapia y el ocio familiar. Su paso natural es suave y muy cómodo, gracias a su predisposición a la ambladura, y muestran buena disposición para el salto y la doma ligera, lo que los convierte en pequeños “todo terreno”.

asturcón caballo salvaje en la montaña

Un poco de su historia

Referencias históricas señalan que los asturcones están documentados desde época prerromana y romana. Plinio, Estrabón, Séneca, Marcial o Suetonio citan a los caballos astures y su peculiar paso, y se sabe que formaron parte de las tropas y espectáculos del Imperio. El propio Nerón, según Suetonio, tenía entre sus caballos preferidos a un asturcón.

Durante la Antigüedad, este poni celta, emparentado con otras razas atlánticas como el Shetland, Dartmoor, Exmoor, Highland o Connemara, se utilizó tanto para la guerra como para el transporte y el tiro de carros ligeros. Su ambladura lo hacía ideal para recorridos largos sin fatigar al jinete, y su pequeño tamaño, combinado con gran resistencia, resultaba perfecto para los terrenos abruptos del norte peninsular.

La etimología del nombre tiene también su interés. Algunos autores interpretan “Asturcón” como “caballo de las montañas de Asturias”, a partir de “Astur” (de Asturias) y una raíz relacionada con “con” o piedra, roca, en alusión a su hábitat pedregoso. Otros consideran que los romanos aplicaron el término de forma genérica a caballos de tipo similar criados en otros puntos del imperio, aunque el núcleo originario se encuentra sin duda en la actual Asturias.

Durante la Edad Media y Moderna, el asturcón fue muy importante en la economía de España. Además de servir como caballo agrícola y de transporte en las aldeas de la montaña asturiana, fue exportado a países como Irlanda o Francia, donde tiraba de carruajes pequeños, y se comercializó intensamente hacia el País Vasco, Levante y otras regiones, siendo durante siglos el caballo dominante en Asturias.

Con la mecanización agraria y el abandono de la tracción animal, la raza entró en un declive acelerado. Repoblaciones masivas de montes comunales con pinos y eucaliptos, la pérdida de pastos tradicionales, los cruzamientos con razas de mayor tamaño en busca de animales más grandes para la carne y el tiro, y episodios bélicos, especialmente la Guerra Civil española, redujeron drásticamente el censo. En algunos momentos se contaron apenas unas decenas de ejemplares puros en la Sierra del Sueve y otras sierras cercanas.

Esta mítica raza, sin embargo, se ha conservado a lo largo del tiempo y hoy día constituye uno de los últimos exponentes de razas autóctonas de Europa meridional. Se la reconoce oficialmente como raza en peligro de extinción en expansión, y organismos como el Ministerio de Agricultura y el SERIDA, junto con asociaciones de criadores, trabajan activamente en su conservación genética.

Hábitat

asturcón hábitat natural en el Sueve

Esta raza forma parte de una amplia familia de caballos pequeños o ponis que se distribuyen en el Arco Atlántico, la franja del litoral oceánico que va de Portugal a Escocia y que comprende España, Francia, Inglaterra, Gales e Irlanda. Hoy día podemos encontrar nueve razas cuyas características se asemejan: Garrano, Pottok, Dartmoor, Asturcón, Exmoor, Gales, Shetland, Highland y Connemara, además de subtipos como el caballo de Monte Gallego, el monchino o el losino.

Pero regresemos al Asturcón. Gracias a habitar la región montañosa y abrupta de Asturias, con comunicaciones difíciles hasta fecha muy reciente, la raza pudo proteger su pureza impidiendo cruces indiscriminados que hicieran perder sus características. Este aislamiento orográfico también limitó su divulgación y exportación, lo que explica que fuese un tesoro casi escondido hasta que naturalistas y organizaciones ecologistas comenzaron a reivindicarlo.

La Sierra del Sueve y sierras cercanas, como Pedroriu o Monte Cayón, han sido históricamente sus principales refugios. Son montes de altitud media, muy pendientes, con suelos pobres y climatología dura, donde los asturcones se crían en semilibertad, compartiendo espacio con vacas, ovejas xaldas, gamos, ciervos y, por supuesto, con el lobo ibérico.

