Anemia infecciosa equina o fiebre de los pantanos


La anemia infecciosa propia de los caballos está provocada por un virus de la familia retroviridae. Su evolución es crónica cuyos síntomas son: fiebre, decaimiento, anemia y edemas. La mayoría de los caballos se recuperan con el tratamiento adecuado. Sin embargo serán portadores del virus.

Esta enfermedad se encuentra, principalmente, en zonas pantanosas y con malezas. De ahí sea conocida también como fiebre de los pantanos. Son las que favorecen la transmisión a través de la picadura de los insectos hematófagos. En los establos la pueden trasmitir las moscas.


Síntomas, diagnóstico y curación

Los síntomas clínicos de la forma aguda de la anemia infecciosa equina tienden a no ser específicos. En los casos leves, la fiebre inicial puede tener un periodo inicial muy corta. Sin embargo en los casos agudos la fiebre será muy alta. El caballo mostrará debilitamiento. Respiración rápida, debilidades en las patas y pérdida de peso.

La prueba para detectar la enfermedad se realiza mediante el test de Coggins. Hay que tener en cuenta que la anemia no se previene con las vacunas, aunque con análisis periódicos se puede detectar a tiempo. Máxime si el caballo está expuesto en una zona de riesgo a sufrirla o de ser contagiado.

El tratamiento consta de tener a caballo en descanso durante los periodos de fiebre. Antivíricos y antibióticos. El animal necesitará de beber mucha agua. El caballo tras superar los periodos más agudos estará inmune durante un año. Y no hay que olvidar que el caballo será portador de por vida y tendría que ser aislado en cuarentena para no contagiar al resto de los animales.

La mejor manera de prevención es mantener al caballo alejado de zonas pantanosas y con malezas y mantener su hábitat en óptimas condiciones. Así como tener un control exhaustivo de las enfermedades mediante test sanitarios.


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