Las condiciones del hábitat donde se han desarrollado estos equinos han favorecido la aparición de algunas de sus singularidades de comportamiento. Una de las más llamativas es el denominado popularmente “corru” o “corro”. Se trata de una estrategia defensiva colectiva frente al lobo: cuando hay peligro, la manada se dispone en círculo con las grupas hacia el interior y las cabezas hacia el exterior. Desde esa posición, los adultos se defienden golpeando con las patas delanteras mientras sitúan a las crías en el centro del círculo, donde están mejor protegidas.

Hoy día, los asturcones continúan viviendo en el monte, pero también proliferan las fincas de cría y centros de interpretación donde se seleccionan los mejores ejemplares, se trabaja la doma y la difusión de la raza, y se desarrollan proyectos educativos y turísticos. Lugares como el Monte Deva en Gijón, el área de protección del Monte Cayón o iniciativas privadas en Villaviciosa, Piloña y otras zonas, reúnen manadas en semilibertad que pueden visitarse con fines didácticos.

La raza está perfectamente adaptada a su medio natural, viviendo al aire libre durante todo el año y pariendo en plena naturaleza. Esta rusticidad notable se debe a que su hábitat natural consiste en sierras escarpadas, poco fértiles y sometidas a condiciones climáticas muy difíciles. Como resultado, el Asturcón se ha convertido en un poni de bajas necesidades alimenticias, gran tolerancia a enfermedades y una sorprendente capacidad de recuperación tras esfuerzos intensos.

Reproducción y forma de vida en libertad

asturcón manada en libertad

Los partos llegan con la primavera. Después de aproximadamente once meses de gestación, las yeguas se separan de la manada para buscar un lugar tranquilo y guarecido donde parir al nuevo asturcón. Casi siempre se trata de un momento rápido y nocturno, lo que reduce la posibilidad de ataque por parte de depredadores y aprovecha la mayor calma del entorno.

Otra muestra de la fortaleza de la raza es que tan solo unos nueve días después del parto las yeguas entran de nuevo en celo, lo que las lleva a criar con frecuencia hasta edades avanzadas, en muchos casos cercanas a los veinticinco años de vida. Este ritmo reproductivo, unido a la rusticidad de los animales, ha sido clave para la recuperación del censo cuando se han puesto en marcha medidas de conservación.

Las manadas tradicionales, conocidas como corros, suelen estar formadas por un semental dominante o “greñu” y varias yeguas con sus crías. Entre los miembros del grupo se establecen lazos muy fuertes que pueden durar toda la vida. El semental se encarga de defender el territorio y el harén frente a otros machos, produciéndose fuertes luchas cuando un intruso intenta apropiarse de parte del grupo.

La vida en libertad no es nada bucólica: los asturcones deben enfrentarse al frío, a la nieve, a la escasez de pastos invernales y a la presencia constante del lobo. Muchos ejemplares adultos conservan en su piel cicatrices de encuentros con depredadores. No obstante, su capacidad de organizarse en corro y la dureza de sus cascos y patas delanteras les permiten poner en apuros a los lobos cuando intentan atacar a las crías.

En las zonas donde se mantienen formas de cría tradicionales, se distingue entre los asturcones que permanecen todo el año en el monte y aquellos que pasan parte del tiempo en prados cercados. Una vez al año, en noviembre o en fechas fijadas por las juntas ganaderas, se organiza el marcaje y censo de los ejemplares: los animales se conducen a un cercado donde se les aplica el hierro del propietario y un número identificativo, y hoy también se les implanta un microchip para reforzar el control sanitario y genealógico.

En los últimos años se han impulsado proyectos que utilizan al asturcón como herramienta de gestión del paisaje: su pastoreo contribuye a mantener prados abiertos y matorral controlado, reduciendo el riesgo de grandes incendios forestales y favoreciendo la biodiversidad de pastos y bosques atlánticos.

Conservación, asociaciones y usos actuales

En los años setenta, iniciativas particulares y organizaciones emergentes como ANA (Asociación Asturiana de Amigos de la Naturaleza), junto con el impulso de la conciencia ecologista de la época, lograron llamar la atención sobre el alarmante descenso de ejemplares de la raza. Se creó la Asociación para la Conservación del Asturcón del Sueve (ACAS), clave en la defensa de los corros tradicionales de la Sierra del Sueve, y poco después la Asociación de Criadores de Ponis de la Raza Asturcón (ACPRA), que hoy gestiona el Libro Genealógico y la selección en pureza.

Estas entidades, junto con la Fundación Asturcón y asociaciones ligadas a otras razas autóctonas (como la oveya xalda), han desarrollado un intenso trabajo de divulgación, selección, control genético y mejora sanitaria. Gracias a ello se ha pasado de contar con apenas unas decenas de animales puros a disponer de miles de ejemplares censados distribuidos por Asturias y otras regiones españolas.

El Ministerio de Agricultura y diversos estudios genéticos han confirmado que el asturcón forma parte, junto con razas como el caballo de las Retuertas en Doñana, de los equinos más antiguos de Europa que todavía viven en libertad en la Península. Mientras los Retuertas representan un tipo adaptado a marismas y retuertas onubenses, el asturcón encarna el modelo de caballo salvaje de montaña propio del norte peninsular.

En la actualidad, la ACPRA y otros colectivos trabajan en varias líneas de aprovechamiento que ayuden a garantizar la viabilidad económica de la raza sin comprometer su pureza:

  • Equitación infantil y de ocio: por su tamaño, carácter y paso suave, el asturcón es ideal para la iniciación de niños y niñas, así como para personas adultas que buscan un caballo manejable.
  • Hipoterapia y actividades terapéuticas: su temperamento equilibrado lo hace muy adecuado para terapias con personas con diversidad funcional, donde el movimiento del lomo y el contacto con el animal son una herramienta de trabajo.
  • Uso agrícola y de conservación de fincas: se emplea como animal de tiro ligero y para el mantenimiento de olivares, viñedos o pequeñas explotaciones, especialmente en zonas donde no se desea utilizar maquinaria pesada.
  • Valor gastronómico controlado: aunque el consumo de carne de caballo no está muy arraigado en España, se valora en algunas industrias alimentarias por su bajo contenido en grasa. La comercialización responsable de excedentes puede aportar ingresos a los ganaderos sin poner en riesgo la raza.

En el mercado internacional, el precio de un caballo asturcón suele oscilar en un rango aproximado que puede situarse entre unos pocos cientos y algo más de un millar de dólares o euros, dependiendo de factores como edad, sexo, linaje, conformación física, doma y finalidad de uso. Ejemplares con gran valor genético o deportivo pueden superar claramente esas cifras orientativas.

Fiesta del Asturcón

Para finalizar este recorrido, merece una mención especial la Fiesta del Asturcón, uno de los acontecimientos festivos y culturales más singulares de Asturias en torno a una raza equina.

En la Majada de Espineres, en plena naturaleza (Sierra del Sueve, concejo de Piloña), se celebra cada verano una fiesta que rinde homenaje a la recuperación del caballo de los astures, esta raza autóctona, salvaje y rústica que estuvo al borde de la desaparición. Es una jornada repleta de actividades donde destacan espectáculos de doma, la muestra de ejemplares domesticados tanto montados por jinetes como tirando de carruajes antiguos, el marcaje de los potros nacidos en el año y exhibiciones que acercan al público el manejo tradicional de los corros.

La fiesta ha sido declarada de interés turístico por el Principado de Asturias y se ha convertido en un poderoso escaparate para la raza, atrayendo a visitantes, medios de comunicación y autoridades. Además de su vertiente lúdica, cumple una función fundamental de concienciación sobre la importancia de conservar el asturcón como patrimonio natural, cultural e histórico de Asturias y de toda la Europa atlántica.

La imagen de los asturcones galopando por las praderas del Sueve, con el mar Cantábrico al fondo y la bruma envolviendo sus siluetas, resume a la perfección el vínculo profundo entre este caballo salvaje europeo autóctono y el paisaje que lo ha visto evolucionar durante siglos. Conocer su historia, su biología y los esfuerzos que se realizan para protegerlo es la mejor forma de asegurar que continúe siendo parte viva de las montañas asturianas durante muchas generaciones más